El 9 de setiembre es el Día Nacional de la Prevención de la Prematurez, fecha en la que recordamos las causas que pueden llevar a un parto pre término y las herramientas que contamos para prevenirlo puesto que, sin dudas, la gestación y el nacimiento de las personas son determinantes en el posterior desarrollo de sus vidas.

Cuando un bebé nace antes de las 37 semanas de gestación cumplidas es considerado un bebé prematuro. Si bien los avances médicos y la formación de calidad de los integrantes del equipo asistencial (esencial para hacer frente a estas situaciones) como neonatólogos, licenciados, auxiliares de enfermería permiten que se pueda rescatar niños más pequeños, en situación más extrema, cada vez, la prematurez sigue siendo un problema de salud.

Son varios los factores que inciden en que un niño nazca de forma prematura y hay que tratar de influir en aquellos en los que es posible para evitarlo: estas circunstancias de nacimiento no sólo son determinantes en la mortalidad infantil – la que se da en menores del año en estas situaciones- sino que también repercute en la morbilidad y calidad de vida del bebé, su familia y tiene altos costos emocionales y económicos para todos los actores involucrados.

Una vez que se produce un parto pre término la atención y el manejo que se hace del recién nacido es esencial para reducir la mortalidad y morbilidad (secuelas, discapacidades) de estos bebés. Cuánto más anticipado sea el nacimiento, más riesgo de morbimortalidad.

Son múltiples los factores que inciden para que haya un nacimiento prematuro como patologías infecciosas de la madre, un corto período de tiempo entre embarazos, el antecedente de un parto prematuro previo, entre otros; lo que nos indica que no solamente las medidas sanitarias son suficientes para evitar este tipo de complicación, sino que son necesarias otras intervenciones como la educación sexual, la prevención de embarazos en la adolescencia y no deseados, la atención prenatal de calidad.

La Dra. Fernández lo explica de la siguiente manera: “la prematuridad es el resultado de una compleja red de determinantes que interactúan, entre los que pueden encontrarse un embarazo no controlado adecuadamente, el antecedente de parto prematuro previo, la edad de la madre – menores de 20 y mayores de 35 años-, el período corto entre los embarazos, la desnutrición materna, la posibilidad de un embarazo múltiple, las patologías infecciosas en la madre, entre otros”.

La prevención de enfermedades maternas previas a los embarazos así como el evitar aquellas que surgen durante la gestación, requiere muchas veces, de cambios en los estilos de vida que lleva adelante la madre, lo que conlleva beneficios que van mucho más allá de lo que refiere a evitar un parto pre término.

Una de las consecuencias que puede acarrear la prematurez es el aumento del riesgo de padecer, por parte del bebé, epilepsia en la edad adulta a consecuencia de daños cerebrales por lesiones prenatales o perinatales (asfixia o traumatismos durante el parto, bajo peso al nacer). Recordamos este factor dado que en esta misma fecha, 9 de setiembre, también es el Día Latinoamericano de la Epilepsia.

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