Chaparrón Bonaparte, aquel entrañable personaje de la saga de El Chavo del 8, tenía razones para sospecharlo. Tenemos las nuestras quienes habitamos esta normalidad nueva, que de tan parecida a la anterior asusta Elon Musk, considerado el hombre más rico del planeta parece que cometió una estafa que podría llevarlo a la ruina. Así dicen los titulares de prensa tan altisonantes como poco creíbles. Lo que llaman su ruina económica podría ser la pérdida de unas decenas de miles de millones de dólares; casi un vuelto de panadería. Su fortuna, según esta información, se estima en 217.000 millones. No me dio la calculadora para escribir la cifra e intentar algún cálculo, la cabeza mucho menos.
Pero como le resultaba poco inventó «dogecoin», una criptodivisa por la que fue denunciado de generar una «estafa piramidal» que le ha generado una demanda por 258.000 millones de dólares. Quedaría sin nada y debiendo. No será para tanto.
Más allá de las fortunas y adversidades de una persona que oscila entre la realidad y la ficción, es un botón de muestra del mundo que somos. Me enteré por Zylas Mozkas en «Cuestión de fe» de abril, que desafió a Vladimir Puttin a disputarse Ucrania en una lucha cuerpo a cuerpo. Después de todo son los dueños del mundo.
Sospecho que la gente anda diciendo que tú y yo estamos locos.
Y en ese espejo nos miramos. Nos devuelve la imagen de una civilización que valora al dinero como el fin y hasta razón de ser de su existencia. La mayor realización del ser humano es la acumulación de dinero como sucedáneo de una eternidad que no puede lograr. Claro que la meta espera por muy pocos, cada vez por menos.
Cuando el apóstol Pablo, hace casi dos mil años, le dice a su joven ayudante Timoteo que «el amor al dinero es la raíz de todos los males» decía una de esas verdades de cuyo alcance no sé si sospechaba. Esa búsqueda del enriquecimiento sin límite ni lógica ninguna más que la que el propio dinero sostiene, nos lleva a la ruina. Por amor a ese «poderoso caballero», se esquilma la tierra, se contamina el agua, se hace irrespirable el aire, se vuelve enemigo al sol, se hace imposible la vida, la ajena y la propia. Sufrir hambre rodeado de oro fue la tragedia del rey Midas.
«Donde está vuestro tesoro, está vuestro corazón» dice Jesús a la comunidad de los discípulos. Porque sabemos que hay quienes luchan por el tesoro de la vida, es que hoy tenemos esperanza.

Publicado en “Cuestión de fe” del mes de julio, 2022.

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