El 5 de julio de 1996, en estas mismas páginas, realizábamos el obituario de Don Roberto Autino Bratschi. A 25 años de su deceso, reiteramos en su homenaje aquellas palabras.

ANTE EL DECESO DE DON ROBERTO AUTINO BRATSCHI: EL ADIÓS A UN GRANDE
Los grandes acontecimientos en la vida de las personas, los que son realmente trascendentes, conmovedores, impactantes, generalmente no se evalúan en su justo término en el momento en que ocurren. Mucho menos en la historia de las comunidades. Solo con el paso del tiempo, cuando en la historia se realizan los balances, pueden calibrarse en toda su dimensión.
Quizás eso nos ocurra con la desaparición física de Don Roberto Autino Bratschi. Porque el golpe que este deceso significa para Nueva Helvecia, para su “Colonia Suiza”, como a él le gustaba especialmente nombrarla, es inconmensurable.
Sabemos que no hay imprescindibles; sabemos que existe mucha gente capaz en Nueva Helvecia y su zona, con virtudes y voluntad para llevar las cosas adelante. Ahí nomás, cerquita, está el trío que ha asumido la conducción de las Fuerzas Vivas, luego de tres lustros de Presidencia de Don Roberto: tres hombres de enorme valía, tres vecinos prestigiosos y de gran capacidad humana e intelectual que no es necesario resaltar aquí.

Pero Don Roberto Autino era algo muy especial. Tan especial que quizás por su misma forma de actuar en los grupos que integró o comandó, no se llegue a apreciar en todo su valor la importancia de lo realizado. Porque como decía recientemente alguien a quien mucho admiramos refiriéndose a la paz y la educación, cuyo pensamiento podemos transpolar para esta figura desaparecida físicamente, Don Roberto no era un general de los que ganan las batallas y cubren de medallas su pecho; él era de los diplomáticos que evitan la guerra y que pasan casi inadvertidos.
Nadie sabrá nunca cuántas crisis, cuántas disputas, cuántos escándalos se apagaron por gestión de Roberto Autino. Nadie sabrá cuántas renuncias se retiraron, cuántas protestas se acallaron cuando apenas se insinuaban, cuántas controversias se suavizaron, cuánto de negativo quedó sin concretarse por su acción mesurada, equilibrada, armoniosa, componedora.
Duras críticas debió soportar por su acción. Unas, propias de todos los que hacen algo, los que actúan, los que se ponen en el candelero público para realizar una tarea en beneficio de los demás. Son las críticas de los inútiles, de los envidiosos, de los que destruyen sin aportar nada. Esos comentarios no se tienen en cuenta.

Otras fueron más específicas, sin dejar de reconocer el valor de su tarea, pero de muchos que no aprobaban su estrategia. Era gente que reclamaba más ejecutividad, más fuerza, más choque, más exigencias duras ante las autoridades. No se comprendió, en ese sentido, la forma diplomática, el enorme tacto de Roberto Autino en todas sus actividades de servicio público. No se tuvo en cuenta tampoco, a la hora de juzgar sus actitudes, que contrariamente a lo que ha sido la gestión de los principales ciudadanos con visos caudillescos –en el mejor sentido de la palabra– de nuestra comunidad, él tuvo que pasar casi once años de su más intensa actividad pública, en un régimen dictatorial, donde había que moverse con pies de plomo, para no molestar a los tiranuelos de turno y hacer caer en desgracia a toda la comunidad que se representaba.
Pero él nunca se preocupó por esas críticas, sobre todo porque pocas veces le llegaban: a los hombres importantes es fácil calumniarlos de atrás y de lejos; no es lo mismo enrostrarles esas mismas críticas, generalmente si fundamentos. Para acallar los infundios, nada mejor que su prestigio a todo nivel, local, pero más aún departamental y nacional, donde unánimemente se le reconocía como interlocutor válido para hablar por nuestra ciudad.

Con él no solo se aleja un dirigente de singular relieve, sino que se va un hombre que quedará en la historia de Nueva Helvecia por sus múltiples facetas destacadas: por su amor a su “Colonia Suiza”; por su devoción por Artesano; por su cariño nostálgico al Larrañaga que supo defender en fútbol; por el afecto que siempre manifestaba por el Helvético A. Club; por su amor por la Radio “Berna” (hoy Emisora del Oeste), en la que integró el equipo deportivo; su respeto por nuestra “HELVECIA” con la que fue frecuente colaborador con su estilo peculiar. Pero, sobre todo, lo más importante quizás para cualquier ser humano, con Roberto Autino se fue un excelente esposo, un padre ejemplar, un abuelo inolvidable, que hizo un culto de su familia como también de la amistad.
Si a algo dedicó su vida fundamentalmente el hoy físicamente desaparecido, fue a cultivar la familia con el amor y la entrega de los seres excepcionales; y también a sembrar su vida con amigos.
A su esposa, hijos, nietos y demás familiares, nuestras sinceras condolencias.

EPÍLOGO
A 25 años de su deceso, la figura de don Roberto Autino se agiganta en el recuerdo. El duro acontecimiento que fue su desaparición física puede ser hoy evaluado con la perspectiva que da el tiempo.
La mirada tendida hacia el pasado nos permite aquilatar la grandeza de esta figura, cuyo liderazgo sereno, sabio y firme, aún se extraña en nuestra comunidad.

Publicado en la edición papel de HELVECIA.

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