El joven volante neohelvético que con 16 años juega en Peñarol de Montevideo dialogó con Helvecia y nos contó su vivencia en la capital, su pasado y los objetivos que tiene por delante. Sus ídolos, referentes, son Andrés Iniesta y Rodrigo “Lolo” Bentancur.

Tomás es de Nueva Helvecia y como tantos pibes que juegan al fútbol tiene una mochila cargada de sueños. Él es uno de los tantos que tienen que madurar temprano, porque los equipos de la capital, allí donde esos sueños comienzan a hacerse realidad, no esperan, y desde tempranas edades “captan” a las joyas del interior para ofrecerles oportunidades en Montevideo.

Tomás, como otros tantos, tiene que dejar de lado muchas cosas comunes para los adolescentes y enfocarse, si es que quiere triunfar, en el fútbol, porque así como él sueña con llegar a la primera de Peñarol y jugar en la selección uruguaya, hay otros cientos que quieren lo mismo y eso únicamente lo lograrán los que más se esfuercen, los que más luchen por convertir esos sueños en realidad.

A sus jóvenes 16 años y aunque es la primera vez que charlamos con él, notamos que es un pibe muy, pero muy agradecido con lo que vive y con los que lo han ayudado a llegar a donde hoy está, el Club Peñarol, del que se confiesa hincha.

Empezó a jugar al fútbol, como muchos más, en la Escuelita de Fútbol “Rush” que es llevada adelante por Carlos Mederos, “el negro”. Posteriormente y como suele suceder jugó al fútbol en el viejo Lucerna, hoy Artesano, aunque una cosa y la otra es lo mismo solamente que cambió el nombre.

Cuando tenía 10 años, y según nos contó “fue Néstor Goncalves quien me vio en un partido de la selección de Nueva Helvecia contra Colonia y me invitó para practicar en Peñarol”. Tomás ya había ido a probarse tanto en Nacional como en Defensor, pero la llamada de Peñarol cambió todo porque “soy hincha de este club desde chico así que arranqué con muchísima ilusión”.

En Peñarol hizo todo el proceso formativo, adquiriendo “mucha experiencia hasta que a los 13 años me tocó fichar y ya quedé habilitado para jugar el Campeonato oficial”.

A pesar de que su debut en cancha grande ya se dio en el “manya”, en la capital, siente mucho “agradecimiento hacia Artesano porque ahí me crié, yo iba al jardín Nubecita que es de ahí y mi padre jugó toda la vida el club”.

LA VIDA EN LA CAPITAL

Como dijimos anteriormente, son muchos los pibes que deben madurar de golpe, porque el tren no siempre los espera, o mejor dicho, no espera.

Tomás Olase fue uno de ellos, de los que se fue temprano para triunfar porque “me vine a los 13 años recién cumplidos”. Acepta que, como siempre sucede, “el primer año me costó demasiado estar lejos de mis familiares, de mi pueblo que es donde me crié y venir a un lugar totalmente diferente, extrañé mucho”.

Nos cuenta además que “me tuve que acostumbrar a vivir con muchos compañeros pero por suerte ahora que pasaron los años agradezco todo lo que viví porque me enseñó y me ayudó a madurar en un montón de aspectos, tengo otras prioridades que son distintas a las de muchos adolescentes que piensan en salir de joda y nada más”.

“Peñarol también me ha inculcado muchos valores” nos dice, y agrega que “aunque me haya costado al principio, porque por ahí me quería ir, abandonar, tengo el sueño intacto, las ganas de triunfar y eso fue lo que me impulsó junto con mi familia y la gente que me rodea”.

EL FÚTBOL

Hace poco menos de un mes Tomás fue uno de los jugadores más importantes en el empate clásico de Sub 16 que se disputó en el Estadio Centenario, televisado para todo el país.

Al respecto nos contó que “fue una experiencia distinta porque por más que ya había jugado ese tipo de partidos que son muy particulares, especiales, este iba por la tele y los nervios siempre están presentes” aunque “todo eso se olvida cuando salís a la cancha, ahí es donde me divierto y soy feliz”.

A pesar de tener nada más que 16 años, de ser todavía un “gurí”, Tomás tiene los objetivos claros y sabe que es mejor “ponerse objetivos a corto plazo, es lo que me enseñaron de chico, a tener metas

y no siempre pensar para más adelante” aunque “quiero jugar en la Primera de Peñarol, jugar y poder rendir en el club”.

Más adelante, siempre pensando en el futuro, “quisiera jugar en Europa y en la selección uruguaya, ese me parece que es el sueño de cualquier futbolista”.

Con los pies bien en la tierra y agradecido, como siempre durante la entrevista, remarcó que lo más importante es “devolverle todo a mis padres, a mi familia y a los que estuvieron siempre a mi lado, ellos hacen mucho sacrificio por mí”.

Al respecto de sus referentes o ídolos, no lo dudó y nombró a un mago de la pelota, el español Andrés Iniesta, porque si bien en el 2010, cuando se consagró en el Mundial de Sudáfrica “todavía era chico, lo veía jugar y me encanta, juega en mi posición y destaco la humildad que demuestra y que parece una buena persona, es un verdadero ejemplo a seguir”.

Igualmente y como era de esperarse, se tomó un momento y aclaró que otro referente es, por supuesto, Rodrigo “Lolo” Bentancur, un jugador consagrado que salió del mismo lugar que él, que pisó el mismo pasto y hoy la rompe a nivel mundial.

Objetivos claros, humildad y capacidad, Tomás tiene muchas cosas para llegar.

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