La Juguera dejó de ser solamente un espacio de formación musical para convertirse en un punto de encuentro de la escena cultural de Colonia Valdense. Con una propuesta que reúne a bandas emergentes, artistas locales, comercio y público en un mismo escenario, el ciclo La Juguera en Vivo continúa creciendo y consolidándose como una plataforma para impulsar la música independiente de la región.

Tras una exitosa primera fecha del año, conversamos con sus impulsores sobre el origen del proyecto, el trabajo que hay detrás de cada espectáculo, la respuesta de la comunidad y los desafíos de una iniciativa que apuesta a fortalecer la cultura desde la colaboración, el profesionalismo y el compromiso con los músicos locales.

Para poner en contexto a los lectores, ¿qué es exactamente La Juguera y cómo surge esta iniciativa de realizar “La Juguera en vivo”?
La Juguera es una institución de Colonia Valdense, dedicada a la formación de músicos. Trabajamos en dos vías: por un lado con clases individuales de guitarra, bajo, teclado, batería y canto; y por otro, armando bandas. Personas que ya tocan algo o tiene ganas de encarar un proyecto se anotan, y lo que hacemos es cruzarlos con otros músicos según las edades, los gustos y lo que toca cada uno. A cada grupo le asignamos un coordinador que hace de “director técnico” para acompañarlos en los ensayos, el repertorio y la convivencia. Al final, a través de la música, se terminan armando grupos de amigos re lindos.

Lo de “La Juguera en vivo” nació hace tres años por una necesidad bien concreta: queríamos que las bandas de La Juguera y de la zona tuvieran un escenario real donde tocar, mostrarse y compartir con otros grupos. Arrancamos en la Fundación Isabel Artús con fechas más chicas y de aforo reducido. Y a fines del año pasado, por un tema de lluvia tuvimos que mudar la última fecha a la Unión Cristiana de Jóvenes. Para sorpresa de todos, metimos el doble de gente. Ahí nos dimos cuenta de que la cosa estaba tomando otra dimensión y que la gente, el público y las bandas, también estaban precisando un lugar así para encontrarse y escuchar buena música. Por eso, esta primera fecha del año ya la pensamos de pique en la Unión Cristiana como nuestra casa para los shows.

El sábado pasado vimos una grilla muy variada con Zona 4, Mood y Nico Yamandú. ¿Cómo se pensó esa curaduría musical para la fecha y qué buscaron transmitir desde el escenario?
El armado de la grilla tiene mucho que ver con lo que va pasando en los ensayos de La Juguera. Siempre buscamos que las bandas que comparten una fecha tengan un punto de contacto desde lo musical, que haya una sintonía conceptual entre ellas para que la noche fluya.Por eso, para este primer toque juntamos a Zona 4, que hace un repertorio de rock y pop; a Nico Yamandú, con su proyecto de canciones propias dentro del mismo género; y a Mood, con clásicos del rock y pop de los 80, 90 y 2000. Además, para Zona 4 era su debut absoluto en un escenario, y para nosotros era re importante darles ese marco en una fecha producida por la casa.A partir de ese concepto musical planificamos todo lo demás: la estética del lugar, la iluminación del escenario y hasta lo que ofrecemos en la cantina. Buscamos que cada detalle esté pensado para que la gente viva una experiencia completa y disfrute de la primera a la última banda.

El evento se realizó en la Unión Cristiana de Jóvenes, un espacio que se notó acondicionado y con una calidez especial. ¿Qué trabajo se viene haciendo a nivel de infraestructura y cuidado del lugar para recibir espectáculos de este tipo?
La Unión Cristiana es un espacio buenísimo: tiene un aforo re interesante y un escenario con unas dimensiones tremendas. Con la gente de La Juguera y personas allegadas a la institución que también están en la Unión Cristiana, veíamos que era momento de encarar algunas mejoras de infraestructura, sobre todo en la parte acústica, para elevar la calidad de los shows.

El sábado estrenamos unos paneles acústicos que se armaron para las paredes del salón y la diferencia fue abismal. Cuando un lugar no tiene un tratamiento adecuado, la escucha se vuelve incómoda tanto para el público como para los músicos. Por eso nos pone re contentos ver la iniciativa de personas particulares que le meten cabeza y tiempo a mejorar el espacio. Desde La Juguera vamos a acompañar y apoyar siempre estas movidas, porque estamos convencidos de que la experiencia de tocar y de ir a ver un show tiene que ser linda y disfrutable. Queremos que la Unión Cristiana se siga consolidando como un lugar con todas las condiciones para albergar eventos de calidad para todo el pueblo.

Un aspecto destacado de la noche fue el fuerte marco de público y el apoyo del comercio de la zona. ¿Qué rol juegan las empresas locales y la comunidad en el sostén de un proyecto independiente como este?
El crecimiento del proyecto también trae más costos, y el respaldo del comercio local nos dio la tranquilidad para poder afrontar esos gastos de producción y subir la vara en cada fecha. Pero no es solo un apoyo económico: nosotros entendemos el crecimiento en colectivo y nos pone re felices ofrecer a las marcas una plataforma de visibilidad real.En esta fecha no solo tuvimos a unas 120 personas en contacto directo con el espectáculo, sino que además hicimos una movida muy fuerte en redes sociales que superó las 35.000 visualizaciones en nuestro perfil, generando muchísima interacción y visibilidad para las marcas que nos acompañan.Las empresas locales entendieron perfecto la propuesta y se sumaron de una manera súper activa, aportando iniciativas geniales para enriquecer la experiencia del público: desde ofrecer descuentos con la entrada, hasta sumar regalos para sortear en pleno show o sorprender a sus propios clientes durante el fin de semana. Dejamos un agradecimiento enorme a El Hornito, Di Tutto, OK! Design, Garland House, Don Santi, El Barto y La Ruta Distribuciones. Esa retroalimentación entre la cultura y el comercio del pueblo fue un éxito total y demuestra lo lindo que es tirar todos para el mismo lado.

Y la comunidad que se arma alrededor de La Juguera en vivo es re cercana, familiar y, sobre todo, súper cuidadosa y respetuosa. Hoy en La Juguera somos alrededor de 100 personas, y unas 40 integran bandas. Cuando se suben a tocar dos o tres grupos, la mitad de la sala se llena de entrada con sus familias, amigos y allegados. Son personas que van exclusivamente a celebrar lo que hacés y a acompañarte en eso que te apasiona.

Por eso decimos que en nuestros shows te sentís cuidado, tanto desde el escenario como desde el público. Se genera un ambiente donde nadie va a juzgar si le erraste a una nota o si te traicionaron los nervios; la gente va a festejar que te estás animando a subirte a hacer lo que te gusta. Hay una comprensión de que estamos defendiendo la música con el mayor compromiso y cariño posible, te salga perfecto o no. Saber que estás en un espacio seguro, donde el disfrute está por encima de la exigencia, es lo que hace que cada fecha sea una verdadera fiesta. Y esa misma empatía y ganas de cuidar el proyecto es lo que volvió a demostrar el público y el comercio local en esta edición.

Más allá de la música, se vio una organización muy cuidada en la puerta, la cantina y la logística general. ¿Cómo se vivió la jornada desde adentro y quiénes integran el equipo que hace posible La Juguera?
Este año implementamos algo que teníamos ganas de hacer hace tiempo. Como en cada fecha participan dos o tres bandas de las que ensayan en La Juguera, nos preguntamos: ¿cómo involucramos al resto de los alumnos y proyectos que esa noche no tocan? Y la mejor forma fue convocarlos para acompañar y bancar a sus propios compañeros desde otros lugares.

Ahí es donde se ve la verdadera comunidad de músicos. Hubo quienes estuvieron dando una mano en la cantina, en la puerta o en el sonido; otros que hicieron de stage asistiéndolos en el escenario, afinando instrumentos o prestando sus propios equipos para que el show sonara increíble. En la música, el apoyo mutuo lo es todo. Tener la tranquilidad de que son los mismos integrantes de La Juguera los que se ponen la camiseta para sostener el evento nos demuestra que el camino humano que elegimos desde el primer día es el correcto.

¿Qué balance hacen de esta primera edición en cuanto a la respuesta de la gente y el cumplimiento de los objetivos que se habían propuesto?
El balance es recontra positivo por todo esto que venimos hablando: la gente acompaña, el comercio local se suma y se inspira, y los músicos que vienen de afuera también se van con esa misma sensación. Se sienten cuidados porque tratamos de estar en todos los detalles.

Por ejemplo, Nico Yamandú dio un show increíble y a lo único que se tuvo que dedicar fue a ensayar sus canciones. No tuvo que salir a vender entradas, ni a buscar sponsors, ni a lidiar con el sonido. Lo mismo pasó con el resto de las bandas: de toda la producción nos encargamos nosotros desde La Juguera para que ellos solo disfruten del escenario.

Sentimos que este primer evento del año fue una confirmación de que vamos por un buen camino. Un camino muy humano, muy profesional, pero sobre todo de mucho cuidado y disfrute para todos.


Después de esta primera fecha, ¿cuáles son los próximos pasos de La Juguera para lo que resta del año?
Ya estamos entrando en la segunda mitad del año, y a partir de agosto o septiembre es cuando más se empieza a ver hacia afuera todo el trabajo de La Juguera. Venimos desde marzo a pleno con las clases y los ensayos en la sala, y a medida que arranca el buen tiempo van apareciendo más escenarios y presentaciones.

Por lo pronto, ya les podemos adelantar que estamos trabajando junto al Club de Leones en la producción del escenario local para la Fiesta de Valdense, donde van a haber varias novedades. También estamos coordinando con el Consistorio de la Iglesia Valdense para la Fiesta del Waffle, donde van a decir presente bandas de nuestra casa. Y, por supuesto, se viene una segunda edición de La Juguera en vivo, esta vez con otras agrupaciones y con un concepto totalmente renovado según la impronta y el género de los grupos que van a tocar.

Más adelante iremos dando los detalles de las fechas, pero por lo pronto, acá se sigue ensayando, aprendiendo y disfrutando del camino.

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