El próximo 10 de febrero el equipo del buscador de tesoros Rúben Collado inciará la búsqueda frente a las costas de Colonia para comenzar con el rescate del Lord Clive, un buque perteneciente a la Compañía de Indias hundido en pleno combate en el año 1763.
Según datos que maneja el experto, la embarcación imperial podría contener unos 1.200 millones de euros en monedas de oro. Además, habría otras mercaderías como ron, opio y seda acondicionada en tubos de plomo.
La operación se cumplirá a escasos 350 metros de la costa de Colonia del Sacramento en un sitio que tiene una profundidad de unos cinco metros, según reveló el propio Collado a El País.
Para el Director de Turismo de la Intendencia de Colonia, Andrés Sobrero, el rescate del barco tendría un efecto sobre la ciudad tan importante como “la declaración de Patrimonio Histórico de la Humanidad que hizo Unesco, será un antes y un después”.
El funcionario mencionó que “en Colonia hay varias opiniones al respecto, pero los que decimos que el patrimonio bajo agua no lo podemos palpar y no nos sirve para el desarrollo turístico”.
La operación de rescate fue declarada de interés ministerial por el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) de acuerdo a la resolución firmada por el ministro Danilo Astori el pasado 16 de setiembre de 2016.
Collado firmó un acuerdo con el Estado con lo que obtuvo todos los permisos correspondientes.
El 26 de febrero de 2015, a horas de terminar su mandato, el ex presidente José Mujica autorizó la suscripción de un contrato de rescate de “los restos, la carga, el alistamiento y cualquier objeto del navío Lord Clive” entre el Estado (Ministerio de Defensa Nacional-Comando General de la Armada- Prefectura Nacional Naval) y Rubén Collado Amatriain.
El contrato terminó con muchos años de negativas del gobierno (en especial de la Comisión de Patrimonio Histórico) a la actividad de los rescatistas privados.
Si bien los contratos de rescate que se han hecho en las últimas décadas establecen un reparto de lo recuperado de 50 % para la parte privada y 50 % para el Estado, en este caso Collado se comprometió a donar el 10 % del beneficio bruto extraído que a él le pertenezca a la Prefectura Nacional Naval, “para la compra de equipamiento especializado”.
Esto representa el 5% del beneficio total.
En otros casos, el Estado ha cedido al privado derechos sobre hallazgos circunstanciales que pudieran ocurrir en la zona de búsqueda. Esta vez, el contrato señala que Collado desiste “de los derechos que le pudieran corresponder en los demás presuntos pecios (restos de naufragios) ubicados dentro de la zona”. De todos modos, tendrá “preferencia” sobre ellos en el otorgamiento de nuevos permisos de rescate.
El plan de Collado es entrar al buque por la cabina del capitán. Desde allí los buzos intentarán localizar los agujeros de los cañonazos sobre el casco de madera. Una vez detectados, se taparán con plomo para hacer flotar el barco.
Durante la primera etapa, trabajarán en el lugar cinco o seis buzos que serán asistidos desde tierra por un equipo de técnicos y personal de apoyo que totaliza unas 80 personas.
Collado estima que toda la operación de rescate costará unos 5 millones de dólares. Aseguró que tiene algunos inversores “pero todavía no es suficiente”. Uno de los inconvenientes a sortear tiene que ver con las enormes rocas que fueron colocadas encima del buque para evitar que flotara.
“Son las famosas piedras de Repetto, al parecer a ese hombre le pagaron para que llevara parte de las piedras de la muralla hacia el lugar donde se hundió el barco”, según explicó Collado.
El Lord Clive ancló frente a lo que es hoy el Bastión de Santa Rita con 500 tripulantes entre marinería y artilleros. El capitán de la escuadra, Robert Mac Namara (un oficial de la East India Company), decidió en la tarde del 5 de enero de 1763 el plan de ataque, que debía realizarse ni bien amaneciese el día 6. Con dos barcos cardinales de la escuadra, el Lord Clive y el Ambuscade, quedaron a 350 metros de la costa.
Con una batería corta, los españoles no tenían mayor problema en impactar contra el imponente navío inglés, utilizando incluso “balas rojas”, que se calentaban para provocar incendios a bordo. El Lord Clive se incendió y se hundió.

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