El diputado coloniense por el Frente Amplio Mtro. Nicolás Viera participó de la misión internacional del Observatorio de la Democracia del Parlamento del MERCOSUR en las Elecciones Nacionales de Perú, a su regreso del país andino, nos deja su visión sobre este trascendental hecho.

El pasado 6 de junio se realizó la segunda vuelta de las Elecciones Nacionales de Perú. A falta de contabilizarse el 0,075% de las actas electorales, el resultado estaría arrojando un claro triunfo del militante social Pedro Castillo (Perú Libre), por la diferencia de unos 40.000 votos, por sobre la ultraderechista Keiko Fujimori (Fuerza Popular).

Las elecciones primarias realizadas en el mes de abril, arrojaron como resultado el pasaje a una segunda vuelta de Pedro Castillo y Keiko Fujimori quienes obtuvieron 19% y 13% respectivamente.

Los 130 congresistas que fueron electos en la primera vuelta electoral se reparten entre 10 partidos distintos. En ese escenario Perú Libre es la minoría mayor lo que determina que el Presidente electo no tendrá mayorías en el Congreso y está obligado a acordar su respaldo político.

Luego de una campaña electoral absolutamente polarizada, desde lo político y también en el plano social, no faltaron los intentos de denuncias por fraude, el ataque resentido contra las autoridades electorales y la puesta en marcha de lo peor que tiene para mostrar la derecha en estos casos: poner de rehén a la ciudadanía generando un cimbronazo en la plaza financiera.

La situación del país

La historia política contemporánea de Perú está sacudida por suntuosos procesos judiciales contra la mayoría de los gobernantes.       Para tener una idea, todos los Presidentes electos del siglo XXI (Alejandro Toledo, Alan García, Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski y Martín Vizcarra) han desfilado por los juzgados como implicados en delitos complejos como la red de sobornos de la constructora brasilera Odebrecht, lavado de activos, corrupción, asociación para delinquir, entre otros cargos que se les imputan.

A esa casta tristemente privilegiada se le suma la tres veces candidata presidencial Keiko Fujimori para quien, este jueves, la fiscalía de Lima ha pedido prisión preventiva, antes de conocerse el resultado electoral oficial.

En los últimos 5 años (2016 a 2021), el país ha tenido 4 presidentes diferentes, tres de los cuales debieron renunciar en el marco de juicios políticos e investigaciones judiciales. Además de los ex presidentes, el 30% de los parlamentarios tienen causas abiertas en la justicia peruana.

La marcha de la sociedad no es ajena a la inestabilidad institucional del país que en muchos casos se condicen con enfrentamientos sociales y étnicos.

Perú tiene marcada a fuego una brecha de desigualdad enorme. A grandes rasgos, la sociedad se divide, entre pobres y ricos (con escasa clase media), entre los capitalinos y los del interior, entre empresarios y trabajadores, entre aborígenes y eurodescendientes.

Tiene enormes problemas en temas cruciales para la vida de cualquier país. La educación pública muestra grandes carencias y está por debajo de la privada en la consideración ciudadana. El sistema de salud ha colapsado por la pandemia y es injusto: el que puede pagar tiene salud de calidad y el que no, vive condenado.

En materia de trabajo y seguridad social el escenario es aún peor. El país tiene en el entorno de 70% de informalidad laboral; abunda la changa y los jornaleros informales.

La campaña electoral y las candidaturas

La campaña electoral estuvo extremadamente polarizada en dos candidatos bien definidos entre la derecha y la izquierda, dejando huérfanos a los electores de izquierda moderada y centro derecha. Si bien esos electores debieron optar, no lo hicieron de manera convencida sino calculada y en muchos casos decisiones signadas por el “anti”: anticomunismo y antifujimorismo.

Keiko Fujimori, la política más avezada de la contienda electoral por ser ésta su tercera candidatura por la presidencia de Perú, logró reunir, de manera alineada, el apoyo de los grandes medios de comunicación, del poder económico empresarial, de la derecha internacional y todas las fuerzas políticas “anticomunistas”.

Todo el establishment a su servicio, incluido el escritor Mario Vargas Llosa (otrora opositor al fujimorismo) y hasta buena parte de la farándula y del seleccionado nacional de fútbol.

Por su parte, el probablemente Presidente electo, Pedro Castillo, obtuvo una amplísima ventaja electoral en el interior del país. Castillo encarnó allí la imagen del Perú olvidado, de la segregación étnica. Fue el reflejo del serrano clásico, fiel representante del movimiento de las rondas campesinas y de los maestros rurales que luchan por salario digno. Castillo, oriundo de Cajamarca – una de las zonas más pobres del país -,  representó la otra cara de Perú que lo testimonió con la consigna “No más pobres en un país rico”.

Castillo logró construir una alianza social amplia en su base, compuesta por maestros, profesores, agricultores, pequeños empresarios, movimientos y partidos de izquierda,  y así poder capitalizar el voto de las grandes masas populares del interior profundo y de rechazo al establishment.

La preferencia electoral en el territorio también estuvo polarizada. Fujimori logró una amplia victoria entre los electores de Lima y del extranjero, mientras que Castillo reunió el respaldo absoluto en el interior del país: el campo, la selva y la sierra.

Los desafíos

Transformar o revertir el sentimiento de desinterés y desmotivación de la gente, tendrá que ser una línea de trabajo del nuevo Gobierno que le permita tener a la ciudadanía como respaldo para los múltiples cambios que pretende implementar.

En ese contexto, Pedro Castillo comienza con esperanza, perspectiva y manos limpias.

El lunes siguiente a la elección se desplomó la bolsa y subió el dólar, como preámbulo de lo que sería un triunfo electoral de la izquierda que ganará basada en gestar un modelo de “economía popular con mercado”. Esto incluye revisar las contrataciones estatales, repensar (a favor del Estado) el reparto de las ganancias empresariales, crear un millón de nuevos empleos, disminuir la informalidad del mercado laboral y fortalecer económicamente al Perú postergado (interior), entre otros aspectos centrales.

Así como en la Economía habrá cambios, también los habrá en otras áreas como las Relaciones Exteriores de Perú. Empezando porque el grupo de Lima se quedó sin Lima y habrá que ver lo que sucede con otros procesos electorales del continente.

Castillo hizo una fuerte apuesta a un cambio Constitucional que cumpla dos objetivos: justicia y unificación nacional; y abolición de los resabios legales del fujimotaro. La correlación de fuerzas en el Parlamento no lo ayudan, pero genera expectativa sobre el apoyo ciudadano que pueda reunir, en un proceso similar al de Chile en su espíritu.

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