En un rincón de Nueva Helvecia, el Parque Varela emerge como un lugar emblemático, donde generaciones han encontrado un espacio para el esparcimiento y la inspiración. Edgardo Nieves, músico y narrador de historias, es uno de esos hijos del parque que ha sabido capturar su esencia en una canción: Yo me quedo acá. Con una sonrisa nostálgica, Edgardo comparte los momentos que marcaron su relación con este lugar, ícono de nuestra comunidad.

Infancia en bicicleta y tardes de piscina
“Mi relación con el parque comienza desde muy chico. Íbamos a la piscina de Nacional, que era el único lugar para aprender a nadar. Después, cuando entraba el plantel de natación a entrenar y no podíamos seguir, agarrábamos las bicicletas y partíamos para el parque”, cuenta Edgardo, recordando las travesuras junto a su grupo de amigos. “Éramos una barra de 8 o 10 pibes que recorríamos el pueblo, desde los partidos de fútbol hasta el parque en verano. Era nuestra segunda casa”.

El legado musical de familia
La conexión de Edgardo con el parque no solo está en su niñez, sino también en su herencia musical. Su abuela vivía cerca del parque, y las tardes las pasaba allí. Por ese entonces, cuenta Edgardo: “Mi padre, Lidio Nieves, tocaba en una orquesta llamada La Red Star, que animaba los domingos en este hermoso lugar. Era una tradición que reunió a muchas familias. Desde chico, vivía esa atmósfera musical”, comenta.
La influencia de sus padres músicos lo llevó a crear su propia trayectoria. “Siempre digo que lo mío es testimonial. Cuando compuse Yo me quedo acá, -la canción que es un homenaje al Parque Varela-, me inspiré en los personajes del parque, en la gente que conocí. Es una canción que habla del lugar, de sus rincones, de la vida que allí transcurre”.

Ritmos del Caribe y recuerdos de una pista legendaria
En una charla llena de nostalgia y pasión por la música, se evocan los ritmos caribeños que han marcado generaciones. “A mí esos ritmos caribeños me gustan mucho. Todo lo que sea salsa, latin jazz… Por eso, en el jazz, siempre voy hacia el latin jazz. Me atrae ese lado siempre”, comenta alguien que, como tantos otros, encuentra en estos géneros una conexión emocional y artística. Sin embargo, en el Parque Varela suele tocar lo que se llama cumbia colombiana o bachata, gusto que heredó de su padre, en la época que Los Wawancó eran hits en las radios.
Edgardo también practica el candombe fusionado, una expresión más local que dialoga con la tradición y la modernidad. “Es más de acá, ¿no? Y bueno, la parte tropical siempre estuvo presente en mi vida. Como te decía, mi padre, por ejemplo, se basaba en las cumbias originales de Colombia. Nada de cosas modernas; todo era muy auténtico”.
La orquesta del padre, claramente, dejó una huella imborrable. “Era tropical, y la gente bailaba en pareja, como lo hicieron el otro día. Todo se daba en el escenario, justo donde ahora está esa pista de bicicletas. Antes, ese lugar era un boliche legendario.”
El boliche, inmortalizado en su canción, fue un clásico del baile los domingos a la tardecita. “Cuando yo estaba, viví una época memorable con el Negro Martínez y, después, con el Noldi Reyes. Noldi fue quien lo llevó a otro nivel después del Negro Martínez. Era impresionante. Había domingos en los que metíamos a mil personas.” El relato no solo rememora un pasado vibrante, sino también rescata el alma de aquellos encuentros sociales que giraban en torno a la música.
Edgardo también reconoce cómo el Parque fue testigo de su evolución como artista. “Con los años, empecé a tocar en eventos organizados en el parque. Fue emocionante ver cómo la gente bailaba en pareja al ritmo de nuestras músicas. Era como revivir aquellos días en que mi padre tocaba”. Por los tiempos de Noldi al frente de la cantina, empezó a cantar Álvaro Caraballo. Y él cantaba melódico. Y cantábamos con él a las nueve de la noche, le dábamos una entrada de lentos. Las parejas se ponían cariñosas, por decirlo de alguna manera y después como dice la canción de Edgardo: “amores prendidos de aquella enramada. Siempre hubo y habrá”.
Hoy en día, Edgardo sigue participando en iniciativas culturales vinculadas al Parque. Esta tradición retomada hace algunos años atrás, ahora está mejor organizada. Todo empezó según cuenta: “Hace unos años, junto a otros músicos locales como el Chamaco Rossi, planteamos la idea de revitalizar el parque y organizar espectáculos musicales. Es un esfuerzo colectivo que busca devolverle al lugar su esplendor”. Edgardo reconoce el esfuerzo del Municipio por retomar la tradición musical del Parque, organizando los eventos denominados “Suena el Varela”, que tendrán lugar todos los domingos de enero.
Además de Edgardo y su banda, los toques son apoyados por el “Chirola” en la discoteca, “que es una discoteca muy querida por la gente, muy popular. Que pasa lo que la gente quiere y nosotros también tocamos lo que la gente quiere. Porque si vamos a ir a tocar en el Parque, ¿vamos a ir a tocar la Sinfonía 40 de Mozart? No, hay que tocar música popular. Hay que darle al público lo que la gente quiera. Y está demostrado que quieren bailar en pareja.

El futuro del parque, la playa del pueblo
Con entusiasmo, invita a la comunidad a seguir disfrutando de este espacio. “El parque es la playa del pueblo. Es un lugar que ofrece sombra, naturaleza y un refugio para quienes no tienen recursos para ir más lejos. Creo que con voluntad y creatividad, podríamos convertirlo en un sitio aún más especial, con mejores instalaciones y más actividades para todos, que se mantengan a lo largo de los años, como el escenario”.
Entre anécdotas y melodías, Edgardo Nieves demuestra que el parque no es solo un lugar físico, sino también un estado del alma. Un rincón donde los recuerdos se mezclan con los sueños y las historias se transforman en canciones.

El Parque Varela volvió a vibrar, “como antes”
El Parque José Pedro Varela vuelve a sonar los domingos, como antes. El Municipio de Nueva Helvecia organizó una nueva edición de “Suena el Varela” con música a cargo de “Chirola” Disco acompañado de Javier “Ave” Alcaire, para finalizar con Los Brillantes NG. Desde las 17.30 hs.
La gente empezó a llenar el Parque, familiarmente conocido como el “arroyo”, sin embargo, ya desde temprano había vecinos aprovechando el día para hacer un asado entre amigos y darse unos buenos chapuzones, jugar guerras de barro y saltar desde la represa, “como antes”.
A las 19.30 hs. el parque era toda una fiesta. Y como HELVECIA, siempre inquieta y entre la gente, conversó con los vecinos. Sobre las clásicas mesas de hormigón, varias chicas, Sofía (40 años), Fernanda (46) y Adriana (52) celebraban la previa del cumple de una de ellas. Adriana, fiel seguidora del parque, recuerda que hasta los exteriores de su cumpleaños de 15 años y casamiento los realizó en el Parque. Además, su memoria trajo al presente, sus recuerdos de pequeña. Guerras de barro, costumbre que se mantiene y tal vez enoja a más de uno, que ha sido salpicado, jugar a la mancha entre los árboles del monte nativo, refrescarse en el “bañadero”, actividad que sus padres no lo permitían, pero nadie se enteraba, la madre lo dejaba ir a las 10 hs. de la mañana y ella volvía a la casa cuando tenía hambre y después de nuevo al parque. Además, recuerda con cariño al “Pijilla”, otro personaje, gran nadador que una vez salvó a su hermano pequeño de ser arrastrado por la represa.
Seguimos charlando con los vecinos, mientras la pista empezaba a vibrar con la pareja que rompió el hielo para que luego el espacio bien definido frente al escenario se viera colmado, con vecinos bailando mano a mano.
A metros de allí nos encontramos con “Chenoa” que vino con su familia a vivir entre Nueva Helvecia y Cufré con el perro, un caniche Toy, muy tranquilo en su cajita. Mientras las hamacas volaban al ritmo de los niños, el quiosco de Zapicán no paraba de vender chorizos al pan y bebidas.
Allí nos charlamos con una señora de Juan Lacaze que hacía 50 años que no venía al Parque, solía visitarlo de soltera, a cenar en familia y está feliz de verlo otra vez. Luego de dar unas vueltas, disfrutando de la brisa fresca del río, y la ausencia de mosquitos, nos sentamos a comer una clásica torta frita de Marcos, otro vecino solidario de Nueva Helvecia, quien no paraba de amasar y fritar, para el deleite de decenas de comensales.

El alcalde de Nueva Helvecia, Dr. Marcelo Alonso dijo a HELVECIA que se realizarán tres ediciones más de “Suena el Varela”, el 12, 19 y 26 de enero.
12/1 Desde 17.30 hs. Grupo Nevado y Richard e Ileana
19/2 Desde 17.30 hs. Albano y los de acá y La misma cuadra
26/1 Desde 17.30 hs. Nova Samba y Edgardo y Miguel
Musicaliza y anma Chirola Disco. Entrada gratis.

Por Luciana Demaría Artola

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