El debate sobre los quesos rallados adulterados ha sacudido al sector lácteo en los últimos días. El Registro Único Nacional de Alimentos, Empresas y Vehículos (RUNAEV), junto a los servicios bromatológicos de todo el país, detectó irregularidades en distintos productos y dispuso su retiro del mercado.

Los análisis realizados en el LATU confirmaron alteraciones en la composición de varias marcas. HELVECIA accedió al listado difundido por la Intendencia de Maldonado -donde se detallaban 15 productos observados-, información que luego fue replicada por diversos medios nacionales. Entre los señalados figura el producto Reggio, de la empresa Catalcrem, ubicada en Colonia Valdense. Este fue mencionado en el listado oficial divulgado por el RUNAEV y las intendencias, que advierten sobre marcas de queso rallado y procesado con irregularidades “que no cumplen con la normativa vigente”. Pese a ello, su director y fundador, Maxi Marrero, asegura que Catalcrem está habilitada, defiende la calidad de sus productos y considera que la fiscalización es positiva para consumidores y para la industria láctea formal.

Una inclusión por exceso de almidón
A diferencia de otras fábricas que fueron clausuradas o perdieron la habilitación, Catalcrem continúa trabajando con normalidad. Marrero explicó que la inclusión en el listado respondió al porcentaje de almidón detectado en su queso procesado rallado, pero aclaró que la empresa cumple con todos los requisitos legales y está en regla.
“La semana pasada estuvo Bromatología en la fábrica, me explicaron que la normativa admite un 3% de almidón en un queso procesado rallado. Yo lo desconocía. En nuestro caso, la muestra que habían retirado de Macromercado dio un 17% de almidón.”

Lejos de mostrarse molesto, Marrero valoró la fiscalización: “Me pareció perfecto, muy bueno realmente que se empezara a controlar este tema, que se regularizara y que se continúe. Porque muchas veces pasa que comienza un control, pero después se deja y no se sigue. Para mí esto es beneficioso tanto para la población como para la industria formal de las pymes lácteas y uruguayas. Ojalá se pueda tener un control real y un seguimiento real, que no termine acá.”

Controles como garantía de competencia leal
El empresario destacó que el queso rallado procesado no representa el principal rubro de Catalcrem, aunque igualmente se elabora bajo estándares de calidad. “Nuestro producto es de buena calidad; el tema es que en el mercado circulan opciones a precios mucho más bajos, lo que dificulta competir en igualdad de condiciones. Por eso considero fundamental que existan controles, porque de lo contrario resulta imposible enfrentar la competencia desleal.”
Asimismo, aclaró que la empresa mantiene sus habilitaciones vigentes y continúa trabajando con normalidad. “En nuestro caso no se prohibió la marca, simplemente se intervino un producto puntual. En otras situaciones sí se dispuso la prohibición de venta e incluso la pérdida de habilitaciones, lo que derivó en cierres de plantas. Creemos que los controles son necesarios, porque garantizan condiciones de competencia justa y, sobre todo, la seguridad de los alimentos que llegan al consumidor.”

Marrero reconoció que desconocía el máximo permitido de almidón en el queso rallado y señaló que la normativa aún presenta zonas grises: “Yo no sabía cuál era el máximo permitido. Incluso lo consultamos, porque en el queso de sándwich y en la barra para fetear sí se admite un porcentaje de almidón. Tenemos esos productos y están todos habilitados, registrados como corresponde. En este caso el queso se elaboraba, se mandaba a rallar, secar y envasar en otra planta también habilitada. Todo en regla. Lo que falta es claridad en la normativa.”

El director de Catalcrem diferenció su caso de las adulteraciones graves detectadas en otros productos: “Estamos hablando de que en algunos casos había quesos rallados con hasta un 80% de almidón. Eso es un abuso. Son 300 toneladas mensuales, muchos kilos, sobre todo, un límite injusto para quienes producimos de buena manera.”
Para Marrero, el control no solo protege al consumidor, sino que también dignifica a quienes trabajan en regla: “Lo otro era un negocio sin ningún tipo de control, que piensan solo en sus ganancias y dejando que la gente coma lo que sea. Así no se puede”, manifestó y agregó: “Por eso digo que estoy totalmente de acuerdo con los controles. Son beneficiosos, sin dudas.”

El caso de Catalcrem refleja la necesidad de distinguir entre las empresas habilitadas y los verdaderos focos de adulteración. Mientras algunas fábricas clandestinas trabajan al margen de toda normativa, empresas establecidas aseguran estar en regla, reconocen los ajustes necesarios y apoyan la continuidad de los controles.
“Estamos produciendo alimentos para la población. Tiene que haber control y competencia leal. Lo que pedimos es claridad y reglas justas, porque quienes trabajamos priorizando la inocuidad y la calidad en la producción,no tenemos nada que esconder ”, concluyó Marrero.

Por Pablo Cribari

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí