Otra vez afuera, pero esta vez el despropósito toma magnitudes insospechadas. El sinsentido es tal que no resiste más análisis ni comparaciones. Nuestras intenciones fueron siempre de comprensión, acompañamiento y construcción. «Por las buenas todo, por las malas nada» fue nuestro modo siempre, mientras nos escuchen y nos respeten. ¿Y ahora qué?

¿Somos realmente más riesgosos habiendo llevado con impecabilidad la implementación de protocolos, con inmejorables resultados? ¿Nuestros trabajadores son invisibles? ¿Será que pararnos no cuesta recursos?
Todo tiene un límite, el sector se incendia. Y nosotros, como el único colectivo de productores, mánagers de artistas —aquí presentes— y salas privadas del Uruguay, representantes de la industria de la música, necesitamos nos dejen ¡volver a trabajar ya!

Mientras se construyen alternativas de crecimiento de aforo, nuevas medidas por las que estamos en diálogo constante y colaborando fuertemente, dígannos: ¿cuál es la razón por la que no nos devuelven ese mínimo aforo, con el que ya contábamos y que tanto supimos cuidar?

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