Llegó rápido y hermético. En camioneta negra y de vidrios también negros. Entró a la Plaza de Toros de Colonia del Sacramento y raramente puntual comenzó a sonar mientras nosotros, todavía teníamos un chorizo al pan a medio comer. Salimos corriendo a la entrada mientras sonaba Output Input, una canción donde se dice “seguro se me cuela una drag-queen”, pero no, éramos nosotros llegando tarde al concierto de Andrés Calamaro sin colarnos por cierto. La gira que lleva por nombre “Agenda 1999 Tour”, recorrerá Latinoamerica y Europa, comenzó en Junín y termina en Ucles, Cuenca, España.

La Plaza de Toros llena, como la Luna, también llena. Vestido también de negro, gorro y lentes negros, Calamaro afirmado en sus teclados, siguió cantando “Sin documentos” y el público, un poco frío, empezó a moverse, a tomar calor. Teclado que tenía una placa con la inscripción “Malvinas argentinas”. Entre el público, cerveza, fernet y porro eran los insumos más corrientes. Todavía faltaba para llegar al clímax.

Estamos lejos de aquellos años cuando solíamos escuchar sus canciones en la radio FM y censuraban la parte que decía “porrito” un “pi”. Canción que por cierto lo llevó a los tribunales en Argentina. Sin embargo, los tiempos cambian así como nosotros que ya no aguantamos un pogo. Una niña sobre los hombros de su padre cantaba “Sin documentos” y un hincha de Peñarol a su lado lo mismo. Como la biblia y el calefón. Y por supuesto, más que disfrutar del concierto en vivo, la gran mayoría de la gente estaba pendiente de sus celulares, enviando mensajes y filmando el concierto. Sin saber que se perdían de la maravillosa fugacidad del momento  que se desvanecía como arena entre los dedos, en un intento vano por retener el pasado adentro de un aparato. Continuó sonando “Te quiero” y entre canción y canción el cantante dijo claramente: “Gracias Uruguay”. Luego intento decir algo, que los presentes no logramos comprender, ya sea por los gritos de los más eufóricos, ya sea por…como decirlo, por la falta de vocalización del cantante para hablar. De cualquier manera, se le perdona todo a Calamaro, mientras siga cantando y dándolo todo como lo hizo esta noche.

Dos enormes pantallas acercaban al público más lejano los detalles de sus movimientos, a veces un poco robóticos o erráticos y también a sus ochos músicos que integraban la banda. Atrás de Andrés, otra enorme pantalla completaba el espectáculo. Entonces sonaba “Una bomba” y la pantalla proyectaba la caída de bomba nuclear que destrozó Hiroshima y Nagasaki. Lo mismo cuando cantaba “me arde, me quema, dejé la sangre en la arena” un sol en su máximo esplendor parecía quemarnos también a nosotros, que ya estábamos pronto para que sonara “Flaca”. Entonces no hubo persona que no cantara, el hit de su disco más vendido “Alta Suciedad”. Luego siguió Crímenes perfectos, sin duda uno de sus mejores temas, “Paloma”, junto a “Tuyo siempre”, también cantó “Algún lugar encontraré”. Tomó un descanso de pocos minutos y volvió con media hora más de show, para cerrar un recital de casi dos horas de duración con la canción “Alta suciedad”.

Al cierre se refirió a la Plaza de Toros más al sur del continente, la comparó con la de Lima y remató el final haciendo que toreaba con su campera, mientras gritábamos olé y sonaban pasodobles. Y de pronto se hizo la luz. Un luz tan clara que dejó claro que no habría bis.   

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