El Dr. Carl Brendel fue un alemán nacido en Bavaria que practicó Medicina en Montevideo desde 1867 a 1892. En este último año retornó a su madre patria para no volver más al Uruguay. El relato original, que fue escrito por Brendel en alemán, fue traducido al castellano y publicado como libro en el 2010 bajo el título “El gringo de confianza. Memorias del médico Carl Brendel, en el Río de la Plata” por el Dr. Fernando Mañé Garzon y Ángel Ayestarán. Su relato de dos días de viaje en diligencia está tan bien descripto por Brendel que los dejo con sus propias palabras.

“El 7 de abril (1870) fuimos a la Colonia Suiza, a las 5 de la mañana, en compañía de Thomas Lederer (quién estableció en Nueva Helvecia una fábrica de bebidas alcohólicas). Nos llevó un coche fuerte, grande y sólido (diligencia), pero nada lindo ni cómodo. Tenía capacidad para 10 personas. Un delantero, con un cinto de ensillar unido a la barra de conexión y los caballos al galope unos 8 pasos delante; después siguen 2 caballos adelante y 4 uno al lado del otro, a la derecha e izquierda del eje. En la cabina está el conductor, el Mayoral, con un muchacho como ayudante. El vehículo tiene los asientos en forma longitudinal, de modo que uno se enfrenta con los pasajeros. Solo se puede llevar muy poco equipaje, el que está cargado sobre el techo del vehículo. En los asientos y en el piso hay diarios, paquetes y correspondencia… Quienquiera toma un atado de diario y se pone a leer”.

COMIENZA EL VIAJE
“Después de haber pasado los primeros valles, empezó a llover y los caminos se hicieron más intransitables. Donde los carros de 2 ruedas tirados por bueyes transitan, se forma una ancha faja negra sobre el suelo del humus a través del pasto y pronto está la calle. No hay una mano que ayude a vencer los obstáculos de la naturaleza… Después de muchas dificultades llegamos a la ciudad de Las Piedras… y más difícil aún fue llegar a Santa Lucía a orillas del río del mismo nombre. Es un lugar importante de veraneo y también como fuente de agua para Montevideo, pues de allí hay un ducto (hecho por los ingleses) que lleva el agua a la capital”.

“Muchas veces tuvimos que cambiar de caballos”. En las paradas de relevo se dejaban los caballos sueltos para que descansaran y buscaran donde pastorear; no existían establos, ni cuidadores que los alimentaran. Cuando era hora de seguir camino el Mayoral elegía los caballos que quería, los enlazaba con el lazo, los llevaba a la diligencia donde les ponía el arnés y las riendas. “Después de un buen desayuno continuamos por las colinas y los caminos bastante embarrados y vadeamos los ríos y sus orillas pantanosas, siempre al paso y al galope cuesta arriba. En Mataojo… la orilla era tan empinada que hasta el más valiente de nosotros tenía miedo. El Mayoral comanda al delantero con absoluta seguridad, le indica la dirección para evitar la caída y el estancamiento… Ahora el agua subía en el coche hasta un pie de altura. Los caballos en parte tienen que nadar. Todos encogimos las piernas. Pronto nos vemos en un profundo pozo, y pronto una elevación, un bloque de piedra, de modo que la inclinación del coche nos ofrece bastante “entretenimiento”. En el medio del peligro de la corriente Brendel observa cómo el Mayoral en forma decisiva se sube al eje, que estaba bajo agua, para cambiar el caballo delantero por otro lateral más obediente. “Habíamos salvado la correspondencia y los diarios de caer en el agua. Finalmente, las grietas, los latigazos y los gritos del Mayoral hicieron que los valientes caballos nos volvieran a terreno seco y al correr cuesta arriba el agua se escurría del coche por su parte trasera”.

COLONIA SUIZA
“Cruzamos un puente arbolado para llegar a San José. Bajamos al galope y una piedra en el camino hubiera bastado para que cayéramos en el abismo… Bajamos en una posada de un piso. Las habitaciones y la mesa eran agradables… Nos acostamos temprano y ya a las 4 de la mañana nos levantamos y seguimos viaje en la oscuridad, no sin haber tomado antes una buena taza de café con leche… Después de 2 paradas vimos los primeros ranchos, primeras casas de un piso de los colonos, con bohardillas, ubicadas en parte en las colinas y en parte diseminadas hacia el plano valle del Rosario. Lederer me mostró algunas casas cuyos dueños me eran conocidos… Ahora nos hallamos en la “Administrativa” (La Administración), el edificio principal de la colonia. Tenía un aspecto agradable, rodeada de jardines y árboles. “Nueva Helvecia” decía en el frente principal. Que tiene un patio central cuyo techo plano descansa sobre 2 columnas de piedra”.

Brendel describe a Colonia Suiza. “En unas pocas millas cuadradas, se construyeron algunas docenas de granjas, por aproximadamente 2/3 de suizos alemanes y 1/3 de alemanes y algunos tiroleses”. Una vez en Nueva Helvecia, Brendel evitó visitar al Dr. Steiner, debido a que no era muy respetado por su alcoholismo. Por otro lado, visitó a otras figuras claves de la colonia como fueron los hijos de Helbling, …”mi propietario y deudor de hipotecas. De modo que tuve una impresión tranquilizadora por la seguridad de mi préstamo”. Visitó la propiedad de Lederer detrás del jardín de La Administración. “Me sorprendió por su tamaño y el orden que allí reinaba. La vivienda es amplia y cómoda. Al lado del depósito redondo de la fábrica de vinagre, hay un lugar para depositar las provisiones. Baumgarten, quién antes estuvo con Wolff, está cómodamente instalado. De noche fuimos a la propiedad del amigo Quinke”. Fridolín decía que como agrimensor tenía poco trabajo, estaba aquí con su numerosa familia, era casado con una oriental de una familia de Blancos. Le contó a Brendel la intranquilidad causada en la colonia por el Colorado Flores, quién fue luego dictador y terminó asesinado. “Al día siguiente vino Fridolín a caballo, para llevarnos a lo de Fischer (Federico), un matrimonio mayor de suizos, que tenía lo que se llamaba una pulpería”. En 1870 Fischer no habla edificado todavía el Hotel Suizo. “Al día siguiente pasamos la mañana en lo de Lederer, y de allí nos fuimos todos juntos a visitar al cervecero Völkl, (Volker) oriundo de Stuttgart, que tenía plantaciones de algodón, chacra y cervecería… Otro día visité a Wullich, el maestro de la escuela, y también a otros colonos”. De Colonia Suiza Brendel siguió viaje a Rosario.

La historia del viaje del Dr. Brendel a Colonia Suiza nos ofrece una ventana al pasado, mostrándonos una época en que un viaje de Montevideo a Nueva Helvecia era toda una odisea. Fue mi abuela Marieta Bratschi de Ettlin la primera persona en contarme de niña los riesgosos que eran los viajes a Montevideo, era toda una aventura que podía durar de 2 a 4 días. La duración dependía de la época del año, el clima y el estado de los arroyos y las cañadas. Si llovía, el Mayoral se veía obligado a usar caminos más largos para evitar las crecientes. Fue recién cuando la vía del tren se extendió de Rosario a Nueva Helvecia en 1897-98 que los viajes a Montevideo se hicieron más cortos. Luego la construcción de la ruta uno hizo posible que los viajes duraran menos de 2 horas.
Doy gracias al Sr. José A. Bisso, quién me informó sobre la existencia del libro “El Gringo de confianza”.

  • Foto ilustrativa de la época en la colonia suiza.
Por Marice Ettlin Caro – marice.caro@gmail.com

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