“I can´t breathe” (No puedo respirar), se volvió viral. Atención, que no se trata del grito desesperado de una población por un contagio exponencial, no es una nueva oleada agresiva del covid 19, no es el colapso de los hospitales, no es un ataque masivo del coronavirus mutando como un monstruo sobre el planeta, no es la explosión del número de casos por la salida irresponsable de infectados a la calle, en una danza macabra de la muerte. La pandemia del “año de la Rata” tiene otros virus más letales y de larga data, que no son estudio de laboratorios ni de tests para activar protocolos con hisopados y alcohol en gel.

No puedo respirar. Se trata de una escena viral que nos avergüenza como humanidad.

Tanto Primer Mundo y “estilo de vida americano”, tanta propaganda de viajes al espacio desde la NASA y todos los recaudos para no morir por un virus (recaudos que atropellan libertades individuales más/menos según los países desde hace tres meses), tanta carrera para ganar el podio del descubridor de la vacuna…y lo que se hace viral es un video cuyas imágenes atrasan siglos.

El asesinato de George Floyd -nativo de HoustonTexas, afroestadounidense de 46 años, padre de una niña de 6 años, que trabajaba de guardia de seguridad del restaurante latinoamericano Conga Latin Bistro en el centro de la ciudad, esposado y sin resistencia- nos viene a herir de muerte con una imagen atroz y su ruego por la necesidad de aire. “Libérenme. No puedo respirar”. Oídos sordos y ensañamiento por parte de un policía blanco que somete por 7 minutos con su rodilla en el cuello de un civil negro, acusado de usar un billete de 20 dólares falsos, completan el drama. ¿Hay vacuna para esto?

No puedo respirar imploró Floyd aquel lunes 25 de mayo de 2020 en  Mineápolis. Y ese es el grito de las protestas que  se extendieron como pólvora en marchas por Los Ángeles, Atlanta, Washington, Miami, Nueva York, Chicago y varias capitales del mundo.

Compró con un billete de 20 dólares falsos. Esa es la acusación que lo condenó a morir asfixiado. ¿Falsos? Está por verse aún, pero ese es el valor de una vida y el costo que está pagando un país que ya se debate entre la infamia de su gobierno y la hipocresía de los bienpensantes: falsos ciudadanos que expresan la igualdad en sus discursos y la borran con la discriminación de sus actos.

No puedo respirar. Ni el aislamiento ni el tapabocas pueden acallar a la población indignada por la injusticia. Qué “casualidad” que en medio de una cuarentena mundial la olla a presión por un virus respiratorio explote con el pedido de aire. Algo huele mal en Dinamarca (perdón Shakespeare por el cambio de país en la frase del personaje que acompaña a Hamlet): algo huele mal en EE.UU. En su lucha contra China, el presidente Trump alimenta las peores pestes en tierra propia.

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