El vínculo que permitió esta historia lo generó HELVECIA, que sirvió como nexo entre el Museo de la Liga Helvética de Football y Andreas Schlachter, un ciudadano suizo y amante del fútbol que, movido por la curiosidad y su espíritu explorador, descubrió en el corazón de Uruguay una joya cultural poco conocida, digna de una oda futbolera. A su regreso a Suiza, Andreas dialogó con los representantes de la revista deportiva ZWÖLF, quienes publicaron el siguiente material, donde cuenta y muestra parte de los vivido en el Museo de la Liga Helvética de Football y los Deportes, en la ciudad de Nueva Helvecia.

Hay tres museos en el mundo dedicados al fútbol suizo: uno en el FC Zúrich, otro en el Young Boys de Berna y un tercero en una pequeña ciudad del sur de Uruguay: Nueva Helvecia. Lo que parece una paradoja, es en realidad una historia de raíces profundas, pasión colectiva y cultura suiza exportada al otro lado del Atlántico.

Oda a las raíces
¿Qué queda por descubrir en el mundo? Cada rincón encantador termina hoy en blogs, listas o con un hashtag en Instagram. Las joyas ocultas, si aún existen, hay que salir a buscarlas. Así lo hizo Andreas Schlachter, originario de Zurich y lector fiel de ZWÖLF, quien cumplió el sueño de su vida al asistir a un partido de Boca Juniors en la mítica Bombonera. Aprovechando su paso por la región, consideró visitar el Estadio Centenario, cuna del primer Mundial, aunque el viaje a Montevideo le pareció demasiado largo. Mientras recorría el mapa digital, algo llamó su atención: un pueblo llamado Nueva Helvecia. Al acercar el zoom, la sorpresa fue mayor: allí, perdido entre verdes y llanuras, figuraba el Museo de la Liga Helvética de Football. La decisión fue inmediata: había que ir.

Nueva Helvecia fue fundada en 1861 por emigrantes suizos que huían de la pobreza. El banco basilense Siegrist & Fender compró tierras en el sur uruguayo y las ofreció a familias emigrantes bajo estrictas condiciones: prohibición de alcohol, conservación de las tradiciones suizas y creación de clubes de canto y tiro.

A diferencia de otras colonias compuestas por inmigrantes de un solo cantón, Nueva Helvecia fue un verdadero proyecto nacional. Documentos de la época registran habitantes provenientes de casi todos los cantones. Una escultura local lo recuerda con todos los escudos cantonales suizos dispuestos en círculo alrededor de una rueda de queso —símbolo muy apropiado, ya que esta “Colonia Suiza” produce hoy cerca del 50% del queso uruguayo.

Yodel, tiro y coros infantiles
Uno de cada dos habitantes de Nueva Helvecia tiene raíces suizas, aunque pocos aún hablan el idioma. Sin embargo, sobrevive una tradición clave: el sistema asociativo. Las queserías están organizadas en cooperativas; persiste el club Tiro Suizo, y aún existen clubes de yodel y coros. El 1º de agosto, Día Nacional Suizo, se celebra durante todo el mes con festejos rotativos organizados por las asociaciones locales. Los helvéticos de Nueva Helvecia mantienen también relaciones oficiales con Suiza: sus comunidades hermanadas son Subingen y Quinto. En 2012, con motivo del 150º aniversario de la ciudad, viajaron personalidades políticas suizas y hasta el propio Joseph Blatter.

Un museo singular
En 2019, en las afueras del pueblo y junto a una humilde cancha de fútbol, se inauguró el Museo de la Liga Helvética de Football. El nombre puede resultar confuso: no se trata de un museo sobre la Superliga Suiza, ni de trofeos del FC Zúrich o el Young Boys. Este museo homenajea a la Liga Helvética, un campeonato amateur con más de 100 años de historia, cuyos fundadores llevaban apellidos como Stutz, Frey, Hodel o Berger. La cruz suiza figura bordada en camisetas, grabada en trofeos y presente en reglamentos.

Ronald Manzolido, jubilado incansable, fue el alma fundadora del museo. Allí colecciona trofeos, balones, fotografías, documentos y recuerdos de un fútbol que vive más de pasión que de estadísticas. Schlachter, que viajó especialmente para conocer el lugar, recibió una visita guiada fuera del horario de apertura. Rolf Räber, dueño del Hotel Suiza y uno de los pocos que aún habla suizo alemán, actuó como intérprete. Aunque Schlachter entendía solo fragmentos, la pasión de Ronald era universal.

Más allá de Montevideo
En Uruguay, el fútbol está profundamente centralizado en Montevideo. De los 16 equipos de la primera división, 12 pertenecen a la capital. Las principales ligas están bajo la Asociación Uruguaya de Fútbol; el resto, bajo la Organización del Fútbol del Interior (OFI). La Liga Helvética forma parte de esta última estructura, donde unos 20 campeonatos similares se juegan solo en la región Sur. Sus clubes compiten por copas gigantescas y aportan jugadores a selecciones regionales.

El nivel es modesto, según nuestro antiguo corresponsal sudamericano, pero hay razones: más de 350 futbolistas uruguayos militan en el exterior, el doble que los suizos, en un país con la mitad de población. El sistema de scouting en Montevideo es efectivo: cuando aparece un talento, lo captan rápido. Aun así, hay excepciones. El arquero Christopher Fiermarín, hoy en el Deportes Tolima de Colombia, dio sus primeros pasos en la Liga Helvética. También Rodrigo Bentancur (Tottenham) y Franco Israel (Sporting de Lisboa) nacieron en Nueva Helvecia y jugaron en el club local Lucerna durante su infancia.

Un homenaje al fútbol desde el sur
Andreas Schlachter es voluntario en el FC Wollishofen desde hace años. Deportivamente, su club probablemente tenga más historia que los de la Liga Helvética. Pero este viaje le mostró algo invaluable: hay lugares donde el fútbol adquiere un valor diferente, más íntimo, más comunitario. Y donde su memoria se cuida con igual o mayor devoción que en los grandes templos del deporte.

A Schlachter aún le quedaba un sueño por cumplir: revivir la atmósfera inigualable de la Bombonera. Pero sabía que ya había encontrado algo casi tan valioso: una pequeña sala de museo, en el interior uruguayo, donde el fútbol suizo vive lejos de casa, pero muy cerca del corazón.

Publicado originalmente en la revista deportiva suiza ZWÖLF. Traducción y adaptación: HELVECIA.

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