¡Qué disparate! me dijo. Íbamos por la vereda caminando casi a la par. En realidad se lo dijo a la persona que estuviera al lado, o a ella misma; que haya sido yo es un detalle aleatorio.
El jovencito, con una agilidad de la que ambos hubiésemos sido incapaces aunque tuviéramos cuarent años menos, saltó del contenedor de basura y quedó parado frente a nosotros. “Buenos días” nos dijo, y siguió caminando mientras masticaba un pedazo de pan.

Esa aparición, como si fuera un conejo de la galera, me dio cierta espontánea gracia. Si no hubiese sido por la tristeza inmensa que es que alguien de entre nosotros busque comida en la basura, nos hubiéramos reído.

¡Qué disparate! Nuestro diálogo terminó sin empezar. ¿Cuál era el disparate? ¿Tamaña agilidad?
¿Qué nos diera flor de susto cuando casi nos cayó encima? ¿Qué dejara basura tirada en la vereda? De todas las opciones me quedé con la que no dije.

El verdadero disparate no es que haya salido de un contenedor de basura, sino que haya entrado. Disparate es que haya gente que viva de lo que los demás tiran. Disparate es que al fin y al cabo ésa es la ley del derrame que en países desarrollados, en vías de desarrollo y eternamente arrollados, hay quienes proclaman como válida y hasta justa. Soy hombre de bien. Comí, sobró, lo tiré y entonces alcanza para otros. “Hasta los perros comen de lo que cae de la mesa de los hijos” le dijo Jesús a la mujer sirofenisa.

Hasta este muchacho come de lo que tiramos a la basura pensé. Tenía que saltar él para que a mi asombro le sonara el despertador.
La costumbre es como un canto de cuna para la conciencia. Nos parecen disparates las consecuencias porque a las causas nos hemos acostumbrado.
“Mi reino no es de este mundo”. La respuesta de Jesús a Herodes abre un camino no transitado. Si fuera de este mundo llamaría a sus ejércitos y la historia seguiría moviéndose en círculo como el perro que se persigue la cola.
El compromiso con ese reino que vive por la porfiada esperanza de la fe, empieza el día que podemos decir ¡qué disparate que alguien coma de la basura!, ¡qué disparate la industria armamentista! ¡qué disparate que hablemos de crímenes de guerra y no de la guerra como un crimen! y hasta le demos cierta legitimidad como forma de dirimir conflictos. ¡Que disparate que pocos mucho y muchos nada no sea casualidad! ¡Qué disparate que alguien diga que hay que generar más pobreza para que después la riqueza crezca y sea la luz al final del túnel! Y capaz que alguien sueña con más comida en los contenedores. ¡Qué disparate!

“Venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad” oramos con convicción cuando nos convencemos de que el nuestro es un disparate. Y a la obra ofrecemos nuestras manos.

Editorial publicada en la edición del mes de abril de ESTE Periódico Valdense.

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