Ha comenzado formalmente la discusión del Presupuesto Quinquenal de la Intendencia. Y si bien es probable que algunas de las intenciones sean compartibles, su contenido no refleja ese talante que hubiera inspirado a un Intendente frenteamplista en estos duros tiempos de pandemia, y de crisis.

Las obras previstas son positivas y oponerse a ellas sin ambages supondría terminar enfrentando beneficiarios con beneficiarios, es decir, ciudadanos con ciudadanos. No queremos eso. La realización de majestuosas inversiones en los accesos a Juan Lacaze o Nueva Helvecia, que dicho sea de paso, serán asumidas en un gran porcentaje por el Gobierno Nacional, son la frutilla de una torta que aún no está preparada. Todavía hay barrios que se inundan, vecinos a los que no les ha llegado el bitumen y están a años luz de la carpeta asfáltica. Ni que hablar del saneamiento, que si bien es competencia de OSE, la Intendencia debería poner un ímpetu que a nuestro juicio ha sido demasiado timorato.

Desde el punto de vista de los egresos, se sigue gastando miles de millones de pesos en remuneraciones destinadas a una familia municipal que se expone a las duras injusticias generadas por las compensaciones y complementos que quedan a entera discrecionalidad del Intendente de turno.

Al mismo tiempo, Moreira se pierde la oportunidad una vez más, aunque lo vamos a intentar plantear durante el debate, de corregir las fuertes críticas que ha recibido el régimen de pasantías, una formidable idea generadora de primeras experiencias laborales que necesita regulaciones más precisas.

En tiempos de crisis, la asistencia social debería ser el eje vertebral del gasto público. Las consecuencias del COVID-19 serán devastadoras y esquivarlas sólo provocará más inequidad. Las canastas de acción social y el programa de “viandas solidarias” colaboran, pero son sólo una parte de la solución si lo que se pretende es un combate serio e integral de los efectos de la pandemia.

De cualquier manera, no pierdo la esperanza de trabajar para mejorar algunos aspectos, pensando fundamentalmente en esa gente que nos votó y que al igual que todos los colonienses, tiene necesidades insatisfechas más allá de las disputas partidarias.

De la misma forma, justo es decir que hay cosas interesantes que vamos a destacar y votar afirmativamente. Pero no son suficientes como para teñir nuestra consideración general y transformarla en positiva.

Nuestra mayor aspiración es la de tener un debate a la altura de las circunstancias, asumiendo que podemos tener sensibilidades y perfiles diferentes pero colocando siempre, aún en la más cruel discrepancia, la publica felicidad como centro de la contienda.

Ese será nuestro espíritu. Pero no depende sólo de nosotros.

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