Mañana domingo Nueva Helvecia tendrá una visita de lujo en cuanto a las artes marciales se trata, aquí estará presente Carlos Marino, campeón del mundo de la Asociación Americana de Kickboxing.
Marino, uruguayo de 44 años y quien tiene su academia en Montevideo, fue contactado por el profesor Manuel Solares, quien está al frente de Fighting Club Nueva Helvecia Martial Arts, academia que funciona actualmente en el Centro Helvético de nuestra ciudad, para dictar un seminario sobre kickboxing y K-1.
En el mismo se entrenarán técnicas de sparring como desplazamientos en el ring, métodos de pelea que han llevado al éxito al campeón, entre otras cosas. Además se le entregará un diploma a todos los que concurran.
El seminario tendrá una duración aproximada de 2 a 3 horas y comenzará sobre las 13 horas de mañana domingo. Los interesados pueden comunicarse al 099 236 372.
LA PALABRA DEL CAMPEÓN
HELVECIA dialogó telefónicamente con Carlos Marino quien nos dijo que “está bueno que se salga un poco de lo común, del fútbol o el básquetbol”, como forma de alentar a más personas para que prueben una actividad diferente, muchas veces estigmatizada.
En el seminario “trataré de trasmitir un poco a los chiquilines lo que han sido estos años de entrenamiento que me llevaron a conseguir varios triunfos” expresó Marino.
El deportista comenzó a entrenar artes marciales con 10 años y luego pasó por varias disciplinas hasta llegar a la actual, el kickboxing, que le ha dado muchas alegrías.
Como mencionamos anteriormente, consiguió un título mundial que fue el año pasado, en la ciudad de Moreno, República Argentina.
Allí nos contó que “se me dio la posibilidad de ganar luego de dos años compitiendo, me preparé física y mentalmente, quería el título y pude ganar lo traje”.
Para Marino el kickboxing en Uruguay “ha tenido una movida importante durante los últimos años, se ha hecho conocer aunque todavía le falta trascender más, que sea más difundido” y agregó que “tenemos muy buenos atletas compitiendo a nivel internacional, es un deporte que es mucho más que tirar piñas y patadas, hay disciplina, conducta y ayuda a los chiquilines a agarrar autoestima y confianza”.
Gracias a este deporte “van a aprender las obligaciones y cuando digo eso es a tener conducta en lo que hacen, sumar ganas, estar bien físicamente, mentalmente y espiritualmente, les enseñamos a ser compañeros, educados, respetuosos y ayudarse entre ellos”.











