“Nosotros tenemos una ley, y según esa ley debe morir” (Jn 19.7)

Cuando mandan a un acusado a la corte, le presentan el cargo, basado en artículos de ley bien definidos. Si se logra probar que el acusado violó uno de ellos, se le condenará: Tenemos una ley, y según esa ley debe morir.

Pero, ¿qué pasa si el fallo está basado en una ley que se debe considerar como injusta en sí misma? El Nazareno fue inocente. ¿Cómo puede el Poder Judicial ejercer su poder justamente? Para responder a esta cuestión, el filósofo de derecho alemán Gustav Radbruch elaboró la “fórmula Radbruch” en 1946. Según ella, una ley debe ser considerada como invalida si es “tremendamente injusta”. Es solo por esta razón que fue posible condenar los crímenes de dos dictaduras alemanas – dado que ambos los Nazis y los Comunistas siempre cumplieron con la ley escrita. Y también es por esta razón que el estado de derecho moderno reconoce la necesidad de contar con una Corte Constitucional. A pesar de que nadie la vota, esta corte está obligada al bien común y a protegernos ante el estado cuando él vuelva a permitir que ocurra “injusticia tremendamente injusta”.

Vivimos en un tiempo en él que la extrema derecha en todo el mundo está intentando limitar la independencia de las Cortes Constitucionales, poniendo en peligro la democracia misma. Vivimos en un tiempo en él que representa un delito poner una flor debajo de un memorial en algunos estados del mundo, mientras que los poderosos de estos estados se atreven a llamar “cristiano” lo que están haciendo. Por lo tanto, estas Pascuas nos servirán bien para recordarnos que sí existe una justicia más allá de la ley escrita y que todos dependemos de ella.

Recordando esto, las Pascuas también llegan a cuestionar el cristianismo mismo. “Deus vult” – “Dios lo quiere” – así llamó la iglesia de la edad media europea la cruzada. Decir que “Dios lo quiere” siempre viene con un cierto peligro, porque en muchas ocasiones históricas se demostró que detrás de la declarada “voluntad de dios” se esconden nada más que los puros intereses de poder de un élite pequeño, negando su responsabilidad para el rebaño de ovejas bajo su custodia. Las flores en Rusia nos lo hacen memorar. Tenemos una ley, y según esa ley debe morir – hasta hoy en día, muchos se añaden al coro fariseo, con más fe en sí mismo que en dios. El papa Francisco los llamó “tirando piedras con versículos bíblicos a la gente”.

El contraste a estas piedras se presenta en esta “buena noticia” (griego “euangélion”) de Pascuas: la piedra desapareció, el condenado a muerte vive, la justicia triunfa arriba de la ley. Celebremos pues estas Pascuas como fiesta de alegría, no de tirar piedras. ¡Felices Pascuas!

Jan Doria colabora con HELVECIA desde hace varios años, actualmente se dedica a la investigació de Ética digital, narratología, análisis de medios, digitalización y sostenibilidad, ética de la IA, en la Stuttgart Media University.


doria@hdm-stuttgart.de

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