Nunca escapó a las realidades sociales y comunitarias.
La vida cumple su inexorable rito de culminación. Cuando parten personas con las que compartimos historia, cultura y proximidad, el impacto es profundo, y los recuerdos emergen para resignificar nuestras propias vivencias.
Juan Carlos Curbelo, oriundo de Colonia Suiza – Nueva Helvecia, fue una figura destacada desde temprana edad. Su liderazgo parecía tener un mandato natural, casi ancestral. Supo ganarse el respeto de los viejos políticos, de sus pares y de quienes lo acompañaron en la gestión pública.
Ocupó la Intendencia de Colonia en los primeros años de la década de 1990, y lo hizo con capacidad, sensibilidad y firmeza. Quienes nacimos en esta región sabemos lo que implica dirigir una institución que abarca diversas ciudades y localidades. Juan Carlos supo hacerlo con armonía, escuchando, integrando y motivando a un equipo humano que volcaba su energía y sabiduría al servicio de la comunidad.
Fue un hombre comprometido con su tiempo. Nunca escapó a las realidades sociales ni a las causas comunitarias y políticas. Siempre estuvo presente cuando se lo necesitó, con su sonrisa franca, su palabra clara, tajante y segura.
Acompañó a las nuevas generaciones con generosidad e inteligencia. Supo mirar con satisfacción los procesos anteriores y proyectarse más allá de su tiempo, comprendiendo la necesidad de trascender fronteras y dejar huella.

Hoy, a 33 años de aquella noche trágica de 1992, sentimos una tristeza inmensa, pero también una infinita gratitud por haber compartido parte del camino con él. Su recuerdo vive en cada anécdota, en cada abrazo, en cada gesto de comunidad.
Acompañamos con cariño y respeto a su familia y seres queridos.
Te llevamos con nosotros, para siempre.

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