“El último Don” es una novela negra escrita por el formidable Mario Puzo (1920-1999), escritor estadounidense descendiente de italianos, conocido especialmente por su obra maestra “El padrino”.
Aquella narración refiere a la historia de la última gran familia de la Mafia, los Clericuzio, que controla los negocios de Las Vegas y de Hollywood. Un día, tras cometer el acto más salvaje y vil de su existencia, Don Domenico, el avejentado jefe de la familia, decide que sus descendientes vivirán ajenos a la carga criminal.
En ese marco advierte: “El pasado es pasado. Nunca vuelvas atrás, ni para buscar pretextos ni para buscar justificaciones o felicidad. Eres lo que eres y el mundo es lo que es”. El apotegma sencillamente define que lo que importa es el aquí y el ahora, que el pasado no puede modificarse y que lo demás son sólo excusas,
Y eso parecen haber entendido los ciudadanos de Colonia del Sacramento el lunes de la presente semana.
Tal vez por haber leído a Puzo, posiblemente por sentido común.
Quizás parecería exagerado expresar que la amplísima mayoría de los comercios colonienses respondieron favorablemente a la convocatoria de cierre parcial y movilización contra los episodios de inseguridad que tienen lugar en la capital departamental.
Pero no lo es.
Es la realidad. Fueron decenas, cientos los comercios y empresas que, convocados por los propios comerciantes, cerraron sus puertas, e innumerables los ciudadanos que caminaron, protestaron y se indignaron ante el brote de violencia que en los últimos meses ha sacudido a la históricamente tranquila Colonia del Sacramento. Los vecinos admiten tener temor, sentirse inseguros y desprotegidos por los poderes públicos. 

La rapiña a mano armada registrada en los últimos días en una joyería, de la que participaron cuatro individuos entre ellos un funcionario policial de la Jefatura de Colonia -sí, en teoría el encargado de cuidarnos- parece haber sido el disparador de una situación que desde junio del año pasado, particularmente en la capital departamental, venía teniendo una escalada palmaria a la que la Policía se le dificultaba ponerle límites, y que, si bien en la actualidad afecta, en mayor o menor grado, no sólo a todo el departamento sino a todo el país, históricamente fue ajena a la afabilidad, tranquilidad, sosiego y serenidad de Colonia.

Nuestro departamento ha sido un remanso de trabajo, abnegación, esfuerzo, sacrificio, brío, voluntad, responsabilidad, paz y tranquilidad. Con las características propias de cada terruño, así ha sido en todas las localidades, sin distinción. Y los escasos episodios de violencia, crimen, transgresiones, quebrantamientos o delitos que hasta ahora había habido en todas ellas, invariablemente han sido la excepción.
Por ello es que este lunes comerciantes, profesionales, amas de casa, estudiantes, jubilados, trabajadores dependientes e independientes se unieron ante lo que ya consideran una situación insostenible e inadmisible, y a través de una proclama expusieron la situación e hicieron a las autoridades un reclamo tan simple como racional: o cumplen con su deber o renuncian.
Claro. Lapidario. Categórico.
Pero lógico, viniendo de parte de quienes están (estamos) hartos de la indolencia, las evasivas y los subterfugios para eludir sus obligaciones de parte de algunas de las autoridades del Ministerio del Interior que se consideran poco menos que inamovibles y que han mostrado en la práctica que el cargo en el que las han impuesto les queda demasiado grande.

Los episodios delictivos ya tuvieron lugar, los errores ya fueron cometidos, y las soluciones no fueron encontradas a tiempo. La prevención no funcionó.
La situación amerita una modificación sustancial y trascendente en la manera de enfrentar el delito en el departamento de Colonia.

El ministro Eduardo Bonomi y las propias autoridades de la Jefatura de Policía de Colonia han afirmado que se ha mejorado el equipamiento y la tecnología para prevenir y combatir el delito, que se ha adquirido mejor armamento, que se ha aumentado la flota vehicular (aunque no es blindada), que se cuenta con combustible suficiente para la misma, y que se ha incorporado tecnología de punta en la Policía Científica. Además Bonomi reitera, cada vez que tiene oportunidad, que hoy el Ministerio del Interior cuenta con un presupuesto adecuado que se ha cuadruplicado en pocos años.
¿Qué sucede, entonces?
Evidentemente, se gestiona mal. Se gasta inadecuadamente y se invierte inapropiadamente. No hay otra respuesta.
La paz social que se reclama desde todos los rincones es imposible de lograr con las actuales directivas a la Policía, con el muchas veces ambiguo accionar del Poder Judicial y con el oficialismo en el Poder Legislativo negándose a adecuar viejas leyes y a aprobar nuevas.
Los pretextos ya cansaron.
Es hora de cambiar.
De forma categórica, a través de la lectura de una proclama divulgada en la explanada de la Intendencia -que tampoco es ajena a este tema, ya que tiene responsabilidad a la hora de ampliar el alumbrado y de fiscalizar el tránsito y el mantenimiento en buenas condiciones de higiene de los terrenos baldíos donde muchas veces son arrojados los efectos robados, entre otras tareas- los vecinos expresaron que están decididos a enfrentar a la delincuencia en aras de mantener una ciudad y un departamento cuyos hábitos de convivencia han trascendido los límites del mismo.
Nadie va a ceder terreno ante los delincuentes.
Eso quedó bien claro.

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