Un éxito. Un triunfo para el teatro, la Compañía Verdeteatro, Nueva Helvecia y para el Centro Cultural de Colonia Suiza en su propósito. ¿Por qué? No solo porque antes del estreno de la obra El círculo, una historia a tres voces ya se habían agotado todas las entradas y el público las seguía pidiendo sino por la calidad del espectáculo. No soy crítica de teatro ni mucho menos. Soy alguien que disfruta de las expresiones artísticas a la manera antigua: escenario, público y actores y de ser posible que sea algo clásico. Pero como toda ignorante, estoy llena de prejuicios. Cuando me enteré que la obra era una adaptación del “El círculo de tiza caucasiano” de Bertolt Brecht, pensé: “pufff, no voy a entender nada…”

Además es ganadora del Premio Florencio 2019 a la Escena Alternativa. Esto de plano me generó ciertas suspicacias. Muchos de nosotros sentimos que cuando hablamos de algo alternativo, tenemos miedo. Miedo a lo nuevo, a lo que rompe esquemas, a la revolución. Yo soy el caso. Pero aún así, un poco obligada por la responsabilidad de pertenecer a la Junta del Centro Cultural y sacar fotos de los eventos que organizamos, fui. Me senté a ver la obra, cabe reconocer que amplio público era femenino. Entonces aparecieron en escena los tres actores con tres taburetes. Empezaron con sus voces amalgamadas casi a la perfección para mis oídos a contar “una historia que cuenta varias historias… una sobre el amor, sobre la justicia y sobre la familia”. El argumento recrea una revuelta que tuvo lugar en una ciudad apodada La Maldita y que acabó con la vida del gobernador Giorgi Abachivili y la huida de Natella, su esposa. Con un detalle: la madre se olvida del niño llamando Michel. Gruche, una mujer del pueblo lo encuentra y decide criarlo. Cuando la madre vuelve y lo reclama por la herencia, obvio, al juez se le ocurre una extraña manera de resolver el caso. Pone al niño en un círculo de tiza y la mujer que tire más Michel, será quien se quede con él. No voy a contar el final. Pero sí puedo decir que se me cayeron todos los prejuicios.

Aplaudí de pie a estos tres actores que a pesar de la complejidad de la obra de Brecht, lograron hacer algo simple, minimalista, comprensible, con humor y sobre todo con la cualidad que al salir del Centro, nos quedamos pensando en la justicia, el amor y la familia. Si Bertolt Brecht la viera, estoy segura que estaría orgulloso de la adaptación. Porque para él, el teatro podía cambiar al mundo.

lucianademaria@gmail.com – 099 177 809

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