Mis primeros recuerdos de una sede judicial son de la enrome casona del viejo Juzgado Letrado de Rosario, que estaba ubicada en pleno centro de la ciudad, frente a la plaza Benito Herosa.

En edad escolar aún, acompañé varias veces a mi padre a esa casona a la que se ingresaba por un zaguán bien alto, se continuaba por un largo pasillo, ladeado por dos o tres despachos, el cual desembocaba en un gran patio interior con claraboya, donde te frenaba la baranda de la sede. Si era invierno estaba encendido el “sistema de calefacción”, es decir, una estufa a querosene SOLMATIC emanando sus gases tóxicos, que se elevaban y salían por algún vidrio roto de la claraboya. Sobre la baranda una vieja máquina de escribir UNDERWOOD, y detrás de ella un tipo larguísimo.  Es el Flaco Reisch.

El flaco, es la contracara del funcionario público ineficiente que a veces encontramos en algunas oficinas, ya que cumplía a cabalidad su tarea. Nunca tuvo un expediente encajonado, nunca estuvo atrasado en sus tareas, nunca dejó de atender a alguien que se paraba del otro lado de la baranda. No derrochaba risas, pero tampoco se enojaba o molestaba si le pedías un expediente que estaba en la otra punta del juzgado.

Esa primera imagen fue de mi época escolar, después hice los seis años de liceo, facultad, me recibí y al año empecé a trabajar en Valdense, siendo el Juzgado Letrado de Rosario el competente para los asuntos de “mayor importancia”, por lo que empecé a ir semanalmente al mismo.

Y ahí seguía el Flaco Reisch, ahora como Alguacil de la sede. Una tarea para nada ´fácil ya que el Alguacil es el funcionario que tiene que hacer cumplir las órdenes que imparte el juez, tales como intimar a un deudor el pago de una deuda, hacer el desalojo de una vivienda o realizar el embargo y secuestro de un bien; sería algo así como el brazo ejecutor de la justicia. Y Reisch cumplió también con esta delicada tarea, con su serena templanza, hasta el año 2002 cuando se retiró con 70 años y 6 meses de vida para jubilarse, luego de 58 años de actividad laboral ininterrumpida. Todo un récord.

Pero no es el único récord que detenta el Flaco Reisch, ya que fue secretario de la Liga Helvética de Fútbol durante 62 años, también en forma ininterrumpida. Y durante muchísimo tiempo no solo cumplía las tareas de secretario de actas sino que el living de su casa oficiaba de lugar físico de la mentada secretaria; y allí entre archivadores y carpetas fue mi primer (y único) fichaje como jugador de fútbol, cuando con trece años ingresé en los archivos de la Liga Helvética como “hábil” delantero del Atlético Valdense (bueno, creo que lo de hábil no figuraba en el carnecito). Me llevó el Fogata Pearce, con otros compañeros y allí mismo sentado en un sofá de la casa del Flaco estampé mi pulgar derecho y dejé dos fotos carné en blanco y negro con mi rostro aún infantil. Estaba todo muy ordenadito, pero supongo que la esposa del flaco no debía estar muy contenta con la situación ya que aquella habitación se había transformado en un living – oficina.

Pero Reisch también se las ingeniaba para tener otra “changuita” en sus tiempos libres, ya que paralelamente trabajaba como secretario de actas de la Sociedad de Fomento Rural de Colonia Suiza. Actividad que continúa desarrollando hasta la fecha, desde hace más de 28 años, asentando con certeza y rigurosidad en las actas, las resoluciones de la Comisión Directiva y Asambleas de la institución en letra manuscrita.

Hace un tiempo el Maestro Oscar Tabárez fue reconocido por el GUINESS como el entrenador que más partidos ha dirigido a una selección en el mundo desde que existen las selecciones de fútbol.

No sé si el flaco tiene el récord trabajando como funcionario judicial, o como secretario de la Liga Helvética de Fútbol o como secretario de actas de la centenaria Sociedad de Fomento Rural de Colonia Suiza; si me apuran diría que para los dos últimos casos difícilmente le puedan sacar el cetro.

 Pero estoy seguro que tiene un récord difícil de empardar.

Hoy día uno de los problemas que existen en el ámbito laboral es el ausentismo, el cual se da tanto en la actividad pública como privada, y no diferencia entre jóvenes, maduros o viejos. Es parejita la cosa; los registros que lleva el B.P.S. dan cuenta de un importante aumento de las licencias por enfermedad en los últimos diez o quince años. En algunas empresas incluso se paga una prima por “presentismo”, un incentivo de dudosa justificación ya que se paga un complemento por lo que se supone que debe hacer cualquier empleado, como lo es concurrir a trabajar.

El flaco Reisch, seguramente nunca recibió ningún premio como “empleado del mes”, ni su foto se colgó en una pared del Juzgado Letrado de Rosario, pero al menos podrían haberle dado un diplomita que acreditara su insuperable “presentismo” ya que durante los 58  años que prestó servicios para el Poder Judicial en forma ininterrumpida, faltó tres veces: cuando murió su padre, cuando murió su madre y cuando murió su hermana.

¡¡Feliz cumple número 90 querido Arnoldo “Flaco” Reisch!!

abelendabonnet@gmail.com

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