En una emotiva ceremonia realizada en la noche del jueves en el restaurante Brazuca, el Rotary Club de Colonia Suiza otorgó el premio SATO (Servicio a través de la ocupación) a la maestra y directora Cristina Hernández, en reconocimiento a su trayectoria educativa y su compromiso con la comunidad.
El acto contó con la presencia de autoridades rotarias, familiares, y compañeras docentes, entre ellas la directora de la Escuela N.º 10 “Elías Huber”, Patricia Norte, y la ex-inspectora de Primaria Milka Shannon. En nombre del Rotary, el presidente Sebastián García destacó que el SATO distingue a quienes, desde su profesión, “ponen su conocimiento al servicio de los demás y contribuyen al bienestar colectivo”, subrayando el impacto sostenido de la tarea docente en la comunidad.
En la reseña de su trayectoria, la rotaria Elizabeth Cabrera recordó que Hernández trabajó en centros educativos de Juan Lacaze –entre ellos la Escuela N.º 100–, Rosario, La Paz y Barker, fue directora de la Escuela N.º 10 de Nueva Helvecia y culminó su carrera como inspectora de Primaria. También se desempeñó como docente del Instituto de Formación Docente de Rosario. Cabrera remarcó que, para Cristina, ser maestra “es sembrar esperanza, abrir puertas y encender luces”, poniendo siempre al niño en el centro de su preocupación.
Su compañera de estudios Solange Martino puso el acento en los valores que marcaron la vida de la homenajeada –responsabilidad, entrega, iniciativa, colaboración, respeto, empatía y alegría– y afirmó que este reconocimiento “es el resultado de haber sido siempre leal” a esos principios en cada lugar donde trabajó.
Visiblemente emocionada, Cristina Hernández inició su mensaje con un triple agradecimiento “a todos los que se tomaron el tiempo de venir, al Rotary por este premio y a cada palabra cariñosa que hoy fue un verdadero mimo”. Contó que, al conocer que se trataba de un reconocimiento al servicio a través de la ocupación, volvió a pensar en lo que ha significado para ella ser maestra: “un enorme privilegio, pero también una gran responsabilidad”, ejercida muchas veces de manera silenciosa en aulas de todo el país.
Hernández sostuvo que este premio no la representa solo a ella, sino que desea extenderlo a todos los docentes y profesores “que día a día sostienen una tarea discreta, pero profundamente impactante en la vida de las infancias”. Subrayó que la educación es “un tejido colectivo” en el que intervienen maestros, equipos de dirección, auxiliares, familias, comisiones de fomento y vecinos: “En una escuela nadie puede correrse de la tarea de educar; todos tenemos esa responsabilidad”.
La homenajeada agradeció especialmente a las comisiones de fomento con las que le tocó trabajar “codo a codo, abriendo y cerrando beneficios, organizando actividades y construyendo comunidad”, y reivindicó el rol de la familia como primer espacio de transmisión de valores. Recordó a sus padres, a su abuela y a los referentes que marcaron su infancia, así como el apoyo permanente de su esposo y de su hija, a quienes definió como parte esencial de esa “tribu” que hizo posible su vocación.
En un pasaje de fuerte contenido pedagógico, Cristina insistió en que los adultos deben estar “enteros, física y emocionalmente disponibles” para los niños y niñas, y utilizó una imagen que la acompañó en su práctica docente: “Siempre me gustó decir que la escuela es un gran barco en el que no se nos puede caer nadie; nuestra tarea es buscar las estrategias para que ningún niño se sienta afuera”.
Al cierre, expresó que recibe el premio “con alegría, pero sobre todo con una renovada motivación” para seguir trabajando por entornos educativos “más humanos, más justos y más inclusivos”. Y dejó un mensaje a la comunidad: “Nuestras infancias nos necesitan a todos. Educar no es solo tarea de los maestros, es tarea de toda la sociedad”.









