-“¡Madre, madre!”
-“¿Que ocurre hijo, por qué gritas?”
-“Madre, el profe Anzuela nos dijo que el sábado iremos a jugar un partido en Nueva Palmira.” Mi alegría, conocería otro lugar, otra gente, descubriría otro mundo, me imaginaba llegar muy lejos. Tenía 8 – 9 años y mi colosal algarabía no tenía límites y solo era colmada por el remanso espiritual, tierno y bondadoso en el abrazo apretado de Doña Juana.
-“Bien “Negro”, bien, tranquilízate y ten paciencia a la espera del día señalado.” Sus palabras, como gestos, en el amor familiar que me brindaba, aplacaban mi intensa ansiedad. Mezcla de sorpresa y felicidad dado por el informe de Don Ulises Anzuela, un maestro de vida, padre patentado de toda la gurisada que llegaba al club. Un hombre que con su señorío nos acopiaba de principios morales, humanos, nos enriquecía permanentemente en esa obra inmaculada de ser guía de nuestros primeros años de vida y del crecimiento, físico, mental, emocional, que nos arreciaba sin darnos cuenta. Era una forma de vida única que nunca se borró de mí, de ocupar en la pobreza, en la modestia material, el mejor camino a andar en el desarrollo que el destino me prometía.
En 1956, con 7 abriles y de la mano de un adulto, entré en el seno de un espacio institucional socio deportivo acogedor, grato, lleno de gente de bien, sana, limpia, generosa, que me recibió y me integró como un hijo más a la familia artesanense. Alma, corazón y vida que con integridad y la mejor de las intenciones me ayudaban a transitar de buena manera por la senda de la existencia.

EL ROJO CORAZÓN: Los clubes deportivos, como cualquier otro, de diferentes características, son creación y símbolo de actitudes personales y colectivas de profunda raíz social, productivas y dignificantes para el ser, que da y recibe en dicho ámbito. Un 7 de marzo de 1912, de un galpón de herrería, del Prado, nació una institución que golpeo fuerte en la historia deportiva de la región y más allá. Humildes artesanos, al calor de fraguas y luces de vela. Eran obreros, “fabriqueros” que se reunían noche a noche en una locación de alrededores del Hotel Suizo junto a peones y dependientes de algunos comercios próximos. Acortaban las largas horas nocturnas al compás de las quejumbrosas notas de un acordeón, entre chistes y relatos más o menos alegres y picantes de hechos del lugar, que subían de tono cada vez que se acariciaba, como al pasar, una botella de caña. Sitio iluminado por una llorona vela de cebo colocada sobre un cajón. Esa fue la cuna del Club Artesano. El nacimiento data de 1911, aunque oficialmente el arranque institucional se da el 7 de marzo de 1912 con el nombramiento de la primera Comisión Directiva, Sr. David Negrín presidente, vicepresidente Pedro Geymonat, Sr. Juan Hohl secretario, Aniceto Vera tesorero.

EL LATIR AUTÉNTICO: Un silencio que habla a gritos, la vitrina que guarda celosamente unos 500 trofeos ganados en todas las disciplinas deportivas ejecutadas. Siempre que la veía me asombraba su tamaño y la cantidad de objetos logrados como premios a tantas conquistas alcanzadas. Mis ojos no daban crédito a la visión de un rectángulo tan alto como ancho repleto de cautivantes expresiones metálicas, cosecha inigualable de logros hechos de duros entrenamientos, sacrificios, esfuerzos y capacidad innata.Muestrario que guarda en sus entrañas triunfos locales, regionales, departamentales, nacionales, internacionales (Argentina y Chile 1956).Al querido club de mis primeros aleteos, donde me enseñaron a volar hacia el mejor destino, con ese amor por la vida, que nos hace honrar cada latido, mi honda y eterna gratitud. Dirigentes, profes, deportistas, funcionarios, gente solidaria dando normas de conducta y el corazón en cada actitud. A los que no están, mi emocionado recuerdo

MIS RAICES SIGUEN PRENDIDAS: Para dos reliquias afortunadamente existentes, artesanenses de ley, fidelidad y sentimiento, apoyo constante desde el ayer por el hoy y el futuro, mis cálidos y afectuosos saludos. Valoración, estima y reconocimiento. Entrega generosa por el club, Nancy Autino, la dama del corazón solidario y la bondad en las manos. El otro, un querido y entrañable vecino de otrora, si me habrás visto corretear junto a la enorme amistad de tu hermano “el torito”, por las calles de tierra del barrio. Para vos, L. Alberto “Chongo” Oesch, rojo hasta los tuétanos, jugador en tus tiempos, dirigente, colaborador incesante. Testimonio de gente que, como muchos otros, mantienen una historia clubista deportiva de raigambre, sudando la gota gorda, aportando gran parte de sus vidas.Mundo artesanense que me llenó de riquezas humanas validas hasta mi muerte, el deseo, Feliz Cumple club de mi vida y de una infancia tan disfrutable.

FOTO: Julián Mesa.

Por José Ramos: jose_esteban_ramos_g@hotmail.com

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