Metaverso. Es posible que la palabra nos sea todavía extraña. Sospecho que, queriéndolo o no, en poco tiempo será nuestra y corriente.
Dicen sus biógrafos que nació en 1992 de la pluma del escritor estadounidense Neal Stephenson. La incluyó en una novela de ciencia ficción en la que personas reales, personajes de mitología y creaciones tecnológicas coexisten en tiempo y espacio.
Lo imposible llega. Yo era niño y miraba cómo Batman se videollamaba con sus archienemigos en la baticomputadora de un tamaño descomunal, o con el comisionado de la policía que siempre le pedía ayuda. No sospechaba que medio siglo después no nos asombraría llevar mucho más que eso en el bolsillo.
La palabra «metaverso» surge de la conjunción de «meta» que en griego significa «más allá de…» y el apócope de «universo». Literalmente sería algo que está más allá del universo conocido.
Me lo definieron como un «entorno virtual de tres dimensiones que es parte de un juego de rol inmersivo en línea, mundo ficticio y de realidad aumentada».
Es posible que en unos años el ratón Mickey nos atienda en la caja del supermercado, subamos a un escenario y nos abracemos con John Lennon en pleno recital o nos probemos una camisa en la tienda sin movernos de casa. ¿Qué John Lennon murió? No importa, el tiempo ha dejado de existir.
Estaremos allí como una versión digital de nosotros mismos o una versión virtual personalizada a partir de nuestros deseos.
¿Estoy delirando? Lo sabremos en un par de años si el Señor nos da vida.
Lo que me pregunto es, ¿Cuál es la novedad? Sospecho que tecnología pura.
Nos promete un yo proyectado digitalmente o hecho a imagen y semejanza de nuestros deseos. No hay promesa de cambio. Umberto Eco tituló un libro escrito después del 11 de setiembre de 2001, «a paso de cangrejo».
Así proyectaba el avance de la humanidad en el siglo XXI con semejante comienzo aunque científica y tecnológicamente lo haga a paso de gigante.
Cuando Juan cierra el «Apocalipsis» con la revelación de un «cielo nuevo y una tierra nueva», no ve una realidad paralela, sino un reino que no es de este mundo.
Eso es novedad. Allí suena la exhortación del apóstol Pablo en su carta a los romanos. «No vivan ya según los criterios del tiempo presente, al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir».
Ahí radica nuestra esperanza. Esa nueva realidad nunca vista es la resurrección.

scar.geymonatlarrosa@gmail.com

Publicado en “Cuestión de Fe” del mes de abril de 2022.

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