En la vida, de las personas o de las instituciones, muchas veces hay situaciones que son una marca, como un mojón que queda fijado como una marca indeleble, a partir de un hecho o suceso único.
Y en la vida del Club Atlético Colonia Valdense, ha habido muchos momentos importantes o claves, a partir de los cuales muchas cosas cambiaron, ya fuere para bien o para mal
Pero para las hinchas del Atlético cuando dicen 13 de agosto de 1977, las palabras que surgen inmediatamente son incendio, destrucción, desazón, impotencia, y todos los sinónimos posibles que nos hablen de una desgracia.
En la madrugada de ese 13 de agosto un voraz incendio destruyó parte de la sede del Club Valdense, conmoviendo la tranquilidad habitual del pueblo, máxime cuando tan solo una semana antes había ardido también en llamas la conocida carpintería Romano, lo que dio lugar a una serie de especulaciones y pronósticos sobre futuros incendios en la localidad, que por suerte nunca ocurrieron.
Las dos fotos que hay de aquella fatídica madrugada son impactantes, las llamas se elevan imponentes sobre lo que era el techo del salón de fiestas y todo se tiñe de rojo y naranja.
Hurgando en las actas de la Comisión Directiva de la época hemos encontrado numerosas menciones sobre el incendio y fundamentalmente de las obras que se llevaron a cabo para la reconstrucción, parte de las cuales transcribimos a continuación para recorrer esta historia de resiliencia de primera mano.

El 16 de agosto de agosto el secretario del Club Valdense, dejó asentado en el acta de la Comisión Directiva, este lamentable suceso de la siguiente forma:
“Con mucho sentimiento esta Comisión Directiva deja constancia en acta de un acontecimiento de gran importancia y que sin duda tendrá gran repercusión en la historia de la institución.
El 13 de agosto en horas de la madrugada por causas que se desconocen, un voraz incendio destruyó gran parte de nuestras instalaciones, causando daños que trataremos de expresar sintéticamente. Quedaron destruidos totalmente el bar y salón de fiestas, incluidos techos, aberturas, pisos y revoques, en una superficie edificada de 400 mts. aproximadamente.
Se perdió en el bar: los trofeos de la institución ganados a través de 56 años de actividad, 8 mesas y 32 sillas, y un mostrador de cármica nuevos, 1 heladera de 8 puertas, 1 balanza, 1 televisor, 120 cubiertos nuevos, el stock de bebidas finas, etc.
En el salón de fiestas se quemaron aproximadamente 200 sillas y 40 mesas, 1 mesa de billar, 1 mesa de ping pong, y juegos de futbolito, carolina, etc.
La secretaria resultó parcialmente dañada, salvándose milagrosamente los archivos del club.
Intervinieron autoridades policiales, bomberos de Rosario y vecinos, gracias a lo cual se salvó el comedor y churrasquera, y parcialmente el depósito perdiéndose parte de equipos y pelotas. La cancha de bochas y el gimnasio no sufrieron daños, del salón principal se consiguieron salvar el piano, tocadiscos y parte de mesas y sillas.
Las pérdidas no fueron evaluadas en detalle, pero se estiman en una cifra no menor a los N$ 400.000.
La Comisión Directiva prácticamente se constituyó en sesión permanente, y ayudada por ex directivos y socios en general, se abocó de inmediato a procurar restablecer el funcionamiento del club y dejamos las siguientes constancias…”

Relatos de aquella trágica noche hay muchos ya que son esas fechas que nunca se olvidan; y así por ejemplo cada vez que entremos al club y nos enfrentamos a aquel viejo piano, nos costará entender como un grupo de arriesgados vecinos lograron sacar el mismo en pleno incendio por una ventana que se elevaba del piso un metro. Grabados en nuestras retinas, como dicen los relatores de fútbol, están las imágenes de aquellas copas y trofeos semi derretidos, cual tétrico símbolo de la situación en que quedó sumida la institución, en aquel agosto amargo.
Pero como el ave fénix, que renace de sus cenizas, inmediatamente empezó la titánica obra de la reconstrucción.
“Habiendo comenzado las obras de reconstrucción, se estudia la forma de continuar con las actividades habituales dentro de la precariedad de instalaciones de que se dispone.” (Acta Comisión Directiva del 6/9/77)
Los esfuerzos que se hicieron para poder reconstruir la sede fueron desproporcionados para la realidad económica que se vivía y los menguados bolsillos de los hinchas y dirigentes de la época. Se rascó donde no había, y se agudizó el ingenio para recaudar inventando beneficios, rifas y colaboraciones de todo tipo.

No quedó vecino que no hubiera aportado de alguna forma fondos para la reconstrucción, los que tenían comercio “pecharon” a todos sus proveedores, cual políticos en campaña. Anotamos a modo de ejemplo, algunas curiosas donaciones: cien tambores de aceite de doscientos litros vacíos que donó la Texaco, y la increíble donación en dólares que efectuó la Embajada de Estados Unidos, constituyéndose así en el único préstamo no reembolsable que realizara la nación del norte en nuestro paisito (je, je,).
“Del pueblo de los Estados Unidos por intermedio de la AID, comunica al CACV que la solicitud de ayuda para terminación del club (aberturas y vidrios) que había sido solicitada fue considerada favorablemente. La colaboración asciende a U$S 4.000. Es justo reconocer la encomiable labor realizada por el sr. Jesús Brassetti que luchó incansablemente para la concreción de esta importante donación que en un principio parecía remota.” (C. D. 28/3/78)

Además se dieron otros hechos que no deben ser olvidados, e incluso deben ser resaltados en las épocas que corren; nos referimos a la actitud y aporte de otras instituciones deportivas de la zona, algunas de ellas que eran rivales directos del club afectado. Hubo clubes que prestaron sus instalaciones para que en las mismas se hicieran importantes bailes cuya recaudación íntegra, cantina incluida, fue para la reconstrucción de la sede incendiada (las orquestas tampoco cobraron un solo peso).
“Se deja constancia que se realizó el baile programado en el Club Nacional de Nueva Helvecia con excelente beneficio y habiendo recibido una extraordinaria colaboración de las autoridades de dicho club.
Además se está programando un baile similar en el club Colegiales de Rosario.” (C. D. 13/9/77).

Segunda parte en edición papel de HELVECIA del próximo viernes 20 de agosto.

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