Carlos “Chorly” Fernández, quien fuera referente del Cine Helvético durante casi 25 años, le dice adiós a una etapa que lo marcó para toda la vida. Hoy a través de HELVECIA se despide del gigante neohelvético, el cuál pudo disfrutar desde muy pequeño, y en el que luego, con el transcurso de los años tuvo el privilegio de formar parte, llegando a ser, junto a tantos otros, pilar fundamental para que este ícono de la ciudad y la región continuara brindando un espacio de cultura para todos. Entre anécdotas y recuerdos “Chorly” rememora a varios amigos que ya no están, y apuesta a que las nuevas Comisiones continúen trabajando como siempre lo han hecho, “por el bien del Helvético, el cine del pueblo”.
LUZ, CÁMARA, ACCIÓN…!
Tres palabras, que, por definición y por uso, se refieren únicamente al cine. En los años 30 (siglo XX), cuando el cine comenzaba a convertirse en una forma popular y entretenida de espectáculo visual en el mundo, hubo escritores y pensadores que comenzaron a debatir si el cine podía ser una forma del arte. Entonces, el famoso crítico italiano Ricciotto Canudo, proclamó al cine “El Séptimo Arte”.
¿Por qué? Porque, según Canudo, el cine combinaba elementos de todas las otras artes (pintura, arquitectura, escultura, música, poesía, teatro) creando una experiencia única e inigualable.
Séptimo lugar, pero por amalgamar algo de todas las artes conocidas hasta el momento.
El lugar se lo podemos adjudicar o modificar cada uno de nosotros, según nuestro propio gusto.
Pero cuando mencionamos el “séptimo arte” todos sabemos que hablamos de cine.
Ricciotto Canudo dejó una definición para la historia. De esa historia nacida de una manifestación artística como aquellas otras seis y de las que el ingenio humano y la tecnología han ido creando, surgen otras historias personales, muchas, seguramente como las que vemos en la pantalla.
Otras, únicas, íntimas, que pueden, aún, modificar la vida de una persona para siempre.
Porque el cine es el séptimo arte, pero también es magia, como también se dice.
LA MAGIA DEL CINE
Eso era lo que sentía Carlos Ulises Fernández Sierra cuando era niño y adolescente.
Eso lo sintió en carne propia por más de 25 años
Eso sentirá en alma y corazón mientras viva.
Eso es lo que sentía, siente y sentirá Chorly a partir de estos días, cuando ya ha hecho público que deja el Cine Helvético, que deja la sala de máquinas que estuvieron en sus manos tantos años.
Sin quitar importancia a las demás, tal vez la tarea más delicada que puede ofrecer una sala de cine: la mejor proyección y como resultado, la mejor imagen en la pantalla para que el espectador ingrese a una nueva historia.
HELVECIA quiso charlar (porque eso fue esta nota, una charla amena con alguien que le ha dado tanto al cine)
“DE METIDO”
Chorly comenzó a ir al cine, alentado por su abuelo, “pero de metido y a veces íbamos con la escuela y me empezó a gustar”.
Así comienza esta charla-historia.
Admite que al principio pensó que era “algo pasajero, pero aquel “quiebre” que significó la reapertura del Cine en 1998, tras las secuencias de cierres de 1983, la etapa de funciones para crear el Jardín de Infantes Público de la ciudad y, logrado el objetivo, el cierre de 1993.
Al no existir posibilidad de venta de la Sala, se llamó a remate, pero la sociedad neohelvética, ante el riesgo de perderla como cine, se movilizó, logrando adquirirla en enero de 1998.
Hasta abril, se realizaron trabajos de reacondicionamiento, con la participación de Instituciones y vecinos.
La Sala reabrió el 16 de abril de 1998, provocando reacciones en todo el mundo.
Se recuerda la tapa del Diario Clarín de Buenos Aires, informando que “un pueblo adquirió su cine para que no lo demolieran”.
Chorly enfatiza que, a raíz de esa publicación, en una ocasión fue a Buenos Aires a comprar lentes para el proyector y cuando mencionó que eran para el Cine Helvético, no se los cobraron.
En 2002 estuvo nuevamente en riesgo de cierre, pero un acuerdo entre la Intendencia y el Ministerio de Obras Públicas permitió cancelar la deuda y en 2005 la Sala fue declarada Monumento Histórico Nacional.
Entre 2010 y 2015 se hicieron obras de refacción que hicieron de la Sala del Centro Regional de Cultura Cine Helvético, de Nueva Helvecia, una de las mejores del país.
Todo este proceso fue vivido plenamente por aquel “metido” que se convirtió en pieza fundamental para el desarrollo del Cine, que no solamente exhibe películas, sino obras de teatro y recibe músicos y cantantes de primer nivel internacional.
Sobre los cierres que tuvo el cine a lo largo de los años, Chorly dice haberlos sentido “como algo que le faltaba al pueblo, porque era el único entretenimiento que teníamos. Era el punto de encuentro cultural y personal”.
Claro, también recuerda los martes y los jueves, cuando los menores no podían entrar porque eran “funciones condicionadas”.
El paso del tiempo y su entusiasmo incontrolable, lo llevó a la Sala de Máquinas, que lo convirtió en el “proyectorista”.
Hace un par de años y en plena pandemia, Chorly tuvo un quebranto de salud, que lo alejó de “SU” Cine Helvético.
Al reponerse, junto a su familia, tomó la decisión de no continuar con esa tarea.
No utiliza la palabra “dejar” porque le es imposible y subraya que si alguna vez se lo necesita y está a su alcance “dar una mano”, allí estará.
Porque “siempre voy a llevar al Cine Helvético en el corazón y en la camiseta”.
Menciona que ha tenido ofertas de trabajo de otras Salas del país, pero “no quise ir, porque llevo la camiseta y me voy a morir con el Helvético”.
En este punto, recuerda compañeros en las distintas tareas que ya no están entre nosotros, Nelson Barreto, Odriozola, “Totín” Dominguez, Nelson Silva “El Sapo” Acosta, Helvecia Romano, “con los que fuimos una familia”
Lo que queda
Chorly llegó de “metido” a proyectorista, por su gusto por las máquinas y una atracción muy fuerte hacia la creación de imágenes.
Recuerda la felicidad que significaba para él que en la Escuela se proyectaran diapositivas.
Esta inclinación lo ha llevado a tener en su poder objetos, pero también documentos que conservan parte de la historia de la colonia suiza Muchos de ellos regalos de quienes conocen su afición.
Tiene fotos y videos de lugares, edificios, espacios, en los que se puede apreciar la evolución que esos puntos de la ciudad han tenido con los años.
En cuanto al cine, subraya las transformaciones técnicas que ha tenido lo que le hace decir que hoy, “el Cine Helvético está en muy buenas condiciones técnicas”.
COMO UN HIJO
Manifiesta su satisfacción por comprobar esas condiciones, comparándolas con cines importantes, sobre todo de Montevideo que no se conservan como eran aún en años de auge.
Con emoción, Chorly dice que el Cine Helvético “es como mi hijo, porque me crié ahí adentro, porque tuve la oportunidad de trabajar, de hacer lo que yo quería y de conocer gente muy importante”.
Y brotan las anécdotas. Como aquella de un conocido político con cargos nacionales, que subió a la cabina de proyección y le pidió que detuviera la película. Asombrado, Chorly le preguntó por qué.
La respuesta fue: “para sentir a la gente silvando, pateando el piso y gritando”
Reflexiones
Chorly deja el Cine Helvético con pena, con dolor, con la nostalgia que seguramente se instalará en su corazón y en su alma, pero convencido de que es el momento.
Por la experiencia de salud pasada, pero también por los años y la necesidad de buscar, promover, preparar gente nueva para una tarea que, está convencido, no debe detenerse. En este punto remarca que no se ha podido jubilar ya que “el cine debe realizar unos trámites en el BPS, para que todo quede en regla”
MAGIA PURA
pesar de las posibilidades que tienen hoy todas las personas por el avance imparable de la tecnología, una Sala de Cine es un ámbito mágico, donde las historias que muestra la pantalla se hacen reales y propias.
Las propias, tal vez, se olvidan por un rato, pero también pueden modificarse modos de pensar y de conducta que mejora la vida de cada uno.
Chorly está convencido de que el Cine Helvético está para quedarse, apuntalado por las personas que lo conducen y por la sociedad que acompaña cada vez que se la requiere.
Carlos Ulises Fernández Sierra, continuará su vida de buen vecino, colaborando como siempre con quien lo necesite, incluso el Cine Helvético
Chorly termina la amena charla agradeciendo a la comunidad, a su familia, todas las comisiones pasadas y sobre todo a HELVECIA.
Entrevista realizada por Ida Guigou, publicada en la edición papel de HELVECIA, del pasado viernes 24 de mayo .











