Detrás de historias importantes de instituciones capaces de perdurar, consolidarse y aun desarrollarse con el paso de las décadas, hay siempre gestiones personales de relieve. No una, sino varias personalidades, alternándose en el tiempo, hacen posible la concreción de trayectorias brillantes como la de los Rojos de German Imhoff.
Múltiples son los recuerdos que surgen en cuanto a nombres íntimamente ligados a Artesano. Hombres que en el plano deportivo, elementos de jerarquía en el basquetbol, institucional o social, le dieron al club impulsos fundamentales en distintas etapas de su vida.
Imposible nombrarlos a todos sin caer en el error de alguna omisión o de no destacar lo suficiente a alguno de ellos, pero entre esta gente a elogiar, para que perdure en la fundamentación histórica de reconocimientos, no podemos dejar de recordar a un señor con mayúscula, con ribetes dorados, Don Roberto Autino.

UNA PERSONALIDAD MULTIFACÉTICA
Durante decenas de años de un pasado siempre a tener presente, Don Roberto Autino estuvo ligado íntimamente al Club Artesano. Desde su adolescencia, como deportista cabal, integro, capaz de darse con plena dedicación a los colores queridos, pero siempre manteniendo su proverbial caballerosidad, su bonhomía tan tradicional en los rectángulos de competitividad.
Un coloso en la lucha deportiva, supo, sin embargo, equilibrar su exuberancia física con la correlativa técnica avanzada. Ímpetu triunfador y temple magnifico, con la corrección y la hidalguía, marcando en toda ocasión una corrección envidiable.
Eran los finales del año 50, principios de los 60 ¿cómo no recordarlo? Fue así, creciendo una imagen respetada y querida por compañeros y adversarios, en una de esas trayectorias que se cierran con lo mas preciado que deja el deporte, la cosecha extensa de amigos verdaderos.

LA VALÍA DE SU APORTE
Pero al abandonar los calzados deportivos, no había dado aun lo mejor que tenia de sí para la institución querida. Vino luego el aporte mas significativo, como secretario, como dirigente, como consejero, como alentador, impulsor, como colaborador incansable.
Este es el inolvidable Autino especialmente a subrayar, un hombre con un espíritu de trabajo incansable, ofreció miles de horas de labor, robadas al descanso y a la familia.
Dirigente lúcido e inteligente, capaz de tomar la decisión justa en el momento adecuado. Gestor de inquietudes que acompaño con ahínco. Un conductor humilde, tomando el timón o asesorando a quien lo tenía.
Todas estas cosas que muchas veces se dicen cuando ya el destinatario no puede oírlo, lo quiero plasmar en estas líneas, porque a pesar de la vida, existen reconocimientos que deben estar en la mente y el corazón eternamente.

MI EXPERIENCIA
Lo conocí, lo traté, me impactó su ser. Lo veo en la caja de un camión relatando una prueba ciclista en la región, para la radio.
Un maestro de la existencia, dando ejemplos que jamás desaparecerán de mí.
Vino por el 71 Peñarol capitalino a concentrarse al Hotel del Prado, ahí entrevistamos al técnico aurinegro, el ex fenómeno Juan Eduardo Hohberg, junto a Ramon Morales, un entrañable compañero radial y con Don Roberto.
Nunca habrá olvido, con fuerte emoción rescato, como todo viejo, este recuerdo.
A sus hijos, Rafael, Fernando, Robertito, mirando desde una estrella, a su compañera Nancy, vaya esta dedicatoria evocativa con hondo sentimiento afectivo.
Don Roberto falleció en 1996, desde ese momento paso a ser una leyenda, que sigue desde el infinito alumbrando la vida cotidiana con su vida ejemplar.

Hasta Siempre.

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