Bajo el lema “Yo les daré descanso: vengan”, se llevó a cabo una jornada de reflexión ecuménica que abordó las realidades sociales y las cargas cotidianas de las mujeres en el país africano.

El pasado 6 de marzo, la comunidad se sumó a la celebración del Día Mundial de Oración 2026 (DMO), una jornada coordinada a nivel local por el Comité Nacional del Uruguay. El programa de este año fue preparado por las mujeres cristianas de Nigeria, quienes propusieron una reflexión colectiva basada en el texto bíblico de Mateo 11:28-30, buscando inspirar un sentido de unidad y reposo frente a las dificultades actuales.

La liturgia de la celebración incluyó el uso de diversos símbolos representativos de la cultura nigeriana para ambientar el altar y facilitar la comprensión de su contexto social. Entre ellos destacaron las telas africanas de colores vibrantes, que simbolizan la herencia e identidad de su pueblo, y los colores verde y blanco de su bandera nacional, que representan la unidad en la diversidad, la esperanza y la riqueza agrícola de la tierra.

Durante el desarrollo de la ceremonia, se hizo especial hincapié en las “cargas” que enfrentan diversos sectores de la sociedad de Nigeria. A través de elementos simbólicos como una mochila escolar —en alusión a la persecución religiosa que sufren niñas y niños—, granos de arroz vinculados a la pobreza y rocas que simbolizan la lucha contra la opresión, se buscó visibilizar las adversidades económicas y de salud mental que atraviesa la población rural.

La identidad visual del evento estuvo marcada por la obra “Alivio para las personas cansadas”, de la artista Gift Amarachi Ottah. La pintura representa la realidad cotidiana de las mujeres de áreas rurales en Nigeria, quienes realizan extensos recorridos desde el amanecer para cumplir con tareas de cosecha y cuidado familiar, cargando físicamente con suministros y niños pequeños bajo condiciones climáticas y geográficas exigentes.

Como cierre de la actividad, se recordó la invitación al descanso y la solidaridad comunitaria, reforzando el compromiso de apoyo mutuo en el camino compartido. Por otra parte, cabe recordar a Elizabeth Lindenberg, quien fuera la impulsora del DMO en Uruguay, traductora a nivel internacional de los textos y activa participante de la Iglesia Valdense en estas actividades ecuménicas.

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