El pasado lunes 27 en horas en horas del mediodía y debido a un descuido al tirar un cigarrillo mal apagado, el mítico árbol que sale de la tumba del cacique Feliciano Canepa tomó fuego quedando en las condiciones que se puede apreciar en la toma gráfica.

El comunicado enviado a HELVECIA por la Comisión de la Congregación Evangélica expresa lo siguiente:

“Entre las tantas historias que tiene el Cementerio Evangélico de Nueva Helvecia, está la “historia del árbol del indio”. Aquel árbol que al entrar en el cementerio y realizar una vista panorámica, se encontraba como descolocado en medio del mismo.
Cuenta la historia que Feliciano Corepa, cacique de los Andes, que por 50 años trabajó en la estancia Pichinango, siempre llevaba una bolsita con semillas de un árbol nativo de sus pagos. Cuando falleció el 24 de febrero de 1874, esta bolsita lo acompañó también en su tumba, y al tiempo nació un árbol.
Ahora, cuando uno entra al cementerio y realiza una vista panorámica, ya no verá más este histórico árbol o sólo se encontrará con
restos del mismo.
Por las cámaras con que cuenta el cementerio –cámaras que se tuvo que poner debido a los robos y destrozos sufridos-, se pudo
observar que todo comenzó a raíz de un cigarrillo mal apagado. Debido a las altas temperaturas de estos días, el árbol comenzó a arder y fue necesaria la intervención de personal del cementerio y también de los bomberos.
A raíz de este incidente, rogamos a los visitantes extremar los cuidados. Gracias.”

LA LEYENDA
Nos cuenta la leyenda que el cacique Corepa conocido por su nombre Feliciano, llegó a nuestras tierras allá por las primeras décadas del 1800. Llegó desde los Andes acompañando a ingleses que llegaron a nuestras tierras atraídos por la majestuosidad y abundancia de pasturas.
Se afincan en la zona de Barrancas Coloradas allí muy cerquita donde años después nacería la Colonia Agrícola Suiza Nueva Helvecia. Feliciano convive en la Estancia de los Ingleses junto a sus patrones y demás trabajadores demostrando gran habilidad para las tareas de campo. Es así que se gana la confianza y respeto de todos los que allí convivían. Se habla que gracias a sus conocimientos sobre las plantas medicinales, en un momento dado salva de la muerte segura de la hija de sus patrones y pasa a ser uno mas dentro de la familia aunque siempre mantuvo sus creencias por lo natural y su entorno, las plantas, las aves y su pasión, los caballos.
Ya muy entrado en años el cacique Corepa muere y por méritos propios sus patrones deciden sepultarlo en un lugar de importancia de aquellos tiempos lo cual no era muy común que un aborigen lo pudiese haber hecho, este lugar es nada mas ni nada menos que el cementerio de la Congregación Evangélica de la Colonia Suiza. Cuenta la leyenda que al ser sepultado se llevo consigo unas semillas de un árbol que pasado un tiempo germino desde las propias entrañas de la sepultura y creció para darle sombra y vida a tan generoso personaje que vivió entre nosotros. El árbol que resistió a los embates del tiempo lleva por nombre Almezo y muchos lo llaman el árbol de Feliciano Corepa, cacique de los Andes.

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