Hace unos años un video de You Tube llamó mi atención.

No era una situación graciosa, un evento deportivo espectacular, una catástrofe natural, ni nada tan impactante o fuera de lo común.

Era simplemente un jovencito, un adolescente jugando al ajedrez.

Ordenaba las piezas, tenía a su lado una botellita de refresco, como si estuviera en el recreo escolar, y esperaba que llegara su contrincante. A su alrededor había otras mesas con  varios hombres mayores  jugando sus partidas de ajedrez. Más lejos, en un tipo de grada elevada, estaba el público entre los que estaban los padres y las hermanas del chico.

Luego de unos minutos, aparece su rival, Gary Kasparov, un “hombre grande”;  campeón del mundo de Ajedrez  entre los años 1985 al 2000 (en dos federaciones distintas), y para muchos uno  de los mejores jugadores de todos los tiempos. Es ruso (o mejor dicho soviético), y dicen que tiene un carácter bastante podrido, no en vano lo apodan “el ogro de Bakú” (su ciudad natal).

Se dan la mano, Kasparov juega con las piezas negras, por lo que pone en funcionamiento el reloj que contrala el tiempo de la partida, y mueve el jovencito con piezas blancas.

Cuando la partida ya se encuentra avanzada, el chico mueve una pieza, se levanta de su asiento y camina entre las mesas de los otros jugadores; a lo lejos orejea la situación otro “tótem” del ajedrez mundial: Anatoly Karpov. Kasparov mira el tablero con signos de evidente preocupación  y contrariedad, hace gestos con su cara, está complicado, no lo puede creer, ese purrete le puede ganar.

Finalmente empatan (hacen tablas); Gary no tiene más remedio que darle la mano al chico, una de las reglas del juego, agarra su saco y se va rápidamente del recinto. Está recaliente.

Desde las gradas los padres del chico ajedrecista están muy emocionados y saludan a la distancia a su hijo.  Su hijo es Magnus Carlsen y tiene solo trece  años de edad. Ya no es una promesa, es una realidad en aquel ya lejano año 2004.

Magnus Carlsen, es noruego y tiene una capacidad innata para memorizar datos e información; así por ejemplo, puede estudiarse la guía de calles de una localidad por la que iban a transitar en automóvil con sus padres. Y cuando llegan a dicha ciudad, Magnus va anticipando el nombre de la calle siguiente que venía en el camino. Un verdadero GPS humano.

Y aquel chico, que ahora 31 años de edad, la semana pasada retuvo el título de Campeón Mundial de Ajedrez “tradicional” por cuarta vez.  Esta vez su oponente fue el ruso Nepomniachtchi (Nepo), con quien disputó once partidas para definir al campeón. Las primeras cinco fueron tablas, y parecía que ninguno se iba a sacar ventaja.

Para tener una idea del nivel de Nepo, podríamos decir, que si Carlsen fuera Messi, su rival sería Cristiano Ronaldo,  es decir que jugaba contra otro jugador de la elite ajedrecista. Pero Carlsen es una bestia, en la partida número seis lo doblega a Nepo, después de jugar durante 7 horas y 45 minutos, constituyéndose esta partida, en la más extensa de la historia de los campeonatos mundiales de Ajedrez.

Y creo que ahí, lo quebró. He jugado como aficionado partidas de una hora y media o dos de ajedrez, y les puedo asegurar que se termina muy cansado, tanto física como mentalmente. Creo que a partir de esa partida Nepo no pudo recuperarse más, Magnus lo superó no solo técnicamente, sino sobre todo emocionalmente.

Lo interesante, es que a ese nivel ajedrecístico, y varios escalones antes también, no basta con  las habilidades que traemos desde la cuna; el jugador tiene un equipo con el que entrena en forma permanente y con las mayores exigencias. No basta solo con tener la memoria privilegiada, de Carlsen, y seguramente también de Nepo, hay que pasar horas y horas dándole a la materia gris. Las partidas se definen por “detalles”, un peón de más, una ventaja de espacio, un alfil “malo”, etc. De hecho Nepo durante un par de años no entrenó full time, ya que era jugador semi profesional de videojuegos y no tenía tiempo, por lo que había caído en el ranking mundial. Cuando volvió a dedicarse exclusivamente a entrenar ajedrez pudo acceder a disputar el título mundial.

Y tal vez esa sea una buena lección para quien quiera jugar ajedrez o dedicarse a cualquier otra actividad deportiva, está bueno ver a un genio en cualquier ámbito del deporte o el arte, pero también está bueno saber que no solo vale lo que traemos en los genes.

Maradona tenía condiciones innatas extraordinarias y únicas, pero también tenía que ponerse las pilas y entrenar a morir antes de un mundial, y gracias a esas dos cosas pudimos disfrutar de un jugador inolvidable. Puse el ejemplo de Maradona, porque me gusta el fútbol, pero cualquier otro rubro cuenta, puede ser Michael Jordan, Alí, Fangio, Hendrix o Van Gogh.

En la opinión de muchos, Carlsen es uno de los mejores ajedrecistas de todos los tiempos, y por lo demostrado recientemente, tenemos Carlsen para rato. Disfrutémoslo.

Por Pablo Abelenda.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí