El 25 de marzo de 1862 salieron 70 colonos de Basilea en dirección a El Havre, Francia donde embarcaron en el velero “Diana” en dirección al Atlántico sur. El viaje, que parecía ser en una nave poco sólida, tardó el tiempo esperado de 60 días en llegar al puerto de Montevideo. El 5 de junio, al anochecer, los colonos se encontraban en Colonia en la estancia del sobrino de Oribe.

Entre los pasajeros se encontraban los hermanos Esteban y Enrique Reisch, procedentes de Franstaz del Tirol austríaco. Esteban Reisch (1830-1919) que poseía la chacra #104 llegó soltero y se casó poco después con Francisca Koch. Enrique Reisch (1832-1887), quién poseía la chacra #69, era casado con María Catalina Wiedemann. La pareja tuvo 4 hijos nacidos en el Tirol: Esteban nacido en 1858, Martín nacido en 1859, Alberto nacido en 1860 y Guillermo nacido en 1862. En Uruguay nacieron: Rodolfo en 1865, Enrique en 1867, María Yda en 1869 y Carlos en 1870.

Varios personajes de la familia Reisch se destacaron en Nueva Helvecia, uno de los primeros escritores que mencionan a los Reisch fueron Barcón Olesa (1902) y Santiago Häberli (1912). Guillermo Reisch era en 1902 el cuarto quesero más importante, con una producción anual de 15 mil kilos. Martín Reisch fue director de una de las bandas de música más populares al comienzo del siglo XX, donde cobraban un peso de admisión por persona, lo que incluía una cena. Al mismo tiempo Martín fue dueño de un importante taller de hojalatería que se fundó originalmente en la casa paterna en 1876. Poseía veinte máquinas y aparatos distintos para moldear la hojalata; se producían útiles para la industria quesera, así como bañeras, cañerías, lámparas y aparatos para gas acetileno. Para 1913 Martín poseía un almacén, tienda, ferretería y basar en Nueva Helvecia.

La vida de Martín Reisch no fue sin incidentes, en 1870 se cayó de un caballo a los 11 años fracturándose la pierna izquierda, más arriba de la rodilla. Santiago Häberli nos recuerda que durante esos años la atención médica era nula y si existía, era como mínimo incompetente. Adolfo Honegger entabló la pierna, pero la vendó tan fuete que la hemorragia fue contenida y la pierna se gangrenó. Su tío, del mismo nombre, finalmente sacó la venda a los 8 días. Martín fue llevado a Rosario para que el médico Gandino amputara la pierna, lo que se llevó a cabo con un cuchillo de la cocina y una sierra de la Administración. Pero el hueso quedó demasiado largo y no había suficiente piel para cubrirlo. Se hizo otro corte de hueso y fue gracias al médico recién recibido, Jacobo Zund, que lo cuidó por 14 días, que Martín sobrevivió. Veinte años después Martín obtuvo una prótesis especial para su pierna en Europa, pero él prefería la que su padre le había hecho de madera.

VEHÍCULOS, CARROS, CARRETAS…
Balcón Olesa relata en su libro “Monografía completa de la región del Colla” que la casa Alberto Reisch fue fundada en 1865, donde se fabricaban toda clase de vehículos, carros, carretas y jardineras, desde los más sencillos a los más lujosos. El establecimiento también contaba con un sector de pinturas para carruajes, así como también otro sector para construcción de cajones y servicios fúnebres. De acuerdo a una carta escrita por la profesora Eva Schlöpf, la construcción de cajones y servicios fúnebres fueron comprados posteriormente por Lorenzo Artola de la sucesión de Alberto Reisch en 1925. Los talleres de Alberto Reisch empleaban unas 20 personas que operaban 6 fraguas, máquinas serradoras, cepilladoras, sierras sin fin y tornos para madera y hierro; los cuales eran puestos en movimiento por un motor de 8 caballos de fuerza. Todos tenían la oportunidad se usar los carruajes de Reisch, los menos pudientes podían alquilarlos a un precio módico en épocas de cosechas.

HOTEL DEL PRADO
Pero aquí no terminó la obra de los Reisch, la fundación del Hotel del Prado de Nueva Helvecia, (declarado monumento histórico nacional desde febrero de este año) es atribuida a Alberto Reisch. El edificio se empezó a construir sobre los sótanos de una cervecería en 1897. Contrario a lo que se cree, esta no fue la primera cervecería de Nueva Helvecia, sino la que operó el alemán Rodolfo Volker en el antiguo edifico de La Administración en 1868. No bien Volker llega en 1863 se pone a plantar cebada para hacer cerveza, lo que creó un gran problema porque una de las reglas de La Administración era que no se podía hacer o dispensar bebidas alcohólicas. Fue Fridolín Quinke el que consiguió en 1868 permiso del gobierno uruguayo para fabricar cerveza. En 1866 Volker compra las chacras 152 y 153, donde se encuentra edificado el Hotel del Prado. Fue Volker el que comenzó la construcción de la cervecería, pero en 1878 se la vendió a Julio Chapalay y al Dr. Herman Imhof, quienes se la vendieron a Otto Neirthart en 1888. Este último hizo las últimas reformas de la cervecería.

COMPRA LA CERVECERÍA
Finalmente, Alberto Reisch compró la cervecería el 17 de diciembre de 1897 donde construyó sobre su base el hotel. Lo que fue la cervecería se convirtió en el sótano que abarcaba todo el largo del edificio. Los hermanos Alberto y Rodolfo Reisch conjuntamente con Andrés Prieto administraron el hotel hasta 1927. En 1958 Enrique Reisch le vendió el hotel a los Padres Misioneros Redentoristas para formar un seminario.
Tanto Martín Reisch como Alberto Reisch fueron parte de la comisión directiva de la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos, fundada en 1884. Otro destacado personaje de la familia Reisch fue Benigna Reisch de Prieto, hija de Rodolfo Reisch y María Schweizer. Benigna fue miembro de la Liga de Damas Católica de Nueva Helvecia, una organización que trajo las hermanas de María de Schönstatt para fundar un colegio católico. Es más, cuando las hermanas se encontraron sin fondos para continuar la construcción del colegio, fueron las señoras de la Liga Católica que se encargaron de saldar el préstamo del banco. Sin la participación de dichas damas el hermoso colegio de hermanas “Mater-Ter Admirabilis” hoy día no existiría. También fueron miembros de la Liga de Damas Católicas mi bisabuela María Greising de Bratschi y mi abuela María Guillermina Bratschi de Ettlin, conocida como Marieta.

La nota se ha escrito gracias a Maren Greising de Zimmer, quien se comunicó conmigo
interesada en obtener información sobre su bisabuela Benigna Reisch de Prieto y la familia Reisch en general. Mi investigación me llevó a descubrir historias de la vida de los Reisch, los qué, así como otras familias de colonos moldearon la vida y las actividades de Nueva Helvecia. Impresiona darse cuenta cómo un pueblo se autoabastecía sin la necesidad de depender de la capital, todo lo contrario, ellos proveían a Montevideo con todo tipo de productos y no necesariamente de granja.

Marice Ettlin Caro – marice.caro@gmail.com

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