La cárcel Campanero en el departamento de Lavalleja, inaugurada en el año 2013, será el lugar de reclusión de Francisco Sanabria por  “reiterados delitos de Libramiento de Cheques sin Provisión de Fondos en calidad de autor, en régimen de reiteración real con un delito continuado de Apropiación Indebida en calidad de autor y con un delito continuado de Falsificación Ideológica por un particular, en calidad de coautor”, denominada como “la cárcel de los famosos” por allí pasaron también Goncálvez y Campiani.  Los otros procesados: Calvete fue derivado a la cárcel de Piedra de los Indios, en Colonia; y Ubilla a la cárcel de mujeres.

Campanero, una cárcel con privilegios

Loza radiante y acceso a celulares son algunos de los privilegios a los que acceden las personas privadas de libertad en este centro de rehabilitación, la cárcel de Campanero a tres kilómetros de Minas, departamento de Lavalleja, cuenta con un edificio central que tiene cuatro sectores, con una capacidad total para 120 presos. Cuenta con un astillero, talleres de carpintería, mecánica automotriz y herrería, dos bloqueras, una baldosera, criaderos para vacas, chanchos y cabras, además de la huerta y las horas de cocina, peluquería y cosmética para las mujeres que están recluidas en la prisión femenina, ubicada frente al módulo central.

Cada celda tiene baño y, aparte, en cada sector hay dos baños más grandes que tienen seis ducheros con agua caliente y están revestidos con azulejos blancos. En horario de patio, de 9 a 17 horas, los presos pueden bañarse cuantas veces quieran. “Si quieren bañarse 10 veces en ese horario, se pueden bañar”, dijeron las fuentes carcelarias. Los presos de Campanero pueden usar el teléfono celular en forma libre entre las 9 y las 21 horas, sin cámara y tras haber registrado el número de chip; solo les quitan el beneficio en caso de mala conducta.

El comisionado parlamentario para el sistema carcelario, Álvaro Garcé, dijo a el diario El País  que  “Es una cárcel de mínima seguridad, tiene las características de las últimas construcciones que se han hecho”, describió el jerarca.

En Campanero se paga un peculio a cada recluso por su trabajo de 25 o 30 pesos por día. Quienes producen en la bloquera se reparten 200 pesos diarios. Pero también elaboran otros productos que sirven para el consumo interno, como la leche.  “Durante mucho tiempo estuvo presente en el imaginario colectivo que bastaba con tener recursos económicos o alguna `palanca` política, para poder acceder a este centro de reclusión” y aclaraba, además, que ese punto era “algo que los hechos terminarían demostrando”.

En la zona de la chacra los presos trabajan y están sueltos, según dijeron fuentes carcelarias. “Es campo abierto, no hay rejas ni alambrados, pero ellos no se van”, explicaron. En Campanero los presos pueden trabajar haciendo bloques, se emplean en el aserradero o incluso en una huerta. Algunos, además, salen a trabajar y tienen, por ejemplo, contratos con OSE. En general se registran bajas cifras de reincidentes y no hay casi fugas.

 

Informe en base a El País y Uypress

 

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