(Por Pablo Abelenda). La noticia dice que Nicolás Jodal fue elegido “El empresario del año (2020)” en  la 13va edición de la Gala de Info-Negocios, en una votación de la que participaron varios empresarios nacionales.

Pero para mí la noticia fue que en el segundo puesto entró mi amigo Mario Celano, y aunque nuestro orgullo futbolístico nos dice que en Uruguay no festejamos segundos puestos, creo que dicha frase no aplica en este caso (ni en ningún otro tampoco).

         Y cuando uno va a hablar de sus afectos, seguramente no va a ser muy objetivo, por aquello de que nos comprenden las generales de la ley, como le pasa al testigo en un juicio que tiene alguna relación con las partes en pugna. Pero creo que no me equivoco si digo que Mario se lo merece, y no solo por su “éxito empresarial evidente”, que lo pone en un lugar muy visible en nuestra plaza comercial, sino fundamentalmente por la forma en que “llegó” al premio referido.

En una época de su post-adolescencia Mario no sabía para dónde agarrar, tanto que se tomó un año sabático (al pedo diríamos antes) porque no se decidía qué opción de bachillerato encarar. Al año siguiente resolvió hacer sexto de Derecho en el Liceo Daniel Armand Ugon de Colonia Valdense, donde nos conocimos y comenzamos una amistad que continuamos hasta hoy día. Al año siguiente empezó facultad para estudiar de escribano, y por suerte se dio cuenta que no era lo suyo, se iba a aburrir soberanamente, ya que eso de ser el depositario de la fe pública no estaba en sus genes.

Y ahí empezó a estudiar de programador informático.

En un momento dejó un muy buen empleo que tenía en el departamento informático de una importante mutualista de Rosario, para irse a su casa y empezar la aventura de crear un programa de computación “para vender”.

Todos sus amigos estábamos convencidos que había sido una locura aquella decisión; dejar la seguridad laboral, un buen sueldo y una futura decorosa jubilación, por irse a jugar con algoritmos era algo poco comprensible. No le dijimos nada (por suerte). No nos animamos, y le dijimos, con menos credibilidad que Clinton cuando declaró sobre la Lewinski, que estaba bien su decisión.

No es el primer premio que recibe Celano, y está bueno que se premie en cualquier ámbito, ya que es una palmadita de apoyo en la espalda y una caricia al ego, pero creo que lo más importante y duradero es como recorrimos el camino previo, como afrontamos las sinuosidades del mismo, sus subidas y sus bajadas. Celano trabajó incansablemente, acertó y erró muchas veces, pero por sobre todo fue coherente con sus ideas y fue honesto con sus clientes, con sus compañeros de trabajo, con sus competidores. Posiblemente esta forma de manejarse en la vida, es algo que fue adquiriendo en el transcurso de su vida, desde muy pequeño cuando vivía en Rosario.

Ya lo dijo el poeta, mucho antes que el diciente, todo pasa y todo queda.

         Y por eso creo que Mario es el empresario reconocido de hoy día, pero también es aquel adolescente, creativo, soñador y muy tímido que alguna vez deambuló de honda colgada al cuello por las calles de su Rosario natal.

¡Salú Marito!PD: salir segundo en una competencia con un referente regional del sector, como lo es Nicolás Jodal, es como ser el mejor segundo jugador del partido, y en el otro cuadro juega Messi.

Por Pablo Abelenda.

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