El Cine Helvético es uno de los más antiguos del interior del país ( inaugurado el 29 de enero de 1916), allí se han sucedido mil y una historias, a través de su pantalla, pero por sobre todo en sus pasillos, en sus butacas, en su hall que se mantiene con cambios imperceptibles -luego de la remodelación de 1955- tal y como lo conocieron nuestros padres, nuestros abuelos… Este cine, emblemático, es sin lugar a dudas parte de la identidad de la ciudad de Nueva Helvecia. Leonel González, más conocido como el “Chongo” ha sido portero del “Helvético” desde el año 1970, lo que  es un hecho sin precedentes en nuestro país, atesorando recuerdos y anécdotas, ha vivido buenos momentos junto a la institución y también de los otros, en un romance que el año próximo cumpliría 50 años. Hoy Leonel González da un paso al costado, para dedicarle mas tiempo a su familia.

El Chongo es un referente de nuestro cine, toda una institución de nuestra ciudad, unos de esos personajes que no pasan desapercibido, que vale la pena tener presente, para refrescarnos la memoria, para no olvidar. Adelante, acomódese en su butaca preferida y disfrute de esta historia que le ofrecemos hoy, con ustedes “El Portero del Cine Helvético”.

Comienza recordando sus primeros días en el Helvético… “Yo ingreso al cine con 30 años, paralelamente trabajaba en la imprenta HELVECIA, -donde estuve 22 años-, de donde también tengo muy lindos recuerdos”. Aquí los martes se proyectaban películas populares y los jueves funciones para adultos, películas prohibidas para menores, además de las funciones de los fines de semana y en todas se llenaba. En aquellos tiempos la sala siempre estaba a pleno, los domingos había tres funciones, era algo increíble, y siempre lleno. Teníamos que abrir un camino entre la gente para que pudieran salir los que estaban en la primera función (matiné) y los que iban a entrar a la segunda función (vermut), se amontonaban acá…y lo mismo para la función nocturna. En esa época eran llenos seguros todas las funciones”, señala.

Sus palabras contrastan claramente con lo que observamos desde el hall del Helvético mientras realizamos esta entrevista, ya que se está proyectando una película para niños, lamentablemente con muy pocos espectadores.

“En aquellos tiempos hasta guardia policial teníamos, había dos policías que estaban para poner un poco de orden por si alguno molestaba. Nosotros le decíamos a los muchachos que si molestaban los teníamos que sacar, y bueno, siempre había alguno que armaba revuelo y ahí salíamos para abajo, cuando los ubicábamos hacíamos la guiñada con la linterna y ahi bajaban los policías, ellos mandaban en la sala, pero el hall era nuestro; los traían hasta acá y allí nos preguntaban que hacían con ellos, yo siempre les decía que los dejaran en el hall que nosotros hablábamos con ellos, nunca a la seccional. Eran los tiempos de Cantinflas, de Sandrini. Era mucha la gente que venía, llegamos a tener 1.500 personas, dejábamos camineros para que la gente pudiera pasar, había gurises sentados hasta en el piso…, era la época de oro del cine, no sólo el Helvético sino en general”.

LOS GALLOS

Una de las virtudes de Chongo, además de su paciencia con los chiquilines es su buena memoria, “Había dos hermanos que se sentaban en diferentes lugares de la sala, -e imitaban el canto de los gallos-, uno a un costado y otro al medio, y con la acústica que tiene el cine no podíamos saber donde estaban, teníamos que hacer maravillas para poder ubicarlos. Una de las cosas que nos recalcaba Nemer, -dueño del cine de Nueva Helvecia, pero también de Rosario y Juan Lacaze-, era que viniéramos de ropa oscura, así no nos podían distinguir, cuando la película se ponía oscura bajábamos con el otro acomodador y nos sentábamos bien estirados en la butaca, con la cabeza apoyada al respaldo para que no nos vieran, y así después de muchas funciones y de tanto buscarlos, logramos dar con los gallos que eran dos hermanos”.
Al ser consultado por los nombres de estos dos “chiquilines”, Chongo duda por un momento en confiarnos su secreto, tal vez como si con ello traicionara a su propio pasado “Los quemaremos…? te parece?” dice entre serio y risueño. Este periodista insiste y allí surge el apellido Kleist uno de los más representativos de la ciudad de Nueva Helvecia. “Se me sentaban en distintos lugares, pero al final dí con estos dos gallos. Son lindos recuerdos, que tal vez en aquella época se veían como algo grave en el momento, pero a la distancia uno lo ve con cierta nostalgia y como anécdotas jocosas de aquellos tiempos, otro que me hacia la vida imposible era el Chorly, que ahora me toca trabajar con él en el cine”.

“Al que se portaba mal en algunos casos no los dejábamos entrar por un mes y si reincidían eran dos meses de suspensión; ahora sería imposible hacer eso, y los padres nos apoyaban, confiaban en lo que nosotros le decíamos, a veces hacíamos de educadores no sólo de porteros o acomodadores”.

Eran otros tiempos, no existía internet, eran pocos los que tenían televisión en el pueblo, el cine era el lugar de encuentro de la familia, pero también de los jóvenes que venían a encontrarse con alguna chiquilina, el cine y nuestro portero fueron testigos del nacimiento de muchos amores…

“Mucha gente se fue de la ciudad o del país, o que se fue a trabajar al campo y que ahora están regresando, vuelven al cine, personas que eran chiquilines en aquellos tiempos y hoy son abuelos, vienen con sus nietos, otros con sus parejas, que se formaron aquí!. Había cantidad de muchachitas que venían temprano y cuando se apagaban las luces aparecía el candidato y yo lo acompañaba hasta donde estaba ella, el tema era no sentarlos en el lugar equivocado, y hoy muchos de ellos tiene una familia conformada que nació en el cine Helvético”.

“Toda esta tecnología ha llevado a que la gente se retraiga un poco y se quede en su casa, la comodidad, el comfort, el tener todo a mano, aunque la persona que se acostumbró a ver cine de grande no es lo mismo…creo que influye también la parte económica, el pagar entradas para el núcleo familiar no se les hace fácil.”

Aunque el cine y las diferentes Comisiones se han adaptado con el correr de los años a las nuevas tecnologías, más allá de que la infraestructura que es casi la misma, en la parte de proyección ya no están aquellas grandes máquinas, ahora se ve en un proyector compacto de última generación, en 3D y de manera simultánea con los estrenos en Montevideo e incluso a nivel mundial.

“Alli hay algo que es importante, a pesar de que los cines del interior están casi todos cerrados, creo que queda el de Flores y el de Paysandú, hoy no es redituable abrir un cine, además de que necesitan una inversión grande, el que se anima, primero, tiene que tener dinero y lo hace casi por amor al arte o por amor a la ciudad, como lo está haciendo hoy esta actual Comisión Directiva, no es nada fácil, pero hay que acomodarse, generar cosa nuevas, espectáculos, promociones, etc.”

Por el Cine han pasado varias administraciones y Chongo hace énfasis en los hermanos Nemer, “Eran dos, Eduardo y Mario, con este último tenía una excelente relación, era un tipo bastante rígido, recto… buena persona”. Ambos ya fallecieron, pero me queda un lindo recuerdo”.

“Siempre que el cine reabrió yo estuve ahi”

No podíamos dejar afuera de esta charla el proceso de cierre y reapertura del cine, del cual Chongo y Carlos “Chorly” Fernández -quien se suma a la charla- fueron testigos:
“El cine cerró en el año 1984 hasta el año 1992, y lo reabrió el jardín 140 hasta el año 1995. En ese año el Jardín no lo pudo mantener más y en el año 1998 lo reabre la Comisión Pro Recuperación del Cine”. La Comisión provisoria de la entidad confía en que las donaciones, rifas y venta de entradas alcancen para terminar de pagar el edificio “Si no iremos de puerta en puerta con una latita”; se puede leer en unos de los diarios argentinos que cubrieron tan importante noticia, la reapertura del emblemático Cine Helvético. “Fue muy importante para mi el poder ser testigo y parte de la historia y la reapertura del Cine Helvético, como te comentaba, pasando por momentos buenos y también malos, pero siempre intentando darle una atención de excelencia al espectador; recuerdo que Nemer nos decía que no tratáramos mal a la gente, más allá de los problemas personales, eso quedaba afuera. Como aprendizaje, como experiencia, el trato con la gente te enseña muchísimo, son experiencias realmente lindas”. Y eso sin dudas la gente lo valora, Chongo nos deja otro recuerdo de los tantos que atesora y que seguramente el público del Helvético, -usted señor o señora al leer esta nota también se le debe de venir alguno que otro a la cabeza.- “Hace unos días viene una señora a un espectáculo importante, estaban los carteles de HELVECIA y del Cine, ambas instituciones centenarias de la ciudad, y ella me dice “Después de tantos años…, yo venía de niña y encuentro el cine igual, lo han conservado igual, 100 años del cine, 100 años de HELVECIA, hasta el portero es el mismo…, debe de andar cerca de los 100 años también, si es el mismo que estaba cuando yo era niña!, y ahí mismo largamos la carcajada”.

De historias, anécdotas y nostalgias conversamos con Chongo, un personaje muy querido, que como tantos otros de nuestra ciudad, algún día deberán tener su merecido homenaje; tal vez hoy el mejor para él sea ver a su cine Helvético funcionando, con el reconocimiento y el recuerdo de aquellos chiquilines que hoy ya peinan canas.

Por Pablo Cribari

Entrevista publicada en la revista NH Magazine de noviembre de 2016.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí