(The Washington Post) El próximo gran desafío de la pandemia se llama “delta”. El 31 de mayo, la Organización Mundial de la Salud creó nuevos nombres para las variantes del coronavirus. La que fue detectada por primera vez en el Reino Unido la llamaron “alfa”. La que se detectó por primera vez en la India se llama ahora “delta”, y ya tiene gran presencia en Estados Unidos y en más de 60 países. Al igual que otras variantes, esta parece ser más peligrosa que el virus original y también podría ser más resistente a las vacunas.

La variante delta es otro recordatorio de que la pandemia no terminará al pulsar un interruptor. La implacable presión de la evolución irremediablemente hará que surjan variantes por mucho tiempo. Las vacunas que funcionan —y las de refuerzo— podrían ser la mejor oportunidad para la humanidad de evitar contagios graves y muertes. Pero en Estados Unidos y en otros lugares todavía hay poblaciones vulnerables y sin vacunar. La amenaza de la delta debería impulsar a los que dudan de las vacunas a replantear su punto de vista.

La variante delta está creciendo con rapidez en el Reino Unido. Según un informe del 3 de junio de Public Health England, es “muy probable” que delta sea “significativamente más transmisible que alfa”, que es a su vez más contagiosa que el virus original. Existe cierta evidencia de un incremento en el riesgo a la hospitalización; los médicos en India afirman haber visto problemas de audición, trastornos gástricos graves y coágulos de sangre generados por delta. Además, los informes de Inglaterra y Escocia dicen que las vacunas son menos eficaces contra delta; la primera dosis es de 15 a 20% menos eficaz, aunque dos dosis parecen funcionar mejor. La reducción de la eficacia se observó tanto en los datos de los pacientes como en las pruebas de laboratorio.

Todo esto significa que las personas que no se vacunen se están exponiendo a esta variante y sus peligros, y a los de las variantes que están por venir. No vacunarse es como cruzar una calle muy transitada de forma imprudente. ¿Para qué arriesgarse? Hasta el momento, de la población estadounidense mayor a 17 años, solo 53% ha recibido la vacuna completa, es decir, 136.7 millones de personas, lo que significa que casi la mitad del país todavía no está vacunada. Además, el total diario de vacunaciones está disminuyendo. Algunos estados del sur todavía no han alcanzado 40% de su población. Las disparidades raciales en la vacunación también son preocupantes. La Fundación de la Familia Kaiser informó que, en general, la población negra e hispana han recibido menores proporciones de vacunas en comparación con su proporción de casos y con su proporción en la población total en la mayoría de los estados. Esto es bastante claro y perturbador en el caso de Washington D. C., donde la población negra ha recibido 40% de las vacunas, pero representa 55% de los casos, 70% de las muertes y 46% de la población total.

Todas las súplicas, loterías y recompensas por la vacunación son para una buena causa: lograr que se vacunen suficientes personas para salvar sus vidas y acercarnos a una “inmunidad colectiva” general, causada por las vacunas y la infección natural, para que el virus se desvanezca. Mike Ryan, director de Emergencias Sanitarias de la Organización Mundial de la Salud, estimó esta semana que el umbral requerido para lograr esto podría llegar a ser tan alto como 80% de la población, debido a las oleadas de las variantes. Estados Unidos todavía tiene mucho camino por recorrer. ¿Quieres encontrarte con la variante delta en un callejón oscuro? Si la respuesta es no, debes ir a vacunarte.

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