“Los que mueren por la vida no están muertos”. La frase, tantas veces utilizada para recordar a Nibia Gloria Sabalsagaray Curutchet, resume el significado que su historia conserva para miles de uruguayos, 52 años después de su asesinato bajo custodia militar.

Nacida en Nueva Helvecia, “Chinita”, como la llamaban con cariño familiares y amigos, tenía apenas 24 años. Era profesora de Literatura, recientemente egresada del Instituto de Profesores Artigas, y desarrollaba su actividad docente mientras militaba en la Unión de la Juventud Comunista.

En la madrugada del 29 de junio de 1974 fue detenida en Montevideo por las Fuerzas Conjuntas y trasladada al entonces Batallón de Ingenieros N.º 5. Horas después, la dictadura informó que la joven se había quitado la vida en su celda. Sin embargo, las marcas visibles en su cuerpo y las posteriores investigaciones judiciales descartaron esa versión. Décadas más tarde, la Justicia concluyó que Nibia murió como consecuencia de las torturas sufridas durante su detención.

Su caso se convirtió en uno de los más emblemáticos de las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura cívico-militar uruguaya y en un símbolo de la búsqueda de verdad y justicia.

En un recordado texto publicado al cumplirse 40 años de su muerte, el escritor Omar Moreira reflexionaba: “La conquista del futuro nos exige todas las energías creadoras y el mantener la memoria del pasado. De Chinita (como con cariño la recordamos), la mantenemos presente, inmolada en la resistencia”.

Más adelante, evocaba a la joven con palabras que todavía hoy conmueven: “Me acuerdo de su belleza, de su belleza joven, de su risa auténtica y frecuente, de su impulso, de sus sueños… Me acuerdo de aquel junio helado, las camelias rojas y blancas, el dolor, el misterio y las siniestras certezas. Después… el silencio. No debo olvidar su sonrisa”.

Y concluía con una frase que sintetiza el sentimiento de quienes la conocieron y de quienes mantienen viva su memoria:

“Una herida abierta. Chinita cada vez está más en el alma de su pueblo”.

Para Nueva Helvecia, Nibia es una hija de la ciudad cuya vida fue truncada por la violencia política. Su recuerdo continúa preservando el valor de la democracia, los derechos humanos y la necesidad de mantener viva la memoria para que hechos como aquellos nunca vuelvan a repetirse.

Porque Nibia es y será siempre de Nueva Helvecia, más allá de todo partidismo.

Por Luciana Demaría

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