El comando de campaña de Juan Sartori, comenzó a cruzar datos de las encuestas propias que realiza a diario desde su propio call center, con informes detallados y cualitativos de las encuestadoras locales.

En ese sentido, solicitó a la empresa Cifra, un informe privado  basado en una encuesta nacional de opinión pública, la cual la consultora realizó del 2 al 12 de mayo, con 992 casos, la mitad en Montevideo y el resto en el interior. La misma fue realizada en forma telefónica a teléfonos fijos y celulares, a personas mayores de 18 años.

Los resultados arrojan que, muy distinto a lo que se intenta desde otros sectores instalar en agenda, de que ¨Sartori  roba votos de la pecera¨, su candidatura es la que hoy está sosteniendo y haciendo crecer al Partido Nacional.

Se confirma que la candidatura de Juan Sartori trae votos nuevos,  de otros partidos e incluso del Frente Amplio al Partido Nacional, el cual después de mucho tiempo comienza a recibir apoyos desde los sectores de menos recursos. En otro orden los votos que pierde la colectividad blanca son en buena parte con Sanguinetti y Talvi, que disputan el mismo público que Larrañaga y Lacalle.

Esta encuesta confirma que Sartori sigue consolidando su precandidatura. Hoy está a la par de Larrañaga, con una visibilidad y nivel de simpatía comparable (o mejor) a varios precandidatos, y lo logra sin despertar tanta antipatía entre los votantes de otros partidos como lo hacen Lacalle Pou o Larrañaga.  Su gran fortaleza está en la gente de menos recursos, que valora su cercanía y sus promesas de campaña.

Su nivel de simpatía es mayor que el de Lacalle Pou, y el de Larrañaga, con menos antipatías. Los más populares (Martínez y Sanguinetti) corren en otras internas.

Sartori: su imagen compite con la de varios precandidatos
Juan Sartori es hoy conocido por casi nueve de cada diez votantes. En noviembre sólo lo conocía un tercio del electorado.  Mientras que entre febrero y abril habían aumentado más las antipatías que las simpatías, en estas últimas semanas las antipatías se estabilizan y vuelven a aumentar las simpatías (6 puntos, de 29 a 35%). “Lo normal” para casi todos los políticos es que a medida en que el público “ubica” al político en un partido y empieza a conocer sus ideas, se consolidan las opiniones favorables de los grupos más afines, y los otros “politizan” también su juicio, y una figura que podía resultar simpática en un contexto social/comunicacional, se torna antipática vista con el lente de la política partidaria.

No es lo que está sucediendo en este último mes con Sartori. Entre los votantes blancos el 60% simpatiza con Sartori y apenas el 16% expresa antipatía. Es el mismo nivel de simpatía que recoge Larrañaga y apenas 5 puntos menos que el de Lacalle Pou.

Simpatizan más los residentes del interior, los adultos jóvenes de 30 a 44 (la franja de edad del candidato), las personas con menos educación formal, y sobre todo las que se identifican ideológicamente como de derecha y las de nivel socioeconómico bajo. Cuando se compara a Sartori con otros precandidatos, su nivel de visibilidad ahora es mayor que el de varios precandidatos. Su nivel de simpatía es mayor que el de Lacalle Pou y el de Larrañaga, con menos antipatías. Los más populares (Martínez y Sanguinetti) corren en otras internas.

¿Quién lograría crear más fuentes de trabajo?
Las opiniones de los blancos se dividen entre Lacalle Pou (31%) y Sartori (29%). Los blancos de la capital y los de menos ingresos le creen más a Sartori que a Lacalle Pou.

Promesas hay muchas en las campañas, y por eso la gente evalúa también la sinceridad: gana Lacalle Pou, pero por poco, y Larrañaga y Sartori empatan.
También importa la percepción de cercanía a la gente como yo: un quinto de los blancos piensa que Sartori es el más cercano, y ahora “le gana” a Larrañaga, sobre todo porque puntúa relativamente mejor en el interior. Sartori resulta más cercano en el nivel más bajo, donde empata con Lacalle Pou.
Por el contrario, la arrogancia ahuyenta votos, y Sartori es percibido como el menos arrogante (“gana” Lacalle Pou).

La gran debilidad de Sartori es la dimensión liderazgo: sólo el 12% lo percibe como el mejor líder, e incluso entre su público más cercano, la gente de nivel bajo, sólo el 24% opina que Sartori es el mejor líder.

Quiénes votan y qué votarían en las internas
La mitad que vota en las internas no es igual al conjunto del electorado. Tienden a votar más los que se consideran cercanos a un partido (los “militantes”): el 67% de los militantes blancos piensa votar aunque no sea obligatorio.

Como son más militantes, son también más ideológicos: vota el 61% de quienes se consideran de derecha y el 65% de quienes se ubican en la izquierda—ambos grupos son minoritarios, con 10% del electorado cada uno, pero votadores. En cambio, del electorado de centro, más numeroso, sólo el 43% piensa ir a votar.

Votan más las personas de más recursos y los más veteranos.  Entre ese grupo relativamente reducido de votantes de las internas, Lacalle Pou sigue liderando, con el 42%, y Larrañaga y Sartori empatan con 22% cada uno. Sartori crece 5 puntos en el último mes, y Larrañaga baja 7. Entre los blancos “militantes” Larrañaga supera a Sartori, mientras que este último lo cuadriplica entre los electores que no se consideran blancos. Ambos tienen más de un tercio de sus votos “flojos”, de gente que no está segura si efectivamente los va a votar. El 85% del apoyo a Lacalle Pou es firme.

Si se pregunta a todos los que piensan votar al Partido Nacional en octubre quién preferiría como candidato (y se listan los precandidatos) LP está un poco mejor que entre los votantes de la interna, Larrañaga pierde un punto y Sartori gana dos. En esta pregunta cerrada a todos los blancos, Sartori aumenta 9 puntos respecto a abril (de 17 a 25%). Supera a Larrañaga por amplio margen en la capital (28 a 11%), pero Larrañaga sigue estando algo por arriba de Sartori en el interior (27 a 22%).

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