La que rige en la actualidad es de 1936; hospitales y colonias psiquiátricas deberían cerrar en 2020.

El récord histórico de consultas en la emergencia del Hospital Vilardebó se alcanzó en marzo de este año: más de 2 mil pacientes -mensualmente se atienden unos 1.600- llegaron porque necesitaban asistencia psiquiátrica. Sin embargo, este centro está destinado a desaparecer, ya que Uruguay firmó en 2010 el Consenso de Panamá, que establece que todos los manicomios que hay en el país deben cerrar antes de 2020. ¿Los uruguayos están preparados para que no existan los hospitales psiquiátricos? ¿Cómo se tratan, entonces, las enfermedades mentales que requieren internación? Si surgen alternativas, ¿no terminarán convirtiéndose en nuevos Vilardebó?
El Consenso de Panamá no es el único documento que presiona al Estado. Un proyecto de ley de salud mental fue votado por la Cámara de Senadores en octubre del año pasado y ahora el texto se encuentra en la Comisión de Salud Pública y Asistencia Social de Diputados, que lo votará el 11 de julio. Después lo aprobará la Cámara de Diputados. En ese proyecto también se impulsa la desinstitucionalización de los pacientes. Ya no existirán los hospitales o clínicas pisquiátricas y menos las colonias asilares. Quienes requieran internación irán a los hospitales o mutualistas con el resto de los pacientes.
El presidente de la Sociedad de Psiquiatría del Uruguay, Rafael Sibils, dijo a El Observador que le parece “sumamente deseable” que se cierren los manicomios. El especialista señaló que el proyecto de ley plantea un cambio de paradigma en la forma en la que se debe tratar a las personas con enfermedades mentales, ya que deja de lado el aislamiento y favorece su reinserción a la sociedad. “Esta ley es suficientemente sólida y flexible como para continuar con los cambios que se han hecho y empezar con los que se necesitan”, opinó.
De todos modos, Sibils aclaró que no todos los pacientes que se encuentran internados podrán integrarse a la sociedad. De hecho, hay personas que pasaron toda su vida en una colonia asilar, ya que sus familias no sabían qué hacer con ellos y prefirieron alejarlos.

En esos casos, el proyecto de ley prevé la creación de estructuras alternativas, que “no podrán reproducir las prácticas, métodos, procedimientos y dispositivos cuyo único objetivo sea el disciplinamiento, control, encierro y (…) privación de libertad”.

 

Las estructuras alternativas serán de tres tipos: de tiempo completo -cuando sea estrictamente necesario-, parcial diurna o nocturna y hospitalización domiciliaria.

“Hace más de 30 años que estamos tratando de pelear por que se cierren las colonias y es viable, pero hay que poner voluntad política y trabajo”, agregó Sibils. El proyecto de ley actual sustituirá a la ley del Psicópata, que fue creada en 1936. Si bien esa norma supuso un avance en el tratamiento de las patologías mentales, porque determinó que se debía prestar asistencia a las personas que sufrían algún tipo de afección psiquiátrica, la medicina avanzó a lo largo del siglo XX y la ley se mantuvo.

Una de las preocupaciones de las autoridades sanitarias es cómo poner en práctica la ley cuando se apruebe. Fuentes de ASSE dijeron a El Observador que tiene que haber un cambio cultural en los uruguayos, para que puedan incluir a las personas con enfermedades mentales en las actividades de todos los días. Según la fuente, el año 2020 “es mañana” para cerrar los manicomios, por lo que resulta “utópico” que se pueda cumplir ese plazo.

Fuente: El Observador

 

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