En conversación con HELVECIA, Nair Ackermann describió como “interesante” el proceso vivido en los últimos ocho meses, durante los cuales la Comisión Directiva del Club Suizo se ha reunido no solo en encuentros mensuales, sino también en reuniones adicionales en casas de los propios miembros, para ajustar detalles y avanzar en distintos proyectos. En ese marco, surgió la posibilidad de utilizar la Casa Wüllich como sede del Club, a partir de un ofrecimiento realizado por la Congregación Evangélica. No obstante, los tiempos administrativos son largos, y aún deben cumplirse los trámites correspondientes antes de comenzar a usar oficialmente el espacio.
“El lugar ofrecido es muy interesante y simbólico”, destacó Ackermann. Se trata de un sitio emblemático para toda la comunidad neohelvética, que incluye además la capilla, la iglesia, el cementerio, la Escuela N.º 10, el Club Artesano y otros puntos históricos de gran valor para la identidad local.
Transición, reparaciones y vínculo con la comunidad
Ackermann valoró también el apoyo del Movimiento Nuevas Generaciones, donde actualmente se realizan las reuniones mensuales del Club, cada segundo miércoles. “No rechazamos el ofrecimiento; de hecho, ya tuvimos la primera reunión allí la semana pasada. Está abierta a todos los que quieran acercarse y comunicarse con nosotros.”
En cuanto a la sede propia del Club Suizo, indicó que actualmente se encuentra en malas condiciones y requiere mejoras como pintura, cerramiento del fondo y arreglos estructurales. “Un miembro del consejo ya ofreció la pintura, y estamos en gestiones con el batallón para avanzar con las reparaciones.”
Mientras tanto, la Casa Wüllich —que hoy solo es utilizada por el curso de líderes de la Asociación Cristiana de Jóvenes— permanece cerrada el resto del tiempo, afectada por problemas de humedad y con una caldera cuya funcionalidad se desconoce. La idea es recondicionar el espacio y devolverle vida. Mientras eso sucede, las reuniones seguirán teniendo lugar en el Movimiento Nuevas Generaciones, un ámbito más preparado y hospitalario.
Intercambios, jóvenes y fortalecimiento institucional
Respecto a la reciente visita del embajador suizo, Ackermann destacó que fue “muy positiva”, y valoró especialmente la cercanía y sensibilidad del diplomático con la comunidad. También subrayó su interés por fomentar intercambios culturales y educativos.
En ese marco, destacó el papel de la Escuela de Lechería, con sus 130 hectáreas y una propuesta educativa de alta calidad. “El embajador incluso mencionó una frase que me encantó: ‘de la tierra al queso’, reflejando su impresión del proceso productivo que se desarrolla allí.”
Ackermann explicó que uno de los objetivos del Club es que el hermanamiento entre comunidades suizas no sea solo simbólico, sino real y efectivo. Con ese fin, próximamente viajará a Suiza para fortalecer ese vínculo y revitalizar la impronta helvética en Nueva Helvecia, que considera algo debilitada en los últimos tiempos. “Creo que el Club Suizo puede jugar un papel importante para recuperar ese espíritu y mantener los vínculos estrechos con Suiza”, afirmó.
En esa línea, comparó con otras representaciones diplomáticas activas, como la española, que cuentan con centros culturales en funcionamiento. El Club Suizo busca avanzar en esa dirección, con programas, talleres, intercambios artísticos y actividades culturales, enfocadas en los jóvenes.
Como primicia, anunció que el próximo 25 de julio se realizará una charla en conjunto con la Cámara de Comercio Suizo-Uruguaya y la Sociedad de Fomento. La actividad, dirigida a referentes de la comunidad helvética, abordará temas como lácteos, agropecuaria, cultura y emprendimientos. También participarán estudiantes jóvenes, quienes conocerán el funcionamiento de la Cámara y las oportunidades de formación y proyectos. “La embajada suele aportar fondos, pero para acceder a ellos se necesitan ideas sólidas y formación para elaborarlas. Por eso queremos nivelar el conocimiento en la comunidad, para que desde grandes empresas hasta pequeños artesanos puedan acceder a beneficios”, explicó.
Ackermann también celebró la propuesta del embajador de traer estudiantes suizos a la Escuela de Lechería, reforzando así el intercambio educativo. “El Club Suizo tiene mucho trabajo por delante, y la comisión directiva está abierta a avanzar en todos estos temas
En particular, remarcó la necesidad de involucrar a los jóvenes, especialmente en áreas como la agricultura y el uso de nuevas tecnologías. “¿Por qué no pueden venir jóvenes agrarios o interesados en la tecnología? Hoy los nuevos métodos deben conocerse, desde el tratamiento de residuos hasta colaborar con entidades como GAMACS (Grupo de Amigos del Medio Ambiente de Colonia Suiza). Estamos abiertos a todo esto, pero es necesario armar proyectos concretos.”
Ackermann aclaró que la pertenencia al Club va más allá de la nacionalidad suiza, resaltando su apertura a toda persona que comparta los valores que los identifican. “Aquí en Uruguay somos pocos, mientras que en Argentina existen cerca de 40 clubes suizos. Estamos un poco a la cola, pero mantenemos la esperanza.” Comentó que incluso hay socios extranjeros, como argentinos interesados en integrarse, y explicó que el ingreso formal requiere completar un formulario que distingue entre “adherentes” y “socios”.
Un Club en crecimiento
Actualmente, el Club Suizo cuenta con 45 socios activos y unos 140 adherentes, con una campaña constante para ampliar la participación. “Queremos avanzar sin apuros ni conflictos. Al final, el Club está más unido por el trabajo y la tradición que por otra cosa.”
Ackermann remarcó que la creación del Club Suizo era algo lógico y esperado, tras 163 años de historia. “Si alguien quiere formar un club alemán o austríaco, ¿por qué no? Lo importante es mantener vivos los valores, tradiciones y cultura.” En ese sentido, destacó el empuje empresarial y laboral como elementos que “no podemos permitir que se pierdan, porque son la base de todo.”
La presidenta del Club también reflexionó sobre los valores compartidos con la comunidad suiza. “Muchos de ellos, como la colaboración y el respeto, deberían ser ejemplo para muchos países. En Suiza, por ejemplo, recién en 1971 la mujer comenzó a votar, así que no todo fue tan adelantado desde el inicio.” Explicó que los suizos que llegaron a Uruguay trajeron consigo el deseo de crear un mundo nuevo, y que esa construcción se enriqueció con la herencia cultural de vascos, españoles y franceses, que aportaron a un movimiento revolucionario para la época.
Finalmente, Nair se refirió a la Casa Wüllich, que aspiran a convertir en centro de identidad y espacio emblemático para el Club Suizo. “Este lugar dará fortaleza al Club y servirá como punto de encuentro donde mantener viva nuestra historia y cultura.”










