El próximo 9 de mayo en la sede de la Universidad de la Empresa en la ciudad de Colonia, a las 19.00 hrs., se realizará el lanzamiento del libro de la autora Elizabeth Ponce de León, “Milagro en la escuela: educación, creación y trabajo en Jesualdo Sosa”.
La obra repasa la experiencia que el maestro desarrolló entre 1928 y 1935 en la escuela rural de Canteras de Riachuelo, Colonia (Uruguay). Jesús Aldo Sosa, Jesualdo, (1905-1982) fue uno de los más importantes representantes de la pedagogía uruguaya del siglo XX —aunque paradojalmente de los más desestimados, especialmente en lo que refiere al lazo entre educación, creación y trabajo.
Recuperarlo abre la posibilidad de pensar transformaciones e innovaciones hacia el devenir de la educación.
El trabajo es el resultado de una investigación histórico–pedagógica que Ponce de León realizó durante largo tiempo.
Se trata de un libro inspirador para educadores en general y para todos aquellos que se sientan comprometidos con el futuro, porque plasma cómo, aún en la carencia, se logran resultados valiosos y esperanzadores.
Es que Jesualdo es la vocación puesta a prueba, en amalgama con su propia vida. Esta obra rescata no solo al educador paradigmático y su lucha contra la despersonalización, sino también a un referente de la cultura nacional y latinoamericana que tiene mucho para aportar a propósito de la identidad del país en materia educativa.
Jesualdo se formó como docente en Montevideo y al tiempo se casó con la directora de la escuela de Riachuelo, María Cristina Zerpa, por lo que se estableció en dicha localidad, con el claro propósito de innovar. Venía de desempeñarse como maestro en varias escuelas de la capital, pero no le habían conformado sus prácticas pedagógicas, pese a ser catalogadas como de vanguardia.
Más allá de las razones personales, el traslado de Sosa a la escuelita de Canteras de Riachuelo fue una forma de escapar a los constantes señalamientos sobre su desempeño docente –entre otras razones, por sus frecuentes salidas didácticas y otras experiencias para entonces novedosas– que le hacían las autoridades del Consejo de Educación Primaria: “Diríamos por su ‘audaz valentía’ para reaccionar contra los dictados de una escuela demasiado servil a lo estatuido”, según se recoge en el libro Noticias biográficas de Jesualdo, de 1981. De allí la desilusión que le ocasionaba el funcionamiento del sistema educativo, así como la formación pedagógica recibida en él.
Jesualdo apostó a la educación como instrumento de cambio social. Es así que, atendiendo a las diferencias individuales de sus alumnos, desde su motivación y deseo, con estrategias de aprendizajes homogéneas y heterogéneas y sin perder de vista el desarrollo de la expresión creadora, introdujo en el aula temas silenciados por el sistema educativo uruguayo como el trabajo, la religión, la sexualidad o la muerte.
Y ocurre “el suceso”: la escuela y los alumnos se cargan de vida. Los niños trabajan en grupo, investigan sobre temas ocasionales y circunstanciales, planifican salidas didácticas (a la lechería Kasdorf o a la fábrica Fanapel, por ejemplo) de acuerdo a sus intereses e integrando asignaturas. Toman conciencia de los derechos y deberes de los trabajadores, fabrican alpargatas para donar a los niños más necesitados, encuadernan sus trabajos, cantan, danzan, juegan al vóleibol, al fútbol y al básquetbol, dibujan, escriben, organizan y custodian la disciplina en el aula; todo bajo la atenta mirada del maestro, quien acompaña, tolera pacientemente y pone amorosamente el límite adecuado, en el pleno ejercicio de su autoridad docente. Se trata de algo extraordinario para la escuela rural de entonces.
Finalmente, Jesualdo Sosa fue destituido durante la dictadura de Gabriel Terra. Tiempo después, se presentó en el Consejo de Enseñanza Secundaria al llamado a aspiraciones para dictar Literatura y obtuvo el cargo de profesor.
En el exterior obtuvo amplio reconocimiento. A fines de 1935 y debido al éxito obtenido en Buenos Aires con su novela autobiográfica Vida de un maestro, dictó varias conferencias en centros de enseñanza y culturales en dicha ciudad y también en La Plata, la Patagonia, Córdoba y Santa Fe. También lo hacía en Uruguay, en los Institutos Normales de Montevideo, en Paysandú, en las Universidades Populares, entre otros espacios. En 1939 fue invitado por el gobierno de México, bajo la presidencia de Lázaro Cárdenas, para colaborar en los planes de educación.
Regresó a Uruguay en 1944, ya terminada la dictadura de Terra, y fue nombrado asesor en el Ministerio de Instrucción Pública y Previsión Social. A consecuencia del fallo del tribunal para “destituidos” durante la dictadura, lo designaron profesor de Pedagogía en los Institutos Normales. Además, se le reconocieron sus años de servicio para el cómputo jubilatorio y se lo indemnizó con sueldos devengados en el tiempo en que duró la destitución. En ese momento se afilió al Partido Comunista del Uruguay (PCU).
Rescatando su imagen
En vistas de las actuales políticas educativas uruguayas y en un contexto de mundo cambiante, en el que se reclama actualización en torno al tema de la educación y especialmente en su articulación con el trabajo, su vigencia es indiscutible. A su vez, y desde este enfoque, invocar a Jesualdo Sosa es un llamado a desempolvar y abordar al maestro y pedagogo uruguayo y sus contribuciones como figura modélica respecto al rol docente.
Jesualdo Sosa falleció de un síncope cardíaco el 28 de diciembre de 1982. Actualmente cuatro centros educativos llevan su nombre: uno en Caracas, Venezuela; otro de educación básica primaria con preescolares en Santiago de Chile; también la escuela rural 56 de Canteras de Riachuelo, en Colonia, Uruguay; además de la escuela 329 de Piedras Blancas, en Montevideo.
La autora
Elizabeth Ponce de León es doctora en Ciencias de la Educación (UBA), magíster en Educación (ORT), licenciada en Psicología, maestra, docente de nivel terciario y universitario. El presente artículo surge de su investigación en su tesis de doctorado Educación Primaria y Normal (ANEP). Actualmente es profesora de Formación Docente en el área de Ciencias de la Educación (ANEP), y de la Universidad de la Empresa (UDE) en las facultades de Educación y de las Ciencias Empresariales, en el área psicológico–pedagógica.

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