Quien compra lo superfluo no tardará en verse obligado a vender lo necesario”, decía uno de los Padres Fundadores de Estados Unidos, el científico e inventor bostoniano Benjamin Franklin (1706-1790).

Y la frase viene como anillo al dedo para el tema que nos ocupa.

El jueves 21 se viralizó en las redes sociales la copia de una factura que daba cuenta de una compra por parte de ANCAP de 12 sillas, a $ 75.927 más IVA ($ 92.731) cada una, esto es, por un total de $ 1:111.571 (31.500 dólares al cambio actual).

Habida cuenta del triste auge de las “fake news”, muchos fuimos los que optamos por no hacernos eco de lo que creíamos un error, una broma de mal gusto o una información espuria de las que lamentablemente son más frecuentes en la web en épocas electorales.

Pero sucede que esa misma tarde, ANCAP emitió un comunicado oficial “a raíz de las consultas que se recibieron sobre la compra” admitiendo haber efectuado la misma y justificándola. O intentando justificarla.

Según el texto, “las sillas adquiridas para el centro de control de la Refinería de La Teja son una herramienta de trabajo importante y adecuada para el desarrollo de las funciones de los operadores. A diferencia de otras sillas ergonómicas de oficinas tradicionales, están especialmente diseñadas para realizar un trabajo de 24 horas en tres turnos y asegurar una buena durabilidad”.

“Estas sillas -continuaba el comunicado- no son de uso común y se utilizan en otras plantas industriales y en trabajos de similares características. Esta inversión surge a raíz del relevamiento de las necesidades encontradas de garantizar las condiciones de trabajo de las personas que se desempeñan en la sala de operaciones, en línea con estándares internacionales de salud ocupacional”.

Y finalizaba argumentando que en el centro de control “se monitorea en forma permanente toda la operativa de la planta industrial”, y que “ANCAP mantiene su compromiso de brindar información de calidad”, aclaración que parece un intento de cuidarse las posaderas. Más allá del uso de las sillas, claro.

Lo primero es señalar que realizar un trabajo de 24 horas en tres turnos es lo que realiza cualquier planta industrial, de monitoreo o similar, y convengamos que no es fácil encontrar, al menos en estas latitudes, alguna que tenga para sus operarios sillas especiales de casi 3.000 dólares cada una.

Para no desconocer la excepción que confirma la regla, admitimos que podría citarse a las sillas “Aeron”, símbolo de finales de los ’90 dotada de mecanismos pensados con la máxima ergonomía, o las “Pacific”, con costos desde 1.185 hasta 3.500 dólares según el tapizado. De estas últimas, la archiconocida empresa estadounidense “Apple”, que diseña y produce equipos informáticos y electrónicos, software y servicios en línea, adquirió recientemente 12.000 unidades.

La diferencia está en que esa inversión retorna al gigante norteamericano en lo que demora en vender 12.000 iPhone, es decir, en algunas horas (en promedio Apple vende mensualmente en todo el mundo 17 millones de iPhone ganando 15.000 millones de dólares). ANCAP, en tanto, recién tuvo un superávit de 39 millones de dólares en 2017 y de 53 millones de dólares en el primer semestre de 2018, luego de mantener entre 2006 y 2015 un déficit superior a los 1.900 millones de dólares, déficit acumulado la mayor parte del cual aún subsiste y al organismo le llevará muchos años abatir.

Derrumbado, pues, ese ocasional -y burdo- intento de apología, sin sentido común alguno, lo segundo es manifestar el rechazo y la indignación que significa semejante dilapidación por parte de ANCAP en momentos en que Uruguay tiene el mayor déficit fiscal de los últimos años (superior al que siguió a la crisis de 2002).

Ello es no sólo una muestra más de derroche y frivolidad, sino la confirmación de que, aún alejados Daniel Martínez y Raúl Sendic de ANCAP, el abuso y el despilfarro de los recursos de la empresa estatal invariablemente parecen tener lugar más allá de quien ejerza como autoridad de la misma.

Mientras tanto, los uruguayos pagamos los combustibles más caros de América Latina y tenemos el triste “honor” de que nuestro país ocupe el 7º puesto entre las naciones con nafta más cara del mundo, costos que, naturalmente, se trasladan a todos los demás productos.

Es esta una triste particularidad del gobierno del FA: el manejo indebido, discrecional y arbitrario de los fondos cuando el país y el ente enfrentan dificultades financieras. No es razonable, explicable ni defendible.

Más aún, es un accionar caprichoso y ofensivo que perturba, exaspera, enardece e irrita, y que finalmente deviene en un escarnio a los ciudadanos.

1 COMENTARIO

  1. Simplemente tiene Usted toda la razón, nos sentimos burlados por tanta frivolidad y falta de respeto.
    Y peor aun la justificación, de las autoridades.

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