Un apellido entre tantos    

La circunstancia de que apareciera cierto apellido entre los integrantes de la selección uruguaya de fútbol, trajo a mi memoria una agradable charla que tuve hace ya varios años en una casona de la calle Agraciada, en Montevideo.

En mi tarea de investigadora en torno a la historia de los suizos de la otrora colonia agrícola establecida en el departamento de Colonia –hoy, ciudad de Nueva Helvecia–, he tenido muchas entrevistas.

Esa fue para mí inolvidable –y no solo por la amabilidad y disposición de mi interlocutor– sino porque además de relatarme lo que sabía,  sacó a relucir  varios objetos que guardaba como verdaderos tesoros: antiguos implementos de trabajo que habían pertenecido a sus antepasados.

Ellos fueron apareciendo en sus manos a medida que conversábamos.

Su entusiasmo crecía como el mío; él por poder contar, conmovido profundamente, y yo por tener la oportunidad de escuchar a un descendiente directo que disfrutaba con íntimo orgullo de su propio relato.

Ante mi insistencia, algo después lo convirtió en palabras escritas, que iré mostrando por partes, tal como él las escribió.

El pasado en el presente

Ese mismo apellido lo lleva actualmente uno de los jugadores elegidos por el Maestro Tabárez para representar a nuestro país.

Es justo aquel que, con un tiro en el palo en el arco contrario, nos hizo lanzar una gran exclamación a todos quienes estábamos atentos esperando un gol, en el desarrollo del partido entre Uruguay y Bolivia, en Montevideo, el pasado domingo 5 de setiembre.

Como ya habrán adivinado, me refiero a Joaquín Piquerez.

Ese apellido es de origen suizo y le cedo aquí la palabra al antepasado del futbolista:

Soy un descendiente directo de los suizos emigrantes: mi padre, si bien nació en la colonia, era hijo de matrimonio suizo…

Los emigrantes de esa familia fueron tres: el matrimonio formado por Marcellin Piquerez y Marie Constance Philomene, nacida Bilat, y su único hijo Vénuste Anthime.

Era Marcellin de profesión relojero, si bien nunca ejerció en este territorio, dedicándose al comercio y a la granja.

Provenían del Cantón de Berna, de la Comuna de Subey, del District de Saignelégier.

Actualmente ese distrito pertenece al Cantón del Jura (1962). (…)

En el relato oral especificó dónde se hallaba el rancho que levantaron originalmente como vivienda de la familia con los escasos medios de que disponían.

Ya no existe.

Estaba en el predio donde alguien construyó después algo más sólido que aloja, con mejoras, el Museo y el Centro Cultural de Colonia Suiza.

Los detalles

Allí pasaron a vivir mis abuelos cuando contrajeron matrimonio. Se trataba del antedicho Anthime Piquerez y Saintainel Fripp.

Ella era hija de Natale Fripp y Marie, nacida Bernardi, en la comuna de Quinto del Cantón de Ticino.

Marcellin tenía la costumbre de usar una marca a fuego, la cual conservé durante muchos años, con la que identificaba las herramientas de su propiedad.

Dentro de un rectángulo festoneado de una pulgada por media están las iniciales (MP.B). (…)

Cuando nació mi tía mayor mi abuela plantó un nogal que hasta hace unos años lucía sano y esplendoroso sobre el talud que da a la calle.

Un golpe de sangre charrúa lo arrancó para hacer una innecesaria rampa. Los más de 90 años del árbol fueron tronchados de un soplo.

Se conserva un ombú que tiene una curiosa historia.

Marcellin, para el benigno invierno, (su esposa decía que en estas tierras se vivían nueve meses de verano y tres de primavera), acopiaba leña debajo de él y encomendaba el cuidado de ella a un criollo vecino que, según me contaba mi padre, era quien se la sustraía.

Pero granpapa decía que estando a su cuidado era más seguro y mientras tanto, como agradecimiento por su colaboración, le cedía la leña que necesitaba.

El matrimonio de mis abuelos tuvo numerosa descendencia, pero como era común en esa época, la mortalidad infantil hizo sus estragos.

 Sobrevivieron seis mujeres, de las cuales solamente la mayor dejó descendencia, y un único hijo varón: el Dr. Carlos Piquerez Fripp, médico cirujano, padre de tres hijos: María Angélica, Gloria María y el que suscribe.

Fue uno de los hijos más destacados de la colonia, tanto profesional como académicamente, cuyo prestigio trascendió lo local, pasó lo nacional y llegó hasta el viejo continente.

Nunca supe  por qué no es mencionado en los anales de la colonia ni en el nomenclátor de Nueva Helvecia.

Conservo en mi poder la documentación de dichos certificados de nacimiento suizos, contrato de viaje de la familia Fripp, contrato de compra de la parcela de campo, y registro de la marca de ganado, que aun espero recuperar.

Como se puede ver, mi padre sería suizo, pues ambos progenitores lo son, y yo también lo sería, cosa que aun deseo de todo corazón, pero por alguna razón aún sigo esperando que se me lo reconozca.

Espero que esta pequeña contribución a la historia de la Colonia Suiza tenga algún valor rescatable.

Montevideo, jueves, 20 de enero de 2005

Han pasado los años

No puedo ni quiero negar la alegría que me produce saber que entre los jóvenes jugadores actuales de fútbol y defendiendo los colores de Uruguay, se encuentra un descendiente de aquellos suizos que fueron parte del contingente original del pueblo donde nací.

Como parte de ese lugar, como persona dedicada a rescatar su historia, me conmociona, me enorgullece y me obliga a compartir con mis coterráneos y también con quienes no lo son, esta novedad tan placentera.

También me interesa hacerlo con quienes, poseedores de autoridad para enmendar las faltas que tan humildemente señala este sucesor de aquellos colonos, puedan hacerlo de algún modo, en su memoria.

Sonia Ziegler

Maestra e Investigadora – sziegler@vera.com.uy

Montevideo, setiembre de 2021

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