El Cine Helvético realizó recientemente un reconocimiento al vecino de Nueva Helvecia, el Rematador Edgardo Pignataro quien, liderando un numeroso grupo de personas, logró, en 1993, la reapertura de la Sala, con la finalidad de reunir fondos para la construcción del edificio propio del Jardín de Infantes Nro. 140, que, desde su creación en 1988, compartía local con la Escuela Nro. 126.

Esa reapertura alentó a buscar los mecanismos para que el Cine no se cerrara definitivamente como tal y el edificio se convirtiera, en el mejor de los casos, en una gran superficie comercial o en un centro religioso o, en la peor hipótesis, en un fantasma ominoso en pleno centro de la ciudad.
Aquel impulso, permitió, con la conjunción virtuosa de personas, Instituciones y autoridades, que en 1998, el Cine Helvético se convirtiera en el Centro Regional de Cultura “Cine Helvético”, en una instancia histórica, que tuvo resonancia en el mundo.
HELVECIA entrevistó largamente a Pignataro, quien recordó aquellos años que se coronaron con la construcción del precioso edificio que hoy es sede del Jardín de Infantes y, finalmente, con el Cine funcionando hoy como Centro Regional de Cultura, no solo como sala cinematográfica, sino recibiendo distintos eventos (teatro, música, conferencias, etc.)
Cuando el Cine se cerró, a fines de 1986, las dueñas se comunicaron con el entonces Escritorio Leopoldo C. Pignataro para ponerlo a la venta.
En ese momento, Edgardo era Rematador en la firma que dirigía su padre.

La sala estuvo en venta unos años, hasta que Pignataro ingresó a la Comisión de Fomento del Jardín, como padre de una alumna.

Recuerda que la mayoría en la Comisión eran mujeres,”porque a esa edad de los niños están muy apegados a las madres”.
“Esa Comisión – recuerda- se rompía el alma, porque también había que colaborar con la Escuela que cedía espacio para el Jardín”.
En una reunión, surgió la idea: conseguir el Cine y hacer un recital o alguna actividad puntual que permitiera recaudar algunos fondos “que desahogaran un poco, porque todo era pesito por pesito para llegar apenas a fin de mes”.
Pignataro habló con las dueñas que, en primera instancia, manifestaron sus dudas por el estado de la sala.
“Había una leyenda urbana de que el Cine estaba sucio, que era un nido de palomas, de ratas, de murciélagos y hasta de vampiros, de fantasmas”, recuerda entre risas.
Al principio, las dueñas tuvieron algunos reparos, considerando las características de la sala, por ejemplo, con muchos elementos inflamables que requerirían un cuidado especial.
De todos modos, confiando en las personas y la finalidad que tenía el pedido, accedieron.
Se consiguieron auspicios comerciales con los que se logró reunir alrededor del 70% del cachet de los artistas, el Grupo Fantasía de Mercedes, en la cima de su popularidad.

​”Fue un éxito total, las 1.100 butacas que tenía la Sala en ese momento no alcanzaron y se agregaron sillas y hubo gente parada en el fondo”, recuerda Pignataro.

Con la recaudación se cubrió el presupuesto y quedaron reservas. A todo esto, el Jardín había recibido el terreno, donado por las Fuerzas Vivas a Primaria, con la condición modal de que fuera para el edificio del Jardín.
Así que se les planteó a las dueñas comenzar a dar cine, proyectar películas y ver la respuesta de la gente, teniendo en cuenta que el espectáculo cinematográfico comenzaba a declinar en el mundo.
​Pero hubo una excelente respuesta del público, con muy buena venta de entradas en cada función.
Recuerda que con la película “¡Viven!” sobre la odisea de los rugbiers uruguayos en la cordillera de Los Andes, se dieron cinco funciones, incluso dos el sábado, ambas a sala llena. La primera función, el jueves, fue recaudación total para el Jardín y las otras con un porcentaje.
Poco después la Fundación Viven donó para el Jardín el porcentaje que les correspondía, “que en ese momento era mucha plata”.
También señaló Pignataro la presencia del Jardín en la Fiesta de la Cerveza, con carros que casi siempre tuvieron premios.
Una campaña puerta a puerta con base en el cine y la participación de casi 100 voluntarios recorriendo la ciudad.

Nueva Helvecia la rica
Comenzaron entonces los trámites para comenzar a construir el edificio del Jardín.
En Primaria -recuerda Pignataro- “pensaban que una ciudad como Nueva Helvecia, se merecía un edificio de dos plantas, de estilo suizo, con 200 m2 cada planta. Cuando preguntamos cuánto sale eso, nos dijeron medio millón de dólares. Preguntamos cuánto pondría Primaria y nos dijeron que nada porque no había plata. También nos dijeron que Colonia Suiza es rica. Eso nos quedó grabado y nos dio mucha rabia, porque nos estábamos rompiendo el alma”.

Entonces, subraya, “apareció el Arq. Oronoz, de Colonia Valdense, que nos dijo que lo dicho por Primaria era una locura, que se podían usar los materiales tradicionales para un edificio que se utiliza 8 o 9 meses al año. Nos dijo que con no más de 100 mil dólares se podía hacer el edificio (“que finalmente costó 105”, acota).

Con el entusiasmo renovado y con la colaboración de Oronoz totalmente gratuita, se puso en marcha la construcción del local.
Oronoz hizo el diseño que llamó la atención por una concepción “adelantada a su tiempo”, con baños para cada salón, adaptados a la estatura de los alumnos y mesadas para el lavado de manos.
Se firmaron convenios con el Ministerio de Obras Públicas y hubo aportes de la Intendencia.
Pignataro destaca el grupo de trabajo que se formó alrededor de la obra. “Algunos nos conocíamos y otros no, pero se crearon amistades que hasta hoy se mantienen.
Fueron más de cinco años de trabajo, luego la habilitación y el traslado del Jardín desde la Escuela 126, a su local propio.
Pignataro insiste en señalar el grupo de padres y madres, y vecinos que se sumaron para lograr ese local.
Remarca la tarea de limpieza de la Sala para ponerla en funcionamiento, que estuvo mayoritariamente a cargo de las madres, la necesidad de desinfectar y fumigar un lugar cerrado largo tiempo.
Además de poner en marcha, nuevamente, todo el sistema de proyección.

Los inesperados aportes de personas que se acercaron, por ejemplo, para pintar el frente del cine o, después, dar una mano de cal en el Jardín.

Pero también hubo flexibilidad en las autoridades. Pignataro menciona al Ing. Lucio Cáceres, Ministro de Obras Públicas entre 1995 y 2004, quien, en una oportunidad manifestó su asombro por la obra que se estaba realizando, afirmando que “una obra como ésta, hecha por el Estado, costaría el doble o más”.
En fin una obra que insumió algunos años, al punto de que los hijos de algunos padres que integraron aquella Comisión, no llegaron a sus aulas. Incluso, la hija de Pignataro que cuando el Jardín fue inaugurado, ya cursaba 5to. de Escuela, pero que hoy es una muestra más del empeño (y hasta la tozudez) que pone Nueva Helvecia cuando la comunidad necesita algo.
Pensando en ese hecho, Edgardo Pignataro manifiesta su esperanza de que, tal vez, un nieto pueda concurrir al Jardín y, sino, “me queda la satisfacción y el orgullo de que junto a tanta gente pudimos dejar para el pueblo algo tan lindo, de lo que todos se maravillan, no porque sea un edificio esplendoroso, monumental, pero es práctico, funcional, mantenible y mantenido y hecho especialmente para la función que cumple”.

Volviendo al cine
Cuando el Jardín dejó de utilizar el cine, éste volvió a cerrar sus puertas y siguió en venta, aunque ahora, por distintas circunstancias, en remate.
Comenzaron, entonces, gestiones para buscar alguna alternativa que evitara una enajenación apresurada, teniendo en cuenta que el edificio tenía deudas que no podía cubrir.
​Un vecino de la ciudad se hizo cargo de la misma, solventando las cuotas correspondientes.
Se creó una Comisión Administradora, que obtuvo la Personería Jurídica para lo que pasó a ser el Centro Regional de Cultura “Cine Helvético”
A partir de allí, la historia es más conocida, de un proceso que finalizó en abril de 1998, cuando la Sala reabrió sus puertas en lo que fue un gran acontecimiento, que fue reflejado en la prensa de muchos países.

Un recuerdo especial
Al finalizar la nota con HELVECIA, Edgardo Pignataro tuvo un recuerdo especial para las dueñas del cine, Florentina Betarte de Nemer y René García, especialmente la primera, quien le depositó toda su confianza para que se pudiera utilizar el cine en beneficio del Jardín, lo que inició otra etapa, tras esa reapertura circunstancial y temporal, para llegar a la definitiva, hasta hoy, ya 21 años después. I.G.

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