El hecho de comer una magdalena despertó en Marcel Proust el recuerdo de su infancia, y terminó escribiendo una saga de siete libros llamados “En busca del tiempo perdido” que marcó un antes y un después en la historia de la literatura francesa, y también occidental. La gente lo leía como pan caliente, así como la columna “Las crónicas de Booz”, el seudónimo de Charles Dickens, escritor inglés, que semana a semana salían en los inmensos periódicos tabloides de Londres.
Tiempo más cerca a nuestro siglo XXI, las mujeres devoraban las novelas rosas de Agatha Christie. Y así con numerosos escritores. Y aun a pesar de la televisión, del cine, de la radio, los libros se leían, la industria editorial movía a nivel mundial millones de dólares. Si caminabas por la capital hace unos años atrás no era nada raro cruzarte con librerías de todo tamaño y color, y con personas con libros bajo sus brazos…
Hasta que un día, la era analógica comenzó su declive. El paso a la era digital supuso un gran cambio en la manera de aprender, razonar y ver la vida del cual todavía no somos conscientes ni conocemos. Es que no es lo mismo tener un libro en mano que leer un libro en una Tablet, ni siquiera en los famosos y pasados de moda ebook, que por lo menos no tienen esa luz que te rompe los ojos si pasas muchas horas frente a la pantalla. Y quizá ahí está el clic de esta nueva tendencia a volver a leer en libros de verdad. Me refiero a libros con tapa, hoja y tinta.
Según los registros de la Biblioteca Popular de Nueva Helvecia, llevo leídos más de 200 libros. A eso hay que descontarle los que leyó mi madre y sumarle mi biblioteca personal. Empecé a leer el “Guardián del centeno” en un ebook y no pude soportar, no lo terminé de leer. Algo que muy pocas veces me sucedió con un libro de verdad. Podemos asumir que en cuanto a lectura sea más lectora que escritora. Podemos asumir también que en estos tiempos es algo raro que alguien de más de 40 años lleve leídos más de 200 libros. Sin embargo, esta rareza personal se ha transformado en tendencia en los últimos años y hay un resurgir del libro.
Ya con la publicación de la saga de Harry Potter, parecía que volveríamos a las librerías, pero la batalla todavía era muy dura. A mi entender, la gente se cansó de cargar celular, de ver series en pantallas, de estar constantemente con la cabeza gacha mirando una pantalla. Miguel de Unamuno ya escribió de este tema, el hombre pasó de ser homo sapiens a homo videns. Es decir, pasamos de leer a ver. Y el solo hecho de ver, nos vuelve más tontos. Sí. Aunque no lo creas. Nos vuelve más tontos porque no razonamos lo que vemos, solo lo asimilamos en la mente y así como entra sale. En cambio el acto de leer, que sí es cierto, es un acto solitario, si se vuelve una costumbre, aunque sea leer un párrafo antes de dormir, te vuelve más inteligente.
Siempre cuento, a modo de humor, que los 20 y pico libros de Jorge Gamarra que leí para salvar la materia Obligaciones, cuando estudié Derecho por error, me volvieron inteligente. Eran libros que me enseñaron a razonar de una manera lógica, quizá hasta fría y distante de la realidad, pero si se movieron las neuronas como nunca en mi vida lo hicieron. Y ese efecto, me permite hoy tener más herramientas para vivir.
También reconozco que es una lucha constante contra la satisfacción instantánea de ver un Tik Tok. Pero al final del día, te llenas la cabeza de cosas que hacen personas tontas como por ejemplo, escuchar el crujido de una persona mientras come porque te da placer. ¿No es de locos? ¿En qué mundo estamos viviendo? ¿Hacia dónde vamos? En términos futbolísticos, te diría nos vamos a la “B”. Solo el razonamiento lento de leer palabra por palabra un libro que no te parta la vista, puede salvarnos. De eso estoy segura porque ahora resulta que hay un resurgir de los libros. Porque leer un libro en estos tiempos, no solo es una manera de revolución, sino es una experiencia sensorial que incluye tocarlo, sentir su olor de recién impreso, pasar la hoja por hoja y simplemente leer. Y ya de paso desconectarnos de la era digital, que al paso que vamos, sumando la Inteligencia Artificial, no permite que desarrollemos las conexiones neuronales. A fin de cuentas todos podemos convivir en paz.
Encontrar un equilibrio, no olvidarnos de leer, no olvidarnos de escribir, no olvidarnos de vivir todas las experiencias que el mundo de hoy tal como está nos permite vivir. Por eso saludamos el gran trabajo que realizan las bibliotecas y librerías, en nuestra zona de la mano de la Biblioteca DAL y Helvecia libroscafé, la librería más grande del departamento de Colonia, ¿si la aprovechamos?
Por Luciana Demaría Artola










