Un relevamiento nacional identificó crecimiento en las organizaciones comprometidas con generar impacto económico, social y ambiental, aunque advierte sobre la falta de incentivos, la baja participación del sector público y la necesidad de una estrategia país.
Uruguay cuenta con un ecosistema de innovación económica de triple impacto en expansión, impulsado principalmente por organizaciones privadas que buscan combinar rentabilidad económica con impacto social y ambiental. Sin embargo, la consolidación de este modelo enfrenta desafíos vinculados a la falta de incentivos, la escasa articulación institucional y la necesidad de una estrategia nacional que permita acelerar su desarrollo.
Las conclusiones surgen del estudio “Relevamiento y caracterización del ecosistema de innovación económica de triple impacto en Uruguay”, desarrollado por Gemma, la Universidad Católica del Uruguay y YOUHUB, con apoyo de instituciones como INIA, ANII, CSIC-Udelar y Sistema B Uruguay. El informe constituye la primera aproximación sistematizada al ecosistema uruguayo de triple impacto y busca identificar sus actores, herramientas, dinámicas y oportunidades de crecimiento.
Uno de los principales hallazgos señala que el ecosistema muestra un crecimiento reciente, aunque con señales de desaceleración. Casi la mitad de las organizaciones relevadas (46%) se encuentran en proceso de transformarse en referentes de triple impacto, mientras que un 24% ya alcanzó ese nivel de desarrollo. El estudio indica que, tras una expansión significativa entre 2022 y 2023, durante 2024 comenzó a observarse una ralentización en el ritmo de crecimiento.
La investigación también evidencia un fuerte protagonismo del sector privado en la promoción de modelos empresariales sostenibles. En contraste, la participación del sector público aparece como limitada y concentrada principalmente en la elaboración de reportes de sostenibilidad, sin una incidencia significativa en la generación de políticas o herramientas específicas para fortalecer el ecosistema.
Otro de los puntos señalados por el informe es la ausencia de incentivos claros para promover la transición hacia modelos de triple impacto. Los investigadores destacan la necesidad de avanzar en estímulos económicos, académicos y regulatorios que permitan ampliar la adopción de estas prácticas, así como fortalecer la implementación y visibilidad de la Ley de Beneficio e Interés Colectivo (BIC) en Uruguay.
En materia de herramientas disponibles, el estudio detectó que solo el 14% de los instrumentos relevados aborda simultáneamente las dimensiones económica, social y ambiental, lo que refleja la necesidad de desarrollar enfoques más integrales para acompañar a las organizaciones en sus procesos de transformación.
Los investigadores sostienen además que el fortalecimiento del ecosistema requiere una mayor articulación entre universidades, empresas, organizaciones sociales y organismos públicos. Según el relevamiento, existen intereses compartidos entre los distintos actores, pero aún faltan espacios permanentes de encuentro, colaboración y construcción colectiva.
El informe también pone foco en las brechas de género y en la inclusión de grupos en situación de vulnerabilidad. Entre las demandas identificadas aparecen mayores oportunidades de financiamiento, asistencia técnica y acompañamiento para mujeres emprendedoras y productoras rurales interesadas en avanzar hacia modelos sostenibles y regenerativos.
Para los responsables del estudio, la transición hacia una economía de triple impacto no depende únicamente de cambios empresariales, sino también de transformaciones culturales, educativas y territoriales que permitan construir modelos de desarrollo más inclusivos y sostenibles a largo plazo.









