Natalia Mariño tiene 34 años, es oriunda de Montevideo, pero hace seis años se radicó en Nueva Helvecia, donde está casada con un conocido profesional, con el que tiene un hijo, un niño de dos años que ama cocinar junto a su madre, colocándose su propio delantal y subiendo a un banquito que le permite llegar cómodamente a la mesada.

Es Analista en Comunicación Corporativa, en lo que trabaja junto a colaboradores, tanto en Nueva Helvecia como en Montevideo.
Disfruta de su trabajo, pero desde niña ha manifestado su amor por la cocina, que cultivó en su hogar, junto a su abuela.
A fines del año pasado se decidió a inscribirse en Master Chef, un programa de formato internacional, que se emite por Canal 10 de televión, en Montevideo, los lunes y jueves, a la hora 21.
Se inscribió junto a otros 4.000 aspirantes en noviembre de 2018 y a mediados de febrero de 2019 se le comunicó que había sido aceptada para participar en la siguiente fase del programa. La semana pasada se vio el programa en el cual Natalia obtuvo su clasificación y recibió el delantal que la identifica como participante, dentro del equipo azul, con 14 integrantes.
Los otros 14, forman el equipo rojo.
Pero hubo etapas previas que no son televisadas, en las cuales los participantes deben realizar algunas tareas, además de preparar platos, delante de Chefs de Crandon Gastronómico, que hicieron las preselecciones.
Los participantes debieron pasar también por una preparación previa para el uso de los hornos que este año, por primera vez, son sin fuego, es decir, a inducción.
Natalia señala que ninguno de los concursantes había utilizado este método antes.

El budín de la abuela
Natalia llegó a la clasificación preparando un budín de coco, receta de su abuela que aprendió de niña y ahora disfruta de hacer y es muy demandado en la mesa familiar y de amigos.
Clasificar con esa receta tuvo un valor especial para Natalia, ya que su abuela falleció pocos días antes de que se le confirmaba que había sido aceptada como participante.
Relata las dificultades que tuvo para prepararlo, teniendo en cuenta el tiempo que tenía para hacerlo, la ansiedad de estar frente a cámaras de televisión y a los tres integrantes del Jurado. Pero, finalmente, obtuvo el SI unánime, recibió el delantal y comenzó a transitar el Master Chef 2019, con enorme expectativas, propias, de la familia y de los amigos que la apoyan firmemente.

Un desafío
Natalia Mariño asegura que su participación en Master Chef “es un desafío”, pero agrega de inmediato que “me encantan los desafíos”, pero comprende que deberá abordar preparaciones diversas, en tiempo limitado y con los elementos que proporciona el programa, tanto los ingredientes del plato como el uso de los hornos que se mencionaba anteriormente. Sin olvidar que está siendo observada por miles de personas a través de la pantalla y el Jurado, integrado por Sergio Puglia, Lauret Lainé y Ximena Torres.
Un desafío también, porque se declara amante de la pastelería y en el programa deberá preparar sobre todo, platos salados en base a carnes, pastas, sopas, etc.
Pero asegura que “voy a dar todo por llegar lo más lejos y si puedo, ganar”.

Pero además de ser un desafío, Natalia no desestima el aprendizaje y la experiencia que puede darle concursar en Master Chef. “Sé que voy a tener muchas fallas porque no es lo mismo cocinar en la casa, con plato pensado, con tiempo si presiones” Pero también confía en que “voy a tener muchos aciertos”.

Y como le gustan los desafíos, además de Analista en Comunicación Corporativa, es diseñadora de moda y en ese rubro trabajó varios años, teniendo, incluso, su propia marca.
Se considera “muy emprendedora” y “lo que me gusta, me gusta concretarlo de la manera más profesional posible, hacer bien las cosas”.
En un resumen, “no me puedo quedar quieta”.
Pero reconoce que “no se puede hacer todo a la vez, porque si lo haces, algo te va a quedar mal”.
De todos modos, no descarta retomar alguna de las cosas que dejó por el camino, pero en este momento, piensa en seguir con la asesoría en comunicación, pensando que tal vez, en algún momento podría incursionar en la comunicación gastronómica.

La abuela
En la amena charla que HELVECIA tuvo con Natalia en su casa, la presencia de la abuela es permanente.
Y llega el momento de decir que presentar el budín de coco en la prueba clasificatoria fue un homenaje y el mejor recuerdo a quien desde niña le inculcó el gusto y el amor por la cocina.

“Ella era una apasionada de la cocina, hacía una infinidad de platos con los que llenaba la mesa para todos y en las reuniones familiares era el alma de la familia”, recuerda Natalia con una sonrisa emocionada. Dice que inscribirse en Master Chef, fue “darle un reconocimiento por todo lo que me enseñó”.

Recuerda que a mediados de diciembre de 2018 la llamaron del programa para una prueba, a la que se presentó con una variedad de tres postres que dio a probar a la abuela, que los aprobó de inmediato.
“Luego, no supe nada hasta febrero. El 1 de febrero falleció mi abuela y el 10 me comunicaron que había entrado”.
Acepta que no la tiene a ella para acompañarla en el camino emprendido, pero “tengo un recetario que ella me dejó, diciéndome que “estas son mis recetas, pero quiero que sigas agregando de las tuyas”.

Ser parte
Natalia Mariño dice que cuando vino por primera vez a Nueva Helvecia, se enamoró de la ciudad y hoy, cuando hace seis años que vive aquí, asegura que “me siento parte” y por eso, señala que cuando esté en la pantalla de Master Chef, junto a su nombre, se leerá “Nueva Helvecia”.
Como dato que avala lo dicho, comenta que en junio del año pasado, su madre, que nació y vivió toda su vida en Montevideo, se radicó en Nueva Helvecia, donde, como artista plástica, ha comenzado a dar clases con mucho éxito.
Natalia asegura que su madre, Marisa Batignani, “está fascinada con Nueva Helvecia y su gente y también, como ella, ya se siente parte”.

NATALIA EN LAS REDES
Instagram:
@nati_marinobatignani

Twitter:
@natimarino_MCH

Fan page de Facebook:
Nati Mariño Masterchef

Publicada en nuestra edición papel del viernes 3 de Mayo. Por Ida Guigou

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