Para los veteranos, el presente es el pasado que se traduce en secuencias variadas. El ayer es la fuente de energías de un hoy menos potenciado. La biología no detiene el reloj de la vida, la estela de los años transcurridos queda señada en el alma y reconsiderada en la mente, simbolizada por los recuerdos.
Rememorar es la recompensa a lo bueno y no tanto, vertido en un tiempo allanado.
Me viste crecer, trillar junto a tu hermano, “El Torito”. Calles mezcla de barro y polvaredas, Colon, Lasague, la boca calle de la cañada. Fuiste mano y corazón, mirada atenta y protectora, cuidando y preocupada por nuestros momentos. Te recuerdo querido viejo, y perdón por lo de viejo, brindando protección, ayuda, estimulo, eras el guardián de nuestros sueños juveniles.
Vecino, amigo, casi familiar, hombre mayor educando a la gurisada, con el afecto y cariño de un padre para todos. Época feliz, “Chongo”, en la que tu valor humano nos mostraba el horizonte más gratificante. Ingenuidad, inocencia, picardía, viveza y chispa innata, travesuras, rezongos, encarrilamiento. Estaba ahí, ahí.

EL CLUB
Nacimos casi pegados al instituto deportivo que disfrutamos a “piachere”, que sació nuestras ansias, inquietudes y esa adrenalina que nos salía vorazmente piel afuera. Jugaste al futbol con la roja del corazón, pero me dijiste tantas veces, las bochas era tu fuerte. Actuabas con una descomunal capacidad. En lo individual o en tercetos campeonaste a lo loco.
Las uvas del viñedo y bodega Bertotto estaban cruzando el alambrado, las moscatel sangraban un sabor indescifrable. ¡Que gusto!
Jugar a la pelota al lado de una boca algo profunda de agua, de un chorro alargado que cruzaba la calle, significaba momentos inacabados de placer, alegría, compañerismo, disgustos o enojos pasajeros. La vieja gritaba en la oscuridad de la noche ya entrada; “Negro, veni, ya es tarde”.
El ultimo que hace gol gana, dos piedras marcando los arcos, la altura de estos a ojo y una mediana pelota de goma saltarina.
Como un duende, protegiéndonos, sobrevolaba tu presencia tranquilizadora.
Una de las 3 Marías, hijas, me confesó; “Para papá, sus amores eran primero Artesano, segundo la madre, luego la familia.” Todo compactado constituye su vida, la del ayer, la de hoy, la de siempre. 91 pirulos, ¿Qué tal?
Hijos, 6 nietos, bisnieto.
-“¿A Artesano le diste todo, Chongo?”
-“Hasta lo imposible.” Me responde. Tiempo, existencia, bolsillos y al pueblo mucho, ayudas, colaboraciones, afecto a raudales.
-“Por algo te quiere todo el mundo.” Le digo.
Aquellos gurises del barrio te debemos tanta inquietud saldada, consejos, recomendaciones, ese factor humano que necesitábamos y que siempre estuvo para empezar a ser lo que después el destino y nosotros por si, quisimos y pudimos llegar a constituirnos, buena gente, ejemplo que siempre te agradeceremos.
¡Te quiero Chongo!

AMO ESTA CIUDAD
La conocí por los 60, veía todo en Artesano, incluido el basquetbol. Su esposo, grande, musculoso, fue gravitante para la competencia en ese rubro.
Carlos Bernasconi se tomó la nube tempranamente, muy buen jugador, gran tipo. Ella se quedó sola con un pimpollo, hoy una hija adulta de maravilla.
Una nieta y ese sentimiento inigualable por el club y su comunidad.
-“Artesano mi cuna, mi sentir, mi vida, vine a la vida en un hogar rojo, artesanense puro.”
Nancy Autino de Bernasconi. ¿Cómo definirla?
Con palabras, “difícil para sagitario”. Menuda, empática, solidaria, tierna, sensible, una diosa humana. Enfrentó la vida con un voluntarismo sin igual, transformó penas en alegría, estuvo y está en cada latido social.
Su pequeña figura, sus gestos, su forma de ser, son un bálsamo ante cualquier obstáculo adverso. Oxigena cada palmo de dificultades existenciales con el mayor grado de servicio y entrega.
Riega sus plantas, como si estimulara su alma. Está en la cocina, preparando una torta para los muchachos del rojo que juegan este domingo. La comisión de damas la espera esta semana, “Mañana tengo que visitar a una amiga. Cada año nos juntamos los exalumnos de la generación. ¡No escribas de todo esto Jota Erre!”
-“¿Por qué no?” Yo lo necesito, me lo exige mi conciencia, mi estado emocional. Mis sentimientos por ambos.
Ejemplos de vida comprometida.
Hasta Siempre.

Por José Ramos -JOTAERRE-

jose_esteban_ramos_g@hotmail.com

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