Gramado, conocida como la capital nacional del chocolate artesanal en Brasil, se ha consolidado como uno de los grandes polos turísticos y gastronómicos del país. La ciudad proyecta producir unas 840 toneladas de chocolate para 2026 y varios medios internacionales destacan cómo la industria chocolatera local se fusionó con el entretenimiento, creando una experiencia que muchos comparan con una especie de “Las Vegas” del chocolate.
En esta ciudad de la Serra Gaúcha funcionan numerosas fábricas chocolateras con décadas de trayectoria. Entre ellas, una de las más tradicionales y reconocidas es Florybal.
La historia de la empresa comenzó en 1991, cuando dos jóvenes emprendedores de la región, Valdir Cardoso y Janete Mayer, decidieron apostar por un sueño: crear algo valioso, capaz de generar impacto en la sociedad y dejar huella. Con recursos muy limitados, comenzaron elaborando chocolates en una habitación de su casa, en un pequeño espacio de apenas 21 metros cuadrados. Así nació Florybal.
En sus primeros tiempos, las ventas se realizaban únicamente a domicilio. Sin embargo, la calidad de los productos fue conquistando rápidamente a vecinos y visitantes, haciendo crecer la demanda en toda la ciudad. Apenas dos años después, el espacio original ya resultaba insuficiente y la fábrica debió trasladarse a un local más amplio.
Con esfuerzo y crecimiento sostenido, los jóvenes emprendedores lograron generar empleo e ingresos para su comunidad. Actualmente, Florybal apuesta a la innovación, la profesionalización, la capacitación y la tecnología, aunque sin perder el toque artesanal y humano que caracteriza a sus productos desde sus comienzos.
A comienzos de 2002, la empresa lanzó un proyecto innovador y pionero en Brasil y en la región de la Serra Gaúcha: la creación de una fachada temática para su fábrica y tienda. La iniciativa despertó gran interés y transformó sus locales en verdaderas atracciones turísticas para quienes visitan Gramado.
Con el paso de los años, Florybal se convirtió en un referente de la industria chocolatera regional y en un ejemplo de emprendimiento y superación. La historia de Valdir Cardoso refleja cómo un proyecto nacido desde abajo puede transformarse en una marca emblemática y en parte de la identidad turística de Gramado.










