El recinto de Ciudad de México, el más grande del mundo, tendrá que suspender todos sus espectáculos. La empresa y el Gobierno de la capital todavía pueden tratar de impugnar la decisión.

Las corridas de toros se han acabado en la Plaza México. En el recinto taurino más grande del mundo, situado en Ciudad de México, ya no habrá más espectáculos. El juez federal Jonathan Bass ha concedido la suspensión definitiva este viernes tras un amparo promovido por la asociación civil Justicia Justa que considera que el trato “degradante” a los toros viola el derecho a un medio ambiente sano. La empresa Tauro Plaza México, que opera el coso, y el Gobierno de Ciudad de México tienen 10 días hábiles para impugnar la decisión ante un tribunal colegiado. Mientras dure el proceso judicial —que puede alargarse meses—, las actividades quedan paralizadas.

En una resolución sin ambigüedades, Bass perfila una decisión “que beneficia a toda la sociedad”. “La concesión de la suspensión definitiva no vulneraría el orden público ni afectaría el interés social sino que, por lo contrario, permitiría que las autoridades ejercieran sus facultades legales para evitar la contravención al derecho a un medio ambiente sano que ocasiona la muerte injustificada, los tratos crueles y los sufrimientos innecesarios de los toros de lidia”, se lee en el documento, que añade: “Bajo esa lógica, lejos de constituir una afectación a la sociedad, generaría un beneficio no solo a las partes del presente juicio sino a todas las personas que vivan en la Ciudad de México y su entorno adyacente con independencia de la postura ideológica que profesen acerca de las actividades taurinas”.

En una sentencia de más de cincuenta páginas, el juez federal desgrana el lenguaje taurino y detalla uno por uno los daños emocionales y físicos que experimentan los toros durante las corridas. Se basa en un documento de la PAOT, el órgano de protección animal del Gobierno de Ciudad de México, y en la resolución de un tribunal federal que describe “el dolor excesivo y agónico que culmina con la muerte por hemorragias severas o paros respiratorios”.

Después de dejar probado que es “una actividad recreativa en la que se lastima, se tortura y finalmente se mata a un animal”, Bass resuelve: “La sociedad se encuentra interesada en que se respete la integridad física y emocional de todos los animales porque son seres vivos que conforman los ecosistemas y que, por consiguiente, contribuyen con servicios ambientales que resultan esenciales para el ser humano”. También nombra el “valor intrínseco que tienen todos los animales en tanto seres sintientes, incluidos sin excepción alguna los toros de lidia” que está protegido en la Constitución de Ciudad de México.

FUENTE: EL PAÍS MÉXICO.

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